El Toro de Barro

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jueves, 16 de junio de 2022

«3. El mar», de Saint - John Perse

 

Saint - John Perse  

(Guadalupe, Francia, 1887-1975)

3

(El mar)*

 Versión de Manuel Álvarez Ortega.



Poesía para acompañar la marcha de una declamación en honor del Mar.
Poesía para ayudar al canto de una marcha a todo alrededor del Mar.
Como la empresa de dar vueltas al altar y la gravitación del coro en el circuito de la estrofa.
Es un canto de mar como nunca fue cantado, pues es el Mar en nosotros quien lo cantará:
El Mar, llevado en nosotros, hasta la consumación del aliento y la peroración del aliento.
El Mar, en nosotros, llevando su sedoso rumor de alta mar y su inmensa frescura de fortuna por el mundo.
Poesía para calmar la fiebre de una velada en un periplo de mar.
Poesía para vivir más intensamente nuestra velada entre las delicias del mar.
Y es un sueño de mar como nunca fue soñado, pues es el Mar en nosotros quien lo soñará:
El Mar, tejido en nosotros, hasta en sus zarzas abismales, el Mar, en nosotros, tejiendo sus grandes horas de luz y sus grandes pistas de tinieblas–
El Mar, todo licencia, todo nacimiento y todo contricción, el Mar, en su aflujo de mar.
En la afluencia de sus burbujas y en la infusa sabiduría de su leche, ah, en la ebullición sagrada de sus vocales –¡las santas hijas!, ¡las santas hijas!–
El Mar mismo todo espuma, como Sibila en flor sobre su silla de hierro...



Grandes Obras de 
EToro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.



 
















viernes, 16 de septiembre de 2016

«Mares (1): estrechos son los bajeles», de Saint–John Perse

De aquí a la eternidad


Saint–John Perse
 (Francia, 1887 – 1975)
Mares
Estrechos son los bajeles
                                                        
Traducción de Jorge Zalamea Borda



I

    

Estrechos son los bajeles, estrecho nuestro lecho.
Inmensa la extensión de las aguas, más vasto nuestro imperio
En las cerradas estancias del deseo.

     Entra el Verano, que viene de mar. A la mar sola diremos
     Que extranjeros fuimos en las fiestas de la ciudad,
y qué astro ascendiente de las fiestas submarinas
     Vino una noche a husmear en nuestro lecho, el lecho de lo divino.

     En vano la tierra próxima nos traza su frontera.
Una misma ola por el mundo, una misma ola desde Troya
     Menea su cadera hasta nosotros. En la alta mar
muy lejos de nosotros se imprimió antaño ese soplo...
     Y el rumor una noche fue grande en las estancias:
¡la muerte misma, a son de caracolas, no se haría oír en ellas!

     ¡Amad, oh parejas, los bajeles; y la mar alta en las estancias!
     La tierra una noche lleva sus dioses, y el hombre da caza a las bestias leonadas;
las ciudades se desgastan, las mujeres sueñan. ..Que haya siempre a nuestra puerta
     Esa alba inmensa llamada mar -selección de alas y levantamiento de armas;
amor y mar del mismo lecho, amor y mar en el mismo lecho -

     y este diálogo aún en las cámaras.

De su libro
Mares



Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Libro de referencia: Horacio Antón El grande armario vacio de Antoine  Colección Nuevos Poetas  Ediciones El Toro de Barro  Carboneras del Guadazaón,  Cuenca 1969.  Agotado
Horacio Antón
El grande armario vacio de Antoine
Colección Nuevos Poetas
Ediciones El Toro de Barro
Carboneras del Guadazaón,
Cuenca 1969.
Agotado
  Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara". Col. «Kuadrinos sefardíes» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancon de Cuenca, 2001 PVP 8 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es



  
















viernes, 1 de julio de 2016

«Mares (2): El portador de rosas», de Saint–John Perse




Saint–John Perse
 (Francia, 1887 – 1975)
Mares
El portador de rosas
                                                        
Traducción de Jorge Zalamea Borda

II
(Primero)

     ¡Amor, amor que tan alto tienes el grito de mi nacimiento,
que es de mar en marcha hacia la Amante! Viña vendimiada sobre toda playa,
beneficio de espuma en toda carne, y canto de burbujas sobre las arenas...
¡Homenaje, homenaje a la Vivacidad divina!

     Tú, el hombre ávido, me desnudas: patrón más tranquilo
que a bordo el patrón del navío. Y tanta tela se desata,
no hay más mujer que aparejada. Se abre el Estío que vive de mar.
Y mi corazón te abre una mujer más fresca que el agua verde:
semilla y savia de dulzura, el ácido a la leche mezclado,
la sal a la sangre muy viva, y el oro y el yodo,
y el sabor también del cobre y su principio de amargura
-toda la mar en mi llevada como en la urna maternal...

     Y sobre la playa de mi cuerpo el hombre nacido de mar se ha tendido.
Que refresque su rostro en la fuente misma bajo las arenas;
y se regocije sobre mi era, como el dios tatuado de helecho macho...
Mi amor, ¿tienes sed? Soy mujer a tus labios más nueva que la sed.
Y mi rostro entre tus manos como en las manos frescas del náufrago,
¡ah! que te sea en la noche caliente frescor de almendra y sabor de aurora,
y conocimiento primero del fruto sobre la ribera extranjera.

     Soñé, la otra noche, islas más verdes que el sueño...
Y los navegantes descienden a la ribera en busca de un agua azul;
ven -es el reflujo- el lecho rehecho de las arenas chorreantes:
la mar arborescente deja allí, filtrándose, esas puras huellas capilares,
como grandes palmeras martirizadas,
altas muchachas extasiadas y llorosas que la mar acuesta
con sus taparrabos y sus trenzas desatadas.

     Y éstas son figuraciones del sueño. Pero tú, hombre de frente recta,
tendido en la realidad del sueño, bebes en la propia boca redonda,
y sabes su revestimiento púnico: carne de granada y corazón de tuna,
higo de África y fruto de Asia. ..Frutos de la mujer,
oh mi amor, son más que frutos de mar: de mí, ni pintada ni adornada,
recibe las arras del Estío de mar...


(Segundo)


En el corazón del hombre, soledad.
Extraño el hombre, sin ribera, cerca de la mujer, ribereña.
Y mar yo mismo a tu oriente, como a tu arena de oro mezclado,
que vaya yo aún y demore en tu ribera,
en el desatarse muy lento de tus anillos de arcilla
-mujer que se hace y se deshace con la ola que la engendra...

     Y tú, más casta de estar más desnuda, de tus solas manos vestida,
no eres Virgen de los grandes fondos,
Victoria de bronce o de piedra blanca que se extrae, con el ánfora,
en las grandes redes cargadas de algas de los destajeros de mar;
sino carne de mujer a mi rostro, calor de mujer bajo mi olfato,
y mujer que prende su aroma
como la llama de fuego rosa entre los dedos semicerrados.

     Y como la sal está en el trigo, la mar en ti en su principio,
la cosa en ti que fue de mar, te ha dado ese sabor de mujer feliz
y a la que uno se acerca...
Y tu rostro está invertido,
tu boca es fruto para consumir a fondo de barca, en la noche.
Libre mi aliento sobre tu garganta, y la crecida, por todas partes,
de las capas del deseo, como en las mareas de luna próxima,
cuando la tierra hembra se abre al mar salaz y flexible,
ornado de burbujas hasta en sus charcas, sus pantanos,
y el mar alto en la pasturanza hace ruido de noria,
y la noche está llena de eclosiones.

     Oh amor mío con sabor de mar,
que otros pazcan lejos de mar la égloga al fondo de valles cerrados
-mentas, toronjil y meliloto, tibiezas de alisón y de orégano,
y hable allí el uno de colmenas y el otro trate de rediles,
y la oveja afelpada bese la tierra al pie de los muros de polen negro.
En la época en que se anudan los melocotoneros y se desbrozan las vides,
yo corté el nudo de cáñamo que mantiene el casco sobre su anguila,
en su cuna de madera. ¡Y mi amor está en los mares!
¡Y mi quemadura está en los mares!...

     Estrechos son los bajeles, estrecha la alianza;
y más estrecha tu medida, oh cuerpo fiel de la Amante...
¿Y qué es ese cuerpo mismo, sino imagen y forma de bajel?
Barquilla y navío, y nave votiva, hasta en su apertura mediana;
industriado en forma de carena, y sobre sus curvas modelado,
plegando el doble arco de marfil al gusto de las curvas nacidas de mar.
...Los ensambladores de cascos, en todo tiempo,
tuvieron esta manera de ligar la quilla al juego de las cuadernas y varengas.

     Bajel, mi hermoso bajel, que cede en sus cuadernas
y porta la carga de una noche de hombre, eres bajel portador de rosas.
Rompes sobre el agua cadena de ofrendas. Y henos aquí, contra la muerte,
sobre los caminos de acantos negros de la mar escarlata...
Inmensa el alba llamada mar, inmensa la extensión de las aguas,
y sobre la tierra hecha sueño en nuestros confines violetas,
¡toda la marejada a lo lejos se levanta y se corona de jacintos
como un pueblo de amantes!

     No hay usurpación más alta que en el bajel del amor.


Recogido de su libro
Mares (1980-1989)


 Grandes Obras de
EToro de Barro


Carlos de la Rica
El mar
Colección Cuadernos del Mediterráneo
Ilustracion de portada e interiores, Carlos de la Rica
Carlos Morales Ed.
Ediciones El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca 2000
16 páginas
ISBN: 84-931155-5-X
Agotado.
  Margalit Matitiahu, "Bozes en la shara". Col. «Kuadrinos sefardíes» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancon de Cuenca, 2001 PVP 8 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es