El Toro de Barro

El Toro de Barro

sábado, 4 de agosto de 2007

«El extranjero», de Álvaro Valverde (Antología Poética)


Álvaro Valverde
(España, 1959)

El extranjero


Breve antología poética
(preparada por el propio autor)



Poemas escogidos
(Enlaces)



Grandes Obras de 
El Toro de Barro  
Salomón, "El Cantar de los Cantares”, Versión de Carlos Morales

Salomón, "El Cantar de los Cantares”
Versión de Carlos Morales
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2003.
























Pura Salceda, poemas...

Pura Salceda
Poemas


Rendición


Puta y princesa
que habita en palacios de hojarasca
tu voz me guía
lejos;
por adentros transeúntes del deseo.

Camino hacia tu abismo
en esta pasión sin predecibles
perra y guerrera en mil combates,
ante ti rendida,
lamiendo impúdica y orgullosa
los pies del amo.

De Versos de perra negra


D
esnudé mis pies para tu boca.
En ella, mi danza se calza
con las notas de esta imperfecta partitura
porque mi nombre es Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que cabalga río arriba.

En este mundo que habito,
no hay más ley
que la frontera de las manos,
los cúmulos inquietos
de la oscuridad que colmas,
los ojos que permito.
Y me esperas,
siempre me esperas,
porque yo soy Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que galopa sobre el río de los cantos negros
cuando ejecutas el guión pactado
que mantiene la distancia precisa
entre el laurel y la paloma.

Y aunque sólo existes
porque así lo quise, soy yo
la que al fin se pierde en el vértigo de tus desapariciones.



Recoge el ángel el fruto caído
que sembraron olvidos
en las manos ingratas del hombre.
Ignora entonces la sombra que le cobija
y mueren sus alas
sobre las piedras tristes.

A veces el hombre teme al ángel,
teje corazas, inventa presagios,
ahoga toda súplica.
Entonces, un batir de alas incesante
germina brisas
y late de nuevo la inocencia del mundo.

Existen otros ángeles
de intensísima luz,
destello de bondad floreciendo.
Arropan el alma fría
y derraman sus dones sin moneda de cambio.
Cubren sus alas la ausencia
de los ángeles fugaces,
dulce es su bálsamo
y siempre fieles son sus manos grandes.

De Ángeles y presagios, inédito

viernes, 3 de agosto de 2007

«La fruta del espíritu», de Margalit Matitiahu.


Brooke Shaden


Margalit Matitiahu
 (1935)
La frtua del espíritu

(Traducción de Carlos Morales y Margalit Matitiahu)



Amor

Qué hace un amor?
Deja miel sobre la lengua,
salsa de dolor en los ojos,
temblor de fuego en el cuerpo
y una loca pasión que ensancha la sabiduría.


Las palabras

Las palabras
se han convertido en madejas.
Yo las devano,
las rodeo
hasta que pierden su sentido
y enloquecen de no ser.
Yo las amaso de nuevo,
y les doy la vida:
nacen para ser mi pan,
nacen para ser mi vino,
no se arrugan
en el tiempo
de la eternidad.


El desierto

El desierto infinito,
las montañas altas y afiladas
araron mis deseos...

En las paredes de mi habitación asolada
se transparentan los espacios de mi desierto interior.

Como una bailarina enloquecida y descalza
hago crecer en el calvero
la fruta salvaje
del espíritu.


Ventana

Ventanas de mar,
olas de miedo,
cielo cerrado.

En las olas
el temor se endurece,
las aguas en cristales se transforman
y se rompen
dentro de la luz de las orillas rotas.

Allí,
el calor de tus pensamientos
en mi cuerpo descansó
abandonando en él un silencio igual
a mi silencio.


Atardecer

La tarde
cae a chorros sobre los rayos
que se hunden en las calles.

Detenida ante mí,
veo que mi cuerpo
no puede extinguir la hoguera
ni el espíritu
que me quema con su viento.

Sus ráfagas se esculpen en mis ojos,
líneas rojas que pálidas se vuelven
como la sangre
que en las palabras se consume.


De la antología
(El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2002)
 Grandes Obras de
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2002.
PVP 10 euros.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
















domingo, 29 de julio de 2007

Ángel Crespo, "La invisible luz"


Ángel Crespo
LA INVISIBLE LUZ
(Aforismos)

La luz, ¿se ve a sí misma?
*
Me gusta repetir lo que se dijo hace siglos porque es muy probable que se haya olvidado; pero no me gusta repetir lo que se ha dicho recientemente, porque conviene que se olvide.
*
Odio deprisa para quemar el odio; amo despacio para conservar el amor.
*
Todavía no sé si soy Jacob o el ángel, porque la lucha no ha terminado.
*
La música nos sirve para ascender a las constelaciones; la poesía para tomar posesión de ellas.
*
No profetizar para el día de mañana. El verdadero profeta no tiene en cuenta el tiempo.
*
Hay que estar más inspirado para corregir bien un poema que para escribirlo bien.
Cuando se lo corrige con disminución, el poema se hace más nuestro; con aumento, más del aire; sin lo uno y sin lo otro, más de sí mismo.
*
Ser generoso: dedicar un día a nuestra obra y una semana a la de los demás, que no es obra ajena.
A cada poeta se le lee en su obra y en la de los demás. Por eso, leer a un solo poeta con olvido de los otros es no leerlo.
*
Pon de relieve el mérito de los demás para que el tuyo no te produzca remordimiento.
*
Estar oyendo a Bach es como encontrarse en el centro de un diamante.
La música de Brahams es como un espléndido ramo de rosas puesto en un florero que contuviese tinta; y la maravilla es que las rosas no se secan.
Las flores de Mozart son flores de jardín; las de Strauss (Richard), de llevar en la solapa.
*
Ser y no ser: he aquí el poema.
*
Quien viendo al sol ponerse no haya temblado alguna vez por temor de que ya nunca amanezca, no lea poesía.
*
En un buen poema hay mucha más cera de la que arde.
*
El verdadero creyente escribe para que le excomulguen.
*
Amamos a los dioses que nos desdeñan; desdeñamos, en cambio, a los que nos aman. La medida del hombre verdadero no es otra que el desdén.
*
Un poema verdadero nunca es oscuridad, sino la otra cara de la luz.
El poema se ilumina cuando lo leemos con los ojos cerrados.
Cuando el poema es el que nos lee, lo llamamos oscuro.
*
Escribir poesía es inventar lo cierto: como si no lo fuera.
*
Cuando todos los caminos confluyen en uno, van a dar al infierno.
*
En el fuego se prueba el oro; y en el silencio se prueba el profeta.
*
Nada tan poético como un espejo en la oscuridad.
*
El hombres de talento es un mercader; el de genio, un pródigo.
*
El arte es la única religión que glorifica a sus herejes.
*
No escribir únicamente para entregarnos a nuestra inspiración, sino también para que las palabras se entreguen a la suya, es una manera de practicar la magia.
La sombra de la poesía es tan misteriosa que, al abrazarla, sentimos su cuerpo.
*
La historia no se repite; lo que se repite es la ceguera de sus interpretes, pues cada retorno es diferente.
Quien no descubre el mundo todos los días, no lo ha visto nunca.
*
Bajo cada poema hay otro más precioso: como un tesoro. Todo es cuestión de querer y saber cavar con fe.

(Del libro La invisible luz, editado por El Toro de Barro en 1981)

Ángel Crespo, "Junio Feliz"



Ángel Crespo

JUNIO FELIZ

El viajero nocturno

Cuando se hace de noche,
puedo tocarlo todo sin moverme.
La oscuridad me acerca los objetos:
el mundo se reduce a mi medida.
Salgo al campo y, apenas
la mano extiendo, toco los trigales
despertando el murmullo de los surcos.
El chotacabras llega
fatalmente a mis manos
y le doy libertad sin que se aleje.
La brisa se me posa
en el hombro y el cielo
es apenas el techo del establo.
Digo, y las mariposas
nocturnas, a mi voz, baten las alas,
tocadas de soslayo por mis sílabas;
y el conejo que pace en la raya del monte
tiene su salvación en mi desgana.

No está lejos el mar, no pueblos, ríos
se oponen a mi paso:
viajo de prisa, veo el mundo, vuelvo
y yo mismo recibo al viajero nocturno.



La voluntad de perdurar


La voluntad de perdurar
de todo lo que es frágil
canta en la avena loca, en las avenas
en cultos surcos, de amarillo armadas,
y canta en estos versos
que bajo el sol despegan,
se alzan –llegan ya al sol–
y abatidos, quemados, mis propios labios hieren.
Voluntad de lo frágil
frente a la tozudez hermosa de lo duro,
que el tiempo va minando
y reduciendo a débiles cenizas.

Así la roca alta
en la que sólo posan el águila y el cuervo
–y en no larga ocasión la mariposa–,
en diminutas piedras se redime
y se sublima en chinas, polvo y tenue
materia que mi lengua impregna mientras canto.
Suave polvillo por mi frágil verso:
voluntad imperiosa
de ser cuando la roca ya no sea.



(Del libro Oculta transparencia)



sábado, 28 de julio de 2007

"Nieve", de Ángel Crespo

Vilnes Paimanis




Nieve




     E
s el momento de que Dios nos hableapartando los copos lo mismo que cortinas.
Voz sin facciones, dejaría
un hueco entre nosotros y la nieve,
una gran pausa blanca
entre nuestras miradas y su voz.

Es la hora de que salgan de sus éxtasis
las diminutas almas de la hierba
que estaban ignorando la palabra.
Hora es de que saquemos
el miedo del armario
y aprovechemos bien estos instantes
para contar secretos.
Es la nieve otra vez
y todos los paisajes son hermanos:
todos de blanco con su luz a cuestas.

Abrimos la ventana
y una cortina cae, para dejar
paso a la voz que se añoraba en vano.
Es la nieve otra vez. Tras su blancura
nuestras propias palabras nos responden.


obre el atardecer camina un ciervo
mientras al sol la noche desposee.
El hocico del ciervo, malherido,
sangre derrama encima de las nubes.
Tiemblan las casas, crujen levemente,
mientras inquietos van sus habitantes
del espejo al balcón y, una vez más,
contemplan su mirada en los espejos.
Un ciervo a tales horas
corre el camino que ante el hombre pende,
devorando las hierbas luminosas
que alimentan los ojos.
Un ciervo abre sus fauces,
ciervo feroz de boca cotidiana,
que con los dientes rompe las cortinas
de la diaria luz, mientras derrama
sangre herida de sol en su camino.








_________________________


©  Herederos de Ángel Crespo.
©  Del prólogo, Toni Montesinos.
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.
 
El poema, que salió por primera vez en su libro , fue incluido en su antología , dedicada a su poesía durante la década de los años 50, que fue preparada por el poeta catalán Toni Montesinos, y editada  por El Toro de Barro en Tarancón de Cuenca, en el año  2000.



PVP 7 euros.










viernes, 27 de julio de 2007

Poesía del Holocausto, Antonella Anedda, "Las tres estaciones"

El debate sobre la naturaleza moral de la colaboración de las víctimas judías y sus ejecutores nazis sigue abierto. En la imagen, una víctima de la Shoa lame las botas de su verdugo, grabada durante la representación de Guantes de piel humana, de Carlos Morales y Julio C. Lourtau (ambos en escena), la primera obra de teatro sobre el Holocausto escrita en lengua castellana.


Las tres estaciones

Traducción de Emilio Coco


I
Echa tu pan a la superficie del agua, lo encontrarás en los días: no encontraremos el alimento, ni la recompensa, no la levedad sino el hacha pesada de la bendición.

Quien pierde tiene la espalda libre para cargar con el mundo. Ningún equipaje para arrastrar mejor el hierro y la madera de un carro, y dejar que en el dorso se amontonen el aire y la lluvia, la multiplicidad, el desorden de las cosas. No es la resignación terrena sino la fuerza dócil de Cristo que en Getsemaní responde a los soldados: sí soy yo; la pobreza de la roca, de la mortaja vacía por el peso de los pecados humanos.

Giotto vio todo esto en la Renuncia de los bienes de Asís. Francisco está desnudo pero en torno a su privación, en el ángulo recto de su cuerpo arrodillado todo pesa: las arquitecturas, el escudo del cielo, las vestiduras; todo se espesa como si la ciudad con sus cuidados, sus ganancias, su beneficio no esperaran más que su gesto.

Tal vez la santidad sea hacerse burro: ser la borrica que siente en los ijares la espina de los olivos, en la fatiga de la mañana, bajo el gran cuerpo de Dios, en el gran casco de Jerusalén.


II
Tenemos muy poco para no pecar a través de los seres humanos, para impedir que el rencor se mueva entre los cuerpos y recorra un trayecto hasta crear un horizonte.

Podemos sólo constreñir al odio a recaer en nosotros, exactamente, simplemente, como el agua del jardín que la tierra vuelve oscura y olvida. Un solo chorro. Es el misterio del miedo, hermano del pecado, el tremendo asomar de los dos, el uno puente del otro, el uno empujado por el otro. Sin embargo, existe la gracia de un punto oscuro y perfecto, la posibilidad de que el mal permanezca en nosotros hasta descomponerse, hasta morir antes de alcanzar a los demás.

No la huida, sino la espera que protege e impide al mal que nos atraviese. Nosotros estamos en la mesa del Señor, estamos de lado, todavía lejos de cualquier cruz, aunque volcada como la de Pedro. No podemos redimir sino defender. Somos el perro ligero que el Veronés pinta en la Última cena: tumbado y en vilo, su pequeño cuello golpeado y bendecido por el mantel de hilo.

III
Al contestar a Gershom Scholem que le acusaba de falta de Herzenstakt, de dureza e insensibilidad por haber estigmatizado la colaboración de funcionarios judíos durante la “solución final”, Hannah Arendt plantea una cuestión importante: “He sostenido”, escribe, “que no existía ninguna posibilidad de oposición, pero existía la posibilidad de no hacer nada”.

No hacer el mal, no acogerlo, significa de alguna manera obligarlo a un trayecto más largo, retardarlo en una acción política que es posibilidad de dilación, lentitud que puede salvar una vida.


Es verdad, no obedecer era la diferencia que probablemente hubiera consentido: organización, huida, salvamento o rebelión. Sin embargo esto no ocurrió y no ocurrió por lo que el mal promete y puntualmente niega, por ese eterno “quizás” que oscila cosiendo la incertidumbre al horror.


Un ser humano obedece por miedo y por angustia, por incapacidad para imaginar un estado distinto a aquel en que se encuentra, y sin embargo espera sobrevivir, transformarse en alguien capaz de estar cerca de quien, por el momento, lo ha perdonado. Como quien se abstiene del mal, una vez más es el tiempo con el que se enfrenta: tiempo para quedarse, tiempo para justificarse y justificar. Un tiempo privado, sin derroche, el tiempo seco del cálculo y el escalofrío de la ilusión.


Es la inútil astucia de hacerse comer el último. Es la ilusión de toda vileza. El poder no necesita al justo sino al paria, matará al paria el último y tendrá la justificación de su odio. Deslumbrado, antes aún de cualquier amenaza, el paria ha ido hacia el odio y se ha entregado a él generosamente, velozmente.


De esta velocidad, de esta trayectoria del alma y del cuerpo, se sirve cualquier organización criminal a la que basta activar simplemente los resortes del odio y del temor.


De esta velocidad no es, absolutamente, fácil escapar. A menudo para no hacer nada, para conocer la libertad de la no participación es necesario justamente ser “santo”, saber renunciar al tiempo de la ilusión, saber distinguir en lo profundo de sí mismo la pálida diferencia que pasa entre una atmósfera de terror y el choque inmediato del terror.


La lentitud necesita un coro de inteligencias, la resistencia precisa de luz, la capacidad de espera se da a los hombres, raramente, como un don.


Porque es verdad; el bien es profundo, pero el bien es frágil. A diferencia del mal se esfuma lentamente entre los siglos, a diferencia del mal tiene nostalgia también de una sola criatura.





De su plaquette
Las tres estaciones.
Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca 2001.
 






"Música"

Poesía del Holocausto: "Las tres estaciones"






Shamer Khair, en Carlos Morales COEXISTENCIA, Antología de la poesía israelí -árabe y hebrea- contemporánea.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Libro recomendado

En todo lugar
hay un precipicio para los valientes
y una sombra para los exhaustos
y un manantial volcando su frialdad.
En todo amanecer
hay rocío para los temblorosos
y luz para los amantes
y frías piedras y salvajes pastos.
En todo anochecer
hay sosiego para los tempestuosos
y liviandad para los solitarios
y una roca para los que yacen al final del camino.



Otros poemas de












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