martes 28 de febrero de 2012

"Los gorriones", de Jesús Munárriz









Jesús Munárriz

Los gorriones
(El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2000)



Los gorriones son gente de cuidado.
Desconfían muchísimo. Hacen bien.
No tienen sindicatos ni matrículas,
nadie los riega todas las mañanas,
no llegan a menudo a centenarios,
las uñas se les ven sin manicura,
de pequeñitos fueron sólo un huevo,
los chinos les juraron guerra a muerte,
en otoño les duelen las junturas,
las bichas hipnotízanlos protervas,
llámanles maricones los ministros,
los flautistas defecan en sus barbas,
desplúmanles pechugas los enanos,
plántanles cepos los latifundistas,
móntanles redes los de la fritanga,
ahógalos de amor el tierno infante,
son gente con qué pocos partidarios
los jodidos gorriones. Son triperos.
Son bajitos. Y vuelan, pero poco.
¡Cómo no van a ser insoportables!
Échales más veneno en las miguitas.
















César Cortijo, "La Muerte"






César Cortijo
La Muerte


                                               Para Carlos Morales, 
tras leerle a él y a Margalit Matitiahu



Con el corazón en pos de mi madre
atravesaba las carreteras pedaleando
a favor el viento de levante
que le hacía deslizarse en un tramo
kilómetros como el gato
con botas, cinco leguas y alojarse
en casa de los primos de ella
durante las fiestas. No estaban casados
y eran los años cincuenta, ni habíamos
nacido ni nadie sabía el suspiro de su muerte.
De la vida de mi padre pedaleando
en pos de ella y de nosotros nunca
supe bien, y hoy como reconciliándome,
más que imaginarlo, así pedaleando,
me entusiasmo al creer por primera vez
que estuvo enamorado de ella como si fuera rubia.
El rubio era él. Ella, morena como las hijas
de Jerusalén, las cejas finas y negras
en su pueblo de dos iglesias
para no ir a ninguna. Son las fiestas.

La vuelta y el deseo de ahogarse
en el pantano serían penas negras,
el agua dulce entre las peñas
bajo las carreteras, los puentes,
pedaleando hasta la noche, hasta las eras
donde el somormujo, el grillo y el tonto
roban los corazones. Ya no quiero
presumirlas como antes, como estos
cuarenta y siete años renegando de él
como un burro tal si fuera un hombre delirante,
sin sentido. Y hoy, diez años después de muerto
que he visto su felicidad, que la vida
se la pasó con el corazón en pos de ella,
que casi puedo ver su cara amando
antes de mí, que no he nacido del todo
y que estoy ya por fin con él completamente muerto,
logro bien querernos a esas horas
pedaleando.








lunes 27 de febrero de 2012

"Deshielo", de Esther Ramón








Esther Ramón
Deshielo


No tengas miedo
de mirar por mis ojos.
Me dijo la serpiente.
Fluye, fluye como la muerte,
mira cómo mi piel se desprende
contra la corteza,
ven, deja que te coma,
arrastra mis escamas,
entra.

Asómate y cae, olvida tus brazos,
en el agua eres una piedra
que fluye, fluye como la muerte.
Ven. Expulsa el aire y la tierra
del cuerpo y derrámate
en el camino sin piernas,
las hojas se pegan a tu piel
viscosa: ahora eres una
rama que se desliza.

Paseas por el bosque envenenado.
No tengas miedo.

Parirás un insecto afilado y seco,
un saltamontes sin forma
que atraviesa, sin rozarlo, el sendero,
que sobrevuela las ramas tiernas,
que se posa en los troncos
tocados por el rayo.


No tengas miedo
de mirar por mis ojos.

Me dijo la serpiente.

Tus manos, tus pies son
una bandada de cigarras que
asolarán el lago embarrado
antes de desaparecer entre
el humo de los enjambres.

Entonces nos arrastraremos.
Baja la cortina y mira
la ventana oscurecida,
ya no hay árboles sino
sombras que podrían ser
cuerpos en la pradera que
se enfría.

Baja los párpados: los cuerpos
son letras que atrapas
con tu lengua precisa,
con mi lengua, y al tragarlas
nos duplican y hacen pesado
el camino.
Las escupimos en cada matojo,
en cada madriguera.

El bosque se llena con las voces de los muertos.

Escucha. Escúchalos.
La canción sin gargantas penetra
nuestros poros congelados lejos
de las últimas cabañas derramo
la marea quebradiza de tus pasos
reptando en círculo sobre las ortigas.
Ven. No tengas miedo
de mirar por mis ojos.
Me dijo la serpiente.
Fluye como la muerte. 















viernes 24 de febrero de 2012

"Hilos de Araña", de Juan Ramón Mansilla








Juan Ramón Mansilla

HILOS DE ARAÑA

-De Una habitación en rojo
Ed. El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2011,



Cariño, anoche soñé que la noche
me envolvía con hilos de araña,
invisibles, pegajosos, semejantes al encaje
de tu saliva en mi piel.
Demasiada labor para la noche.
Ahora estás atrapado,
susurraste, igual que una mosca.

Podrías haber cortado los hilos
pero dijiste que a lo largo
de la vida habría siempre
una mosca convulsa
y una araña que apresta el veneno.
Así de simple, ley de vida.

Anoche lo soñé cariño
y no puedo decir que fuera
terrible, que ni siquiera sudase,
más bien resultaba agradable estar así,
leve pero firmemente sujeto
por algo que era más que un destino
mientras tú me mirabas inmóvil.

Anoche, sí, anoche.
Un sueño que cortó la mañana.

Acabo de tomarme el café
y fumar el primer cigarrillo.
Es curioso cariño las vueltas
que dan las cosas:
hay una telaraña en el techo,
parece frágil (debió
de tejerse durante la noche),
y una mosca cautiva.

Estás atrapada,
le he dicho, igual que yo estuve.

Sus sacudidas iniciarán pronto
la secuencia: la araña asoma
por un ángulo, se acerca
con calma, observa, hay tiempo
hay tiempo y aún falta
lo más complicado:
inocular la ponzoña,
envolver a su presa.
Una función de un solo acto,
ser el comensal o la vianda.
Una vez y otra
hasta que la historia concluye
y alguien aplaude
y vuelve a su casa.
Así de simple.

Podría romper la tela,
burlar a la parca,
dejar sin cliente al barquero;
pero como dijiste, cariño,
a través de la vida
siempre habrá otros hilos,
otra araña y una mosca.



"La ahogada sirena, La". poemas que Eugenia León escribió cuando tenía 9 años.







EUGENIA LEÓN

-poemas escritos en 1975,
cuando la autora tenía nueve años de edad-



AHOGADA SIRENA, LA

La sirena ahogada
está en el río.
Como nadie la quería,
tomando champán y vino.
RECUERDOS

Yo confío en el corazón de mis amigos.
La perla se ha entristecido en el mar.
El paisaje se va alejando como una paloma.


YO Y LA LUNA

La carreta helada y un árbol deshojado entristecieron al mar.
La lluvia cae en la arena y la luna da su reflejo.





EL ÁNGEL

Una estrella brilla en las alturas.
Dice un ángel: "ya es hora de dormir", y va y apaga la estrella.
Y todo oscuro duerme en Belén.




EL MUNDO

El pequeño mundo que va rodando, siempre pone la misma luz.
La misma función hace todos los días a la misma hora.
La vida es siempre un agujero que da la vuelta.




El ÁRBOL

El amor es una hoja de un árbol.
Cuando la hoja se cae del árbol
es cuando se separa el amor del corazón.



ATRISTECE

Un cortijo me atristeció.
El olivar se aleja de la memoria como si fuera a morir.


LA POESÍA

Todo el mundo es poeta:
los jóvenes, viejos y mancos, etc.

Unos más, unos menos;
pero la vida es diferente.

Cuando se muere un poeta,
nace otro.






NIEBLA

La niebla tapa los barcos.
Una nube gris ha hecho llover.
Un barco, al alejarse con su humo escribe palabras en el cielo. 



LA ESPERANZA

La esperanza es un pasado dulce que suavemente atraviesa el sueño.


UN LUNAR

Un lunar tiene mamá como un granito de arena que cae del reloj.
Parece una perla redonda en el cuello y que fuera a vivir con ella siempre.




SUS PLUMAS

Mi pájaro amarillo abrió sus plumas.
Y mirando por la reja de la tristeza empezó a cantar.











LA MURALLA

Consiguieron alcanzar la suavidad.
Pero la suavidad es inútil para lograr el amor.
Porque una muralla los separa.



RAMA EN UN ÁRBOL

Hubo una rama en un árbol, no como las demás.
Una rama que nada más servía para la alegría de los rayos del sol.


PLUMAS

Caen las plumas de un nido vacío,
y por el aire se creen que vuelan.



SONRISA DE MAMÁ

Cuando mamá sonríe
abre y cierra los labios
como un tulipán rojo.



EN UN DÍA NUBLADO

En un día nublado me gusta mirar la vida con su color de fuego.



LLUVIA

Un suspiro profundo
es un pájaro que vuela para taparte la lluvia.



JORGE GUILLÉN

En mi pensamiento está Jorge.
Una campana llevo para decirle adiós.



PALOMA

La paloma va por los caminos que da Dios para ir al cielo.



SOMBRA

Un alguien, enfrente de Dios, no puede ver su sombra.
Pero Dios, enfrente de alguien, sí puede ver la sombra de sus recuerdos.








FAROLA

De noche es todo triste. La Farola no tiene amparo.
Quiere dejar de alumbrar. Su cristal no brilla.
Yo le traigo gaviotas para que alumbre y no esté sola.




VICENTE ALEIXANDRE
                                  
Un pájaro vuela de mis manos,
y al mismo tiempo ha pasado un ángel.


FUENTE

Hay una fuente
llena de días
que sólo sirven
para el recuerdo.

           

CIUDAD

Hay que levantar la ciudad
para que pase por debajo el camino del sueño.



LLAMA DE FUEGO

Una llama es mi amigo cuando sonríe.
Como candela que se enciende en la oscuridad.



HILOS

Todo nace en primavera.
Y las arañas se despiertan sobre sus hilos.


 COSAS NUEVAS

Viene el viento a acariciar un monte
y le habla de las cosas nuevas que pasan por ahí.





ROSAS

Las rosas se abren por la mañana
y cantan como los gallos.





MARZO

Lirios, lirios, lirios, lirios.
Marzo se extiende.



MARGARITAS

Sí. No.
Si. Do.
Re. Mi.

PASEO

Van las monjitas
de dos en dos,
de dos en dos,
de dos en Dios.


PERDERSE

Me he perdido en el fuego,
y no encuentro la salida de una llama.





COJÍN

Me echo en un cojín
y contemplo las rosas hasta que se duermen.






NEGOCIO

Mi negocio es agacharme
y coger una flor
y ponerla en un jarro
y echarle agua.

No sé hacer otra cosa.


LILAS

No las traigo para olerlas,
sino para consolarte.



ARO

Por un aro entra mi cuerpo
y creo que sale otra persona.



TIJERAS

Con unas tijeras corto la noche
y suena el ruido que lleva dentro.