El Toro de Barro

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jueves, 1 de mayo de 2014

«El eco del cielo», de Mónica Nepote




Mónica Nepote
(1970)

El eco del cielo

 

Origen

Por mera cuestión de ancestros mi nombre está cerca de las piedras.

La lengua ruda y lastimada que hablaron mis abuelos me pertenece ahora cómo algún día fueran suyos la pala y la pica.  En tarea semejante a su designio minero me hundo en la caverna del lenguaje hasta hacer brotar la gema, pájaro que acude a la ventana de una niña. El secreto radica en descubrir si el ave es cuervo o petirrojo.

 

 

El lugar

Ahondo en el lugar con recelo, el tacto torpe –como si desprendiera la espina en el temor presagiado del dolor. Ahondo en el lugar sin la certeza de la piedra o el polvo.

La luz no conoce esta esquina. Pies y brazos siguiendo cómo Lázaro la voz, animal impreciso en el cuerpo de la noche.

 

 

Fuego

La lengua resplandece por el aire. La tierra es víctima de la violenta llama. Devora. Tras el silencio, un balbuceo toma la forma y la destruye. Pero es la luz que corrompe el infierno. Es la luz cuya herencia de ceniza forma el alfabeto legible a  los cegados.

 

 

Oráculo

Está en el eco del cielo, en las cuentas de vidrio sobre el pañuelo del mago. Está en el hilo dorado con el que tejes mis ojos, en la sangre, en el índice de la bruja dormida; en el trazo del agua. Donde quieras que esté, ahí habita, cómo una mano sobre tu pecho o una voz, sonámbula, nombrándote desde otra orilla.

 

 

Liturgia

Signos en el rostro, cayendo en lluvia de sombras. Por la orilla nos acercamos, suaves en el caudal. Tocamos el reflejo: agua en la punta de los dedos, tocamos otra vez: aceite. Decimos fuego y otorgamos un reino de elementos a tu cuerpo. Ligera, desde el fondo de tus ojos habla el nombre.

 

 

El regreso

Conquistar la pluma y la caricia del sonido como quien vuelve a la casa del padre. Volver a esta hoja, desnuda ante la palabra y la razón del alfabeto, como una planta que ha decidido crecer a pesar del vidrio hundido en el calor terrestre. Construir de nuevo una ventana, la habitación y el orden del signo trazado en este mar blanco.

 

 

Espejismo

Palmeras en el paisaje nevado. El canto. Las perlas caen por la pendiente se hunden en el agua, se diluyen tras el círculo. Ondea. La playa se pierde en el color del estandarte, testamento de aire.

Si de eso se tratase.

Tejería, tejería, una imagen tras otra.

La mano palpando la ligereza del trigo, la mano alzada celebrando el viento, sin espinas en la lengua.

Si de eso se tratase la escritura.

 
 
Otros poemas de Mónica Nepote
 
 
 
 
Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2002.
PVP 10 euros.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.

























martes, 10 de diciembre de 2013

«Sirena», de Mónica Nepote

Roberto Ferri


Monica Nepote
(1970)
Sirena



Envuelta en la luz se vuelve roja. Llegó con un mar inhóspito, cantando que la suerte la anida cada hueso. Trae un calamar en El tobillo y camina dejando de rastro las estrellas.

Un beso se le escapa, llega ante la boca de un parroquiano. Ella ríe, sacude las mariposas de su cuerpo. Un par de ojos choca ante el cristal que guarda el aire, que asfixia al fuego antes de arder bajo la bóveda.

Esa piel castaña asombra ante el espejo de su canto. El marinero la dejó suelta entre caracoles de mentira. Ella se perfumó la oreja con la sal de su saliva.

Esta medusa ha ensortijado las historias. Echó redes a las venas, anudó los pendientes del dueño de este antro; volvió a la luna página de su bitácora, cómplice del color abundante de su boca.

Observa entre las velas. Elige. Apunta hacia el poniente. La brújula que recorrió su pecho la hizo madre de los hombres. La llamó hija de su llanto.
 

Grandes Obras de El Toro de Barro
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Eugenia León, "Ahogada sirena, La
Los poemas de una niña de 10 años de edad.
Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro.
PVP 10 euros.
Tarancón de Cuenca, 2002.
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es

 


















 

sábado, 2 de marzo de 2013

«La ventana indiscreta», Mónica Nepote



Mónica Nepote
(1970)
La ventana indiscreta 

 

La ventana indiscreta
No es un río de plata el que brilla frente a mis ojos. Sólo la humedad del cristal y el engaño de luces y cámaras desiertas. Curioso que la cortina sea frontera, que más allá de la ley de pliegues y bastillas exista una ventana idéntica y el azoro del ojo espía, súbitamente descubierto. Sé que soy ese otro ojo, sé que soy ahora,  la única mirada en medio de la noche.
 
 

Visión nocturna
El silbido del aire se cuela por la tela blanca, fantasma que brilla entre la ventana y la noche. Afuera, lejos de mi mesa la ciudad es una sílaba sostenida, una puerta que se abre, la voz de ensueño de una mujer que conozco, el avión que, súbito, tocará la tierra. Tras el ruido construyo un mundo desigual. Línea divisoria entre mi cuerpo cerrado y la ciudad.
 

Visitación
Una paloma blanca en mi ventana. Miro su ojo, el misterio del mundo gira en su ojo seco. Atónita mi mano se extiende a la blancura.

Como dos enemigos se confrontan, como la nieve,  huye de mi tacto, sólo la posesión del aire es lo posible.

Queda su vuelo, herencia de ese mundo giratorio, la estela del mundo en mi ventana.

 
 
 
La estación
Tímida se borda en la orilla de febrero. Su rostro detiene el gélido punzar del aire y la tierra,  amorosa, cede su hondura a la semilla;

Al principio del tiempo. La granada perdida en los infiernos abre su amargura en el trino de las aves, este color es su regalo.

 

 La mancha
La mancha ligera en la pared me revela, en sí, la fragilidad del mundo.

¿Qué fascinación encuentro en ese círculo inestable? Quizá la inocencia descrita en la accidentada expansión. Una mancha amarilla, un tono que no es sol, ni árbol, ni pluma del pájaro naciente.

La mancha, un ojo único y herido. Es suya la exclusión, es zona orlada del peligro, el lado opaco de lo que no es.
 

 
Siesta
Habrá entonces el párpado ceder. En el vaivén te miro, garza lenta, resbalar hacia el silencio.

Suscribo mi paso al hechizo del aire: la tibieza deja flores abiertas, la geometría. Habrá que caminar sin mácula, otorgar a los objetos levedad. No irrumpir en la blancura del párpado sino liar sueño y danza. Suéñame: lentamente, rodando como perla por el precipicio del día. 

 

Imagen del pez
En su vitrina pende el pez. Lejano, es una lección de anatomía,

un discurso de vida ajena, un pequeño milagro en el ondular del reino. Quizá una remembranza del azul turquesa, quizá también imagen del prodigio en la caída.

Pende el pez y su mirada cristalina sabe imperios turbios, sagacidad, escape. Dice también de su extinción, de la frágil naturaleza. Dice más el pez en lo que no dice, en su lenguaje cifrado que remite a un tiempo antes de toda ciudad, cuando simples en la bañera mirábamos boqueando la grandeza de Dios.
 

Otros poemas de Mónica Nepote
 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.

Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
 



















martes, 22 de mayo de 2012

«Malaparte», de Mónica Nepote


Monica Nepote
(1970)
Malaparte

Esa ciudad que visitas cada noche
aquella de los muros blancos
en la que descubres -cada noche- el fósil.
Esa ciudad es tu ojo y tu oído
la de calles intactas, puertas ligeras
esa donde nadie habita
de telares mudos y pájaros calcáreos.
Esa ciudad es mi tributo
una pequeña estampa, un reino de agua
para que tu voz descanse.



Otros poemas de Mónica Nepote
 

 
Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”, Col. «La piedra que habla», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed., Tