El Toro de Barro

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sábado, 17 de agosto de 2019

«La luz dorada», de Hermann Broch


Hermann Broch

(Austria, 1886-1951)
La luz dorada
Traducción de Montserrat Armas y Rafael José Díaz



I.

Como ya no te reconozco
te conviertes en el árbol que da sombra
y en el verde que respira
se arrodilla mi sueño…
Tiemblan las hojas de la luz,
oh, mundo… lleno de las sombras,
llevo en mi olvido,
en mi respiración y en mi olvido,
tu imagen profundamente olvidada.


II.

En la luz dorada, las colinas, y
reluciente, abierto
beso de la tierra,
la tumba.
Si los labios se abren
al aliento terrestre,
alcanzando el cielo
y la nube que se oculta,
¿cuándo reposarás
en el tálamo de la tarde?
Oh, rostro humano
que te hundes en la abierta profundidad,
que te hundes en el sonido de tu ser,
tu ojo irradia hacia el cielo,
lo arrastra hacia abajo
a tu noche amorosa
mientras el mundo fluye.


De su libro, En mitad de la vida.
Ediciones Igitur, España, 2007.








Grandes Obras de

EToro de Barro
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2002.
PVP 10 euros.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.














viernes, 31 de octubre de 2014

«El niño», de Peter Handke


Poema, EL NIÑO, de Peter Handke. Libro de Referencia: Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Autor desconocido

Peter Handke
(Austria, 1942)
El niño



Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy,
no fuera antes de devenir,
y que un día yo, el que yo soy,
no sea más ese que soy?
Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
los chícharos, el arroz con leche y la coliflor al vapor,
y ahora come todo, no sólo por necesidad.
Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace seguido.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, sólo en ocasiones, con suerte.
Imaginaba claramente el paraíso,
y ahora, como mucho, lo adivina.
No podía pensar en la nada,
y hoy se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado,
y ahora se concentra como antes
sólo si se trata de su trabajo.
Cuando el niño era niño las manzanas y el pan
le bastaban de alimento, y todavía es así.
Cuando el niño era niño las moras le caían en la mano,
como sólo caen las moras, y así es todavía;
las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y así es todavía;
encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aún más grande…
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol tiraba de las cerezas
con igual deleite lo hace hoy todavía;
se asustaba de los extraños como todavía se asusta;
esperaba las primeras nieves y todavía las espera.
Cuando el niño era niño
lanzó un palo como una lanza contra el árbol,
y hoy vibra así todavía.





 Grandes Obras de
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín"
Col. Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 




















 





jueves, 12 de junio de 2014

«Grodek», de Georg Trakl

Giorg Trakl, Grodek (Vers. de Carlos Morales). Libro de Referencia: Carlos Morales, "Salmo”, Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2005
Este fue el último poema escrito por Georg Trakl antes de suicidarse el 4 de noviembre de 1914, terriblemente afectado por las consecuencias de la batalla de Grodek, que vivió como enfermero del servicio médico de guerra.

Georg Trakl
(Austria, 1887 – Polonia, 1914)
Grodek
 Versión de Carlos Morales

 

Al anochecer retumban en los bosques otoñales
las mortíferas armas, y en las doradas llanuras
y en los lagos azules rueda el sol más tenebroso.
La noche abraza a los guerreros moribundos,
y emerge un lamento de sus bocas rotas.
Sobre las praderas silenciosas

las nubes rojas en que vive un Dios airado
convocan la sangre desbordada y el helor lunar;
todos los caminos conducen a la negra podredumbre.
Bajo el dorado ramaje de la noche y las estrellas
cojea la sombra de la hermana por el bosque silencioso,
descubriéndose ante las almas de los héroes

y sus sangrantes cabezas
mientras silban oscuras las inmóviles flautas del otoño.
Oh, cuán soberbio el duelo sobre los altares de bronce.
Un espantoso dolor alimenta hoy la llama del espíritu
por los nietos que no han nacido aún...


 

***
 

Am Abend tönen die herbstlichen Wälder
Von tödlichen Waffen, die goldnen Ebenen
Und blauen Seen, darüber die Sonne
Düstrer hinrollt: umfängt die Nacht
Sterbende Krieger, die wilde Klage
Ihrer serbrochenen Münder.
Doch stille sammelt im Weidengrund
Rotes Gewölk, darin ein zürnender Gott wohnt
Das vergossne Blut sich, mondne Kühle
Alle Straßen münden in schwarze Verwesung.
Unter goldnem Gezweig der Nacht und Sternen
Es schwankt der Schwester Schatten durch den schweigenden Hain,
Zu grüßen die Geister der Helden, die blutenden Häupter;
Und leise tönen im Rohr die dunklen Flöten des Herbstes. 
O stolzere Trauer1 ihr ehernen Altäire
Die heisse Flamme des Geistes nährt heute ein gewaltiger Schmerz,
Die ungebornen Enkel.



