El Toro de Barro

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martes, 1 de septiembre de 2020

«Jaime Gil de Biedma», de Rafael Escobar



Rafael Escobar
(España, La Mancha, 1979)

Jaime Gil de Biedma





Hablábamos de ti en la facultad a todas horas.
Los que te odiaban,
los que te llamaban hipócrita, rojo sugestionándose
para sentir un dolor proletario ficticio
que sería la redención por la pérgola y el tenis
y los trajes de raya diplomática.
Los que admirábamos
esa palabra tuya de honda sencillez,
esos poemas de arquitectura invisible,
como catedrales levantando vigas
entre lo leve y lo grave
que fluye al calor de una confidencia,
los que con apasionamiento ingenuo
nos denominábamos "biednamitas".
Aprendí de ti
que burlarse de uno mismo
es la única expresión del egotismo
que puede resultar pertinente,
que el yo
es el otro nadie de cualquiera,
que para ciertos hombres la nostalgia es prematura,
una inclinación vocacional
en que se acaricia con dedos previsores
el perímetro de ruina y flor
que el tiempo destroza,
que existía un sexo fugaz,
llama intensa de sordidez
que, como los locales de "cruising",
me encendía de deseo y repulsión.
Sigo leyéndote,
te plagiaría con impudor
algo más que la sobria verdad de tu palabra,
una elegancia, una moral para envejecer
que abraza la serenidad,
el humor como el gesto definitivo del desencanto,
arrugas que te ciñen la sien
como la corona de un monarca
roto pero intacto en su ceniza.





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"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci










martes, 21 de julio de 2020

«Valeria coge mis poemas», de Rafael Escobar


Rafael Escobar
(España, La Mancha, 1979)
 Valeria coge mis poemas


En sus manos, son jirones de ángeles,
algas o hilos de nube
que crecen lejos,
en el confín alto de la blancura,
en sus ojos,
los garabatos oscuros de las letras
son los pájaros
que señala con su dedo cada mañana
oyendo la música
que es el rumor secreto
de los que bendice la misma inocencia.
Valeria coge mis poemas
porque sabe que son juguetes,
el último capricho de niños tristes
que lloran
entre líneas que nunca serán semillas
una infancia que los olvidó.
Valeria coge mis poemas,
los vuela al aire
con la inconsciencia feliz de la lluvia
pero al instante caen lacios,
amarillean como las hojas
o los muertos que fermenta el otoño,
y en su sabiduría que aún no conoce
escucho:
"Tío, tu oficio no sirve,
no entiende el murmullo de mi corazón,
ni siquiera sabe contar
el pan limpio de alegría
que existe
y enciende con su armonía el mundo
solamente porque existo yo



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Yo, que he sobrevivido a cien lanzas
y he hecho temblar el vientre
del desierto con uno solo de mis carros,
perdí ante tus ojos mi última batalla.
Ser cobarde en amor equivale a estar muerto.



Mercedes Escolano



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci