El Toro de Barro

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viernes, 13 de noviembre de 2020

«San Sebastián», de Juan Carlos Mestre

 


Juan Carlos Mestre

(España, Castilla y León, 1957)

San Sebastián

 

 

 
 
San
San Sebastián a fuego lento a la velocidad del rayo a pares o nones
San Sebastián con traje de novia enjaulado en un dominó
San Sebastián envuelto en papel mantequilla como un racimo de nubes pasas
San Sebastián comiéndose privadamente a una señora con sabor a máquina de escribir
San Sebastián oh San Sebastián
San Sebastián repartidor de estilográficas y nucas de pan a domicilio
San Sebastián dormido en mala postura bajo la gorra de la epístola a los corintios
San Sebastián despierto con orejas de paloma en la compota de dinamita
San Sebastián cosido a balazos por dos esposos simultáneos
San Sebastián dando a luz los gemelos Walt y Whitman
San Sebastián cansado de decir hoy es un día hermoso hoy es un hermoso día
San Sebastián entre flautas y obreritos de yeso en el metropolitano
San Sebastián picoteado por las gallinas a los siete centavos de soñar desnudo
San Sebastián asomado a un reloj con ojeras de arcilla
San Sebastián del Nuevo Mundo con una docena de estrellas de mar en el bolsillo
San Sebastián desayuna guantes de boxeador rellenos de espinas
San Sebastián resplandece
San Sebastián cena violín estofado
San Sebastián ama a un transparente inofensivo
San Sebastián quiere ser Dorothea Sternheim
San Sebastián de rodillas mendigando un huevo a los esclavos de la tortuga
San Sebastián claveteado de pararrayos y uñas de pianista color mortadela
San Sebastián patrón del dentrífico y los carpinteros de mediana estatura
San Sebastián con los anteojos cerrados y un zapato a juego por cada cabello blanco por cada caballo negro
San Sebastián
San Sebastián mermelada de colibrí traducida a la lengua de los hombres santos
San Sebastián
San Sebastián un saltimbanqui con la mirada de Violette un estanque con los ojos de Violette un cementerio con las manos de Violette
San Sebastián madre e hijo domesticados por un pasamanos
San Sebastián
San Sebastián del indecente otoño y los polizones atravesados por un anzuelo
San Sebastián de los bailarines pálidos como arroz con leche
San Sebastián pestañas postizas flotando en una pila de agua bendita
San Sebastián maquillado por la tuberculosis la noche del domingo 17 de junio
San Sebastián convertido en una escolopendra congoleña la noche del domingo 17 de junio
San Sebastián acusado sin pruebas condenado sin pruebas resucitado con pruebas la noche de las abejas humeantes
San Sebastián
San Sebastián ah eh ih o uh
San Sebastián de los perezosos transformados en chasquido de dedos
San Sebastián de los conserjes momificados en tinta Waterman
San Sebastián oh San Sebastián
San Sebastián perdigoneado por el abuso de confianza de la lluvia
San Sebastián degollado por su padrino una embalsamadora profesional
San Sebastián un pura sangre más bien feo más bien guapo
San Sebastián recogido a orillas del Sena del Hudson del Nilo más fresco que una rosa
San Sebastián amamantado con cerebros en aceite
San Sebastián el mismo hombre la misma mujer en el espejo de los enanos
San Sebastián con tobillos de canela aún verde
San Sebastián afeitado como una bella monja
San Sebastián
San Sebastián el hombrecito con aspecto de jabón de tocador
San San Sebastián bailando en las romerías de papel estampado
San San Sebastián paraguas con las piernas abiertas
San San Sebastián un castillo de sándwiches espolvoreado de granizo y betún en polvo
San Sebastián a 300.000 kilómetros por segundo una hora menos en Canarias
San Sebastián rubio negro rojo cuadrado sólido líquido crudo crujiente
San Sebastián una redada de liebres mensajeras al salir de la boda
San Sebastián aproximadamente un rompecabezas para los sombreros de hongo
San Sebastián un exprimidor de avinagrados obispos en desuso
San Sebastián una misa para las nodrizas de mayonesa
San Sebastián vendedor de césped infantil y bencina rota
San Sebastián un verano de cigüeñas recién horneadas para los reyes egipcios
San Sebastián peinado hacia atrás peinado hacia la izquierda calvo del todo
San Sebastián con una orquídea comestible en cada llaga
San Sebastián bronceado por la vía láctea
San Sebastián con ojos azul petróleo y codos de papel de calco
San Sebastián enamorado de una telaraña de porcelana carísima
San Sebastián oh San Sebastián
San Sebastián perseguido por una bandada de mitras y báculos rebozados en oro
San Sebastián de cera de crin de caballo de tigre tostado
San Sebastián un excelente producto garantizado para toda la vida
San Sebastián con tos convulsa
San Sebastián perfumado de San Sebastián
San Sebastián Amor Amor Amor que salta a la vista
San
San San
San Sebastián

 

De su libro la poesía ha caído en desgracia 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Miguel Casado, "La pista de la flecha", Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2002
Miguel Casado, "La pista de la flecha",
Col. Cuaderno del Mediterráneo
Ed. El Toro de Barro, 
Tarancón de Cuenca 2002.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es




Miguel Casado, "La pista de la flecha", Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2002






 
















lunes, 19 de mayo de 2014

Psª del Holocausto. «Fechado en Auschwitz», de Juan Carlos Mestre



Estudio, selección y notas de Carlos Morales.
(En preparación)  

Juan Carlos Mestre
 (1957)

Fechado en Auschwitz
 

 
El que habla ha visto desde el tren el humo de las herrerías ante la docilidad del trabajo, mas no ha reconocido el sonido de la rueda ni el hirviente vapor de la escoria al entrar en el agua. 


El que habla no es el que sufre, pero ahí está la caja de cartón con los triángulos amarillos recortados en paño. 

Yo he visto al que duerme sobre la sangre helada de los martillos, y al que de pie sobre los pedales de su velocípedo cruza el sábado para cantar en el coro. 

En ningún lugar este rostro que mira ha visto a la muchacha polaca, pero el que habla ha pasado su mano sobre la misma ventana y como el vaho al correr sobre el vidrio también él ha llorado. 

Haya resplandor en los que sufren, en aquellos a quien el dolor ha cifrado en la memoria del aire, el iluminado de ceniza que atraviesa la noche con su candelabro y el que es ya solo una muesca tallada en la mesa.

Hubiera el que habla oído otras veces, el derramado silencio de los peces solares y la exhortación a los vientos, esa hebra de luz que sostiene  al que canta, al que en la fecha de Pentecostés preside los actos de la amistad.

Ahora yo soy el inmóvil, no el que dice arderé y es fuego y se consume, sino el que oyó el pensamiento de su propio apellido en los altavoces del patio.
 

De su libro
La Poesía ha caído en desgracia
1ª Edición 1992
Reeditada por Ed. Calambur en 2014.
 


Otros Poemas de Juan Carlos Mestre


 

 
Grandes Obras de
El Toro de Barro

Carlos de la Rica, "Yad Vashem"   Biblioteca Internacional del Holocausto  Ed. El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.  PVP: 8 euros Pedidos a:  edicioneseltorodebarro@yahoo.es

Carlos de la Rica, "Yad Vashen”
Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancón de Cuenca, 2000.
PVP 8 Euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Carlos de la Rica, "Yad Vashem"   Biblioteca Internacional del Holocausto  Ed. El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.  PVP: 8 euros Pedidos a:  edicioneseltorodebarro@yahoo.es


































 








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domingo, 20 de abril de 2014

«Asamblea», de Juan Carlos Mestre

Luis Vence
 
  
Juan Carlos Mestre
(1957)
Asamblea


 

  Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
les traigo el saludo solidario de los metafísicos.
También para nosotros la situación se ha hecho insostenible,
los afiliados se niegan a seguir pagando sus cuotas.
A partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno.
No lo tomen a mal,
pero aún quisiéramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos de los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.



Publicado en
En legítima defensa
Bartleby Editores, 2014
 

Otros Poemas de Juan Carlos Mestre

 

 

  


 

Grandes Obras de 
El Toro de Barro

Miguel Casado, "La pista de la flecha", Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2002
Miguel Casado, "La pista de la flecha",
Col. Cuaderno del Mediterráneo
Ed. El Toro de Barro, 
Tarancón de Cuenca 2002.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es


Miguel Casado, "La pista de la flecha", Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2002





 

















 

miércoles, 12 de junio de 2013

"Memoria de la noche", de Juan Carlos Mestre




© Moritz Aust
  MemoRia de la noche



… La imaginación es una vivienda
donde los herejes hacen ruido con el Apocalipsis,
la imaginación es insalubre
para las lápidas y el asiento de los agónicos,
la imaginación hizo resucitar a Jesús
al tercer día…”


      Esta noche y no en otra noche más cercana o desnuda
voy a empezar a vivir
es que ha pasado un hombre alto como un eucalipto
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño de las carnicerías
y entonces entra y clausura todas las sangres
y los clamores del mundo mugen tan gozosos
ya de la vida toda y de la muerte ninguna.
Esta noche y no en otra noche más doliente o profunda
voy a empezar a nacer
es que ha pasado un niño con más fusiles que risas
y no soy yo
cuando pregunta por el dueño del hambre
y la esperanza general de la tierra se conmueve
ya de venganza o de ira.
Esta noche y no en otra noche más triste y obscura
voy a empezar a creer
es que ha pasado una mujer parecida a mi madre
y yo también soy
cuando pregunta por mí y yo me reconozco
ya de dolor o vergüenza.
Esta noche y no en otra noche más cruel o suicida
voy a empezar a morir
es que me ha saludado el que me odia
y no soy yo
cuando pregunta mi oficio terrible de dulzura
y ya una bala me sueña.
Esta noche y no en otra noche más deseada y querida
voy a empezar a cantar
es que el silencio recorre mis cosas
y no soy yo
cuando se callan en el miedo las estrellas
ya sentencia o castigo.
Esta noche y no en otra noche más ciega y oculta
voy a aparecer de repente
es que a tantos han ido reduciendo a la sombra
que ni soy yo
cuando estábamos todos y ahora no existe
ya desolación y miseria.
Esta noche y no en otra noche más bella y sentida
voy a preguntar por el pan
es que ha pasado la muerte toda encendida de trigo
y no soy yo
cuando responde la lluvia cayendo en la nada
ya paciencia o trabajo.
Esta noche y no en otra noche más incierta o mentira
voy a confesarme del miedo
es que han encendido una hoguera
y soy también en la llama
cuando arde el deseo prohibido
ya diferencia o pecado.
Esta noche y no en otra noche más confiada y amiga
voy a rendirme con pena
es que una caricia me acusa
y no soy yo
cuando apuntan mi nombre en el aire
ya condenado o alegre.
Esta noche y no en otra noche más fría o ajena
voy a marcharme hacia siempre
es que nunca la muerte termina
y no soy yo
cuando maltratan el beso con ira
ya religión o fracaso.
Esta noche y no en otra noche más noche y eterna
voy a pensar que respiro
es que una palabra se ahoga en un libro
y no soy yo
cuando aplauden lo horrible del mundo
ya consagración o veneno.
Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida
voy a escribir al tirano
es que pasa mi abuela con flores, con vida
y no soy yo
cuando llora vacía ante el cielo
ya letanía o milagro.
Esta noche y no en otra noche más escondida y lejana
voy a quedarme contigo
es que ocurre un monstruo en las selvas del alma
y no soy yo
cuando claman heridas y heridas
ya gobiernos o leyes.
Esta noche y todas las noches del día
voy a decirte mi amiga culpable
es que está pasando la vida
y yo no soy
cuando un hombre se sienta y nos habla
ya destrucción o poesía.


 
De su libro
La casa roja



 
 Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Shamer Khair, en Carlos Morales COEXISTENCIA, Antología de la poesía israelí -árabe y hebrea- contemporánea.
2ª Edición.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es



En todo lugar
hay un precipicio para los valientes
y una sombra para los exhaustos
y un manantial volcando su frialdad.
En todo amanecer
hay rocío para los temblorosos
y luz para los amantes
y frías piedras y salvajes pastos.
En todo anochecer
hay sosiego para los tempestuosos
y liviandad para los solitarios
y una roca para los que yacen al final del camino.

Otros poemas de