El toro de Barro

El toro de Barro

jueves, 8 de septiembre de 2016

«Abanico para su alteza imperial», de Ezra Pound

Poema ABANICO PARA SU ALTEZA IMPERIAL, de Ezra Pound; Fotograma de Memoria de Una Gheisa; Libro de Referencia:  Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara". Col. «Kuadrinos sefardíes» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancon de Cuenca, 2001 PVP 8 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es



Ezra Pound
(EEUU, 1885-1972)
Abanico para su alteza imperial
Traducción de Jesús Munárriz Y Jenaro Talens




Oh, abanico de seda blanca,
límpido como escarcha en un tallo de hierba,

tú también has sido abandonado.       


O fan of white silk,
clear as frost on the grass-blade,

You also are laid aside.







Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara". Col. «Kuadrinos sefardíes» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancon de Cuenca, 2001 PVP 8 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara".
Col. «Kuadrinos sefardíes»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancon de Cuenca, 2001
PVP 8 euros

 Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara". Col. «Kuadrinos sefardíes» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancon de Cuenca, 2001 PVP 8 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es


  

















sábado, 27 de agosto de 2016

«Mares», de Saint-John Perse

 Elie, Scotland, por Angus Clyne


Saint–John Perse
 (Francia, 1887 – 1975)
Mares
(3)
                                                        
Traducción de Manuel Álvarez Ortega


Poesía para acompañar la marcha de una declamación en honor del Mar.
Poesía para ayudar al canto de una marcha a todo alrededor del Mar.
Como la empresa de dar vueltas al altar y la gravitación del coro en el circuito de la estrofa.

Es un canto de mar como nunca fue cantado, pues es el Mar en nosotros quien lo cantará:
El Mar, llevado en nosotros, hasta la consumación del aliento y la peroración del aliento.
El Mar, en nosotros, llevando su sedoso rumor de alta mar y su inmensa frescura de fortuna por el mundo.

Poesía para calmar la fiebre de una velada en un periplo de mar. Poesía para vivir más intensamente nuestra velada entre las delicias del mar.
Y es un sueño de mar como nunca fue soñado, pues es el Mar en nosotros quien lo soñará:
El Mar, tejido en nosotros, hasta en sus zarzas abismales, el Mar, en nosotros, tejiendo sus grandes horas de luz y sus grandes pistas de tinieblas–

El Mar, todo licencia, todo nacimiento y todo contrición, el Mar, en su aflujo de mar.
En la afluencia de sus burbujas y en la infusa sabiduría de su leche, ah, en la ebullición sagrada de sus vocales –¡las santas hijas, las santas hijas!–
El Mar mismo todo espuma, como Sibila en flor sobre su silla de hierro...

Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.



 













sábado, 20 de agosto de 2016

«Eratóstenes», de Gocho Versolari

http://4.bp.blogspot.com/_282A7cC1d8w/RvIlruENlwI/AAAAAAAABkE/EFq2YfwKW5o/s1600/elena%2520zurikhina.jpg
Elena Zurikhina





Gocho Versolari
–Ricardo Iribarren–
(Argentina, 1949)
Eratóstenes



Eratóstenes se quitó las sandalias
y caminó descalzo la tierra
hacia el fondo de su jardín
donde latían las rosas de la cifra
Se acostó sobre la hierba
y soñó con la circunferencia:
una lámpara
visitada por los insectos de la cantidad.

Eratóstenes despertó
y esa tarde
volvió a quitarse las sandalias
y a caminar descalzo los senos de su amada.
Luego se acostó en el jardín
y soñó con sus ojos
con las volutas de su cuello
( los mosquitos de la cifra
discutían sus resultados
mordisqueando su sangre y sus anhelos).

Después una tormenta
cayó sobre el jardín.
Lluvia de sangre,
pájaros desmembrados. Eratóstenes
fue un cúmulo de sueños:
manos, pies
pecho y vientre atardecidos
que derivaron los arroyos de la lluvia
se evaporaron lentamente
y una niebla descalza
llegó a las muchachas que dormían
y les habló de amantes
y de sueños
de tempestades súbitas
y amores que escapan a las cifras
y llegan a la perfección del número
donde los prados son verdes,
donde las noches
sueñan al soñador y anémonas
le muestran sus cinturas cenicientas

Eratóstenes se alejó descalzo
pisando la cintura de su amada.
Enano Eratóstenes en la mujer desnuda
cuya circunferencia
tenía un diámetro igual a su radio.
y las langostas de la cantidad
mordieron el sexo de Eratóstenes
quien no encontró ecuación que resumiera
la suavidad de su amante
la serenidad de sus pezones
y los pájaros que encerraban sus cavernas.

Después no quiso ver.
Todas las circunferencias
desfilaron por sus ojos y la endura
endureció sus alas y presionó su glotis
y se alejó la amada
en pleno mediodía
con ausencia de sombras
y no la vio
y el hambre se aglutinó en su frente
y los insectos de la cantidad
revolotearon sobre su cadáver
mientras un peregrino
llegaba a la ciudad de Alejandría
con un pergamino conteniendo su sombra
y todas sus miradas níveas
y proclamó en la vereda del museo
la perfección del número
y trazó con los rasgos del sol
la perfecta
la luminosa
la rotunda
circunferencia de la tierra.




Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Masrgalith Matitiahu, "Kamino de tormento", Col. Kuadrinos Sefardíes, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
Margalit Matitiahu "Kamino de tormento".
Col. Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Masrgalith Matitiahu, "Kamino de tormento", Col. Kuadrinos Sefardíes, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.