Otros Poemas de Georg Trakl

«De profundis»

 
 
Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.

 





















miércoles, 4 de junio de 2014

«A los enmudecidos», de Georg Trakl

Fotografía de Arthur Leipizig;  poema de Georg Trakl (A los enmudecidos). L. Ref.  Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”, Col. «La piedra que habla», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed., Tarancón de Cuenca, 2005, PVP 10 euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Arthur Leipzig 1950

Georg Trakl
(Austria, 1887 – Polonia, 1914)
A los enmudecidos 

  Versión de Carlos Morales



Ah, esa locura de la gran ciudad cuando, al atardecer,
se yerguen los árboles deformes junto a los muros negros
y, tras su máscara de plata, el genio del mal vigila
y con su luz de látigo cautiva y espanta la sólida noche.
Ah, el abatido canto de las campanas del crepúsculo.
Y la puta que alumbra temblorosa a un niño muerto.

La ira de Dios azota furiosa la frente de los poseídos,
como una peste roja, hambre que rasga los verdes ojos.
Ah, el oro y su grotesca carcajada.

Mas una silenciosa humanidad mana de la cueva oscura
y con metales firme forja un rostro redentor.


***

O, der Wahnsinn der großen Stadt, da am Abend
An schwarzer Mauer verkrüppelte Bäume starren,
Aus silberner Maske der Geist des Bösen schaut;
Licht mit magnetischer Geißel die steinerne Nacht verdrängt.
O, das versunkene Läuten der Abendglocken.
Hure, die in eisigen Schauern ein totes Kindlein gebärt.
Rasen peitscht Gottes Zorn die Stirne des Besessenen,
Purpurne Seuche, Hunger, der grüne Augen zerbricht.
O, das gräßliche Lachen des Golds.
Aber stille blutet in dunkler Höhle stummere Menschheit,
Fügt aus harten Metallen das erlösende Haupt.




Otros Poemas de Georg Trakl

«De profundis»

 
 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”, Col. «La piedra que habla», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed., Tarancón de Cuenca, 2005, PVP 10 euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”
Col. «La piedra que habla»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2005
PVP 10 euros.
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”, Col. «La piedra que habla», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed., Tarancón de Cuenca, 2005, PVP 10 euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es





 





 

viernes, 16 de agosto de 2013

«De profundis», de Georg Trakl

Georg Trakl, De profundis, Versión de Helmuto Pfeiffer; L. Referencia: Amela Einat, la Cicatriz del Humo, Bibl. del Holocausto, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancón de Cunca.
El poeta austriaco Georg Tralk enloqueció tras su experiencia como médico de guerra en la batalla de Grodek, acontecida el 27 de octubre de 1914, y acabó suicidándose el 4 de noviembre de ese mismo años con una sobredosis de cocaína



Georg Trakl
De profundis

Versión de Helmut Pfeiffer


Existe un campo de rastrojos donde cae una lluvia negra.
Existe un árbol pardo que se alza solitario.
Existe un viento que susurra entre chozas vacías.
Qué atardecer tan triste.

A la orilla de la aldea
la dulce huérfana recoge escasas espigas.
Sus ojos redondos y dorados recorren el crepúsculo
y su seno anhela al esposo celestial.

De regreso al hogar
unos pastores hallaron el dulce cuerpo
descompuesto en el espino.

Una sombra soy lejos de oscuras aldeas.
El silencio de Dios
bebí en la fuente del bosque.

Sobre mi frente golpeó un frío metal.
Arañas buscan mi corazón.
Hay una luz que se extinguió en mi boca.

De noche me encontré en un páramo,
colmado de deshechos y de polvo de estrellas.
En los avellanos
tintinearon ángeles cristalinos.


DE PROFUNDIS

Hi ha un camp de rostoll on cau una pluja negra.
Hi ha un arbre fosc que s’alça solitari.
Hi ha el xiulet d’un vent que encercla cabanyes buides.
Que trist aquest capvespre.

Pels termes del vilatge
La tendra òrfena aplega encara unes quantes espigues.
Els seus ulls pasturen rodons i daurats dins la posta
I el seu ventre és a l’aguait del nuvi celestial.

A l’hora del retorn
Els pastors van trobar aquell cos dolç
Podrit al bardisser.

Una ombra sóc allunyada de pobles obscurs.
El silenci de Déu
Me l’he begut a la font de l’arbreda.

Al meu front apareix un metall fred
Aranyes busquen el meu cor.
Hi ha una llum que se m’apaga a la boca.

De nit m’he trobat en un erm,
Tot cobert de deixalles i pols d’estrelles.
Entre els avellaners
Tornaven a sonar àngels de cristall.

 
 

 

Grandes Obras de

El Toro de Barro
PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es


 
En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz viajaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista





"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci