José María Micó
Lápida de la noche triste
Sé que no está, pero he venido a verla.
Sé que de cualquier muerte tan
lejana
solo suele quedar un breve asiento
en algún libro de registro.
Ahí estuviste tú, padre del padre,
llegado de tu tierra a la
conquista
de una vida mejor en Cataluña.
Una vida menor,
cortada por la luz,
interrumpida sobre un surco ajeno,
y aquella noche triste,
con tu muerte sin sangre,
supimos que en el barro se quedaba
mucho oro perdido,
todo el botín de un héroe sin
épica.
Después,
lo que no te robaron,
también diezmado y sucio,
cruzó sin alegría la frontera de
Francia.
Yo cruzo sin tristeza el confín
del olvido.
Sé que todas las muertes
acaban pareciendo naturales.
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© Del poema, José María Micó.
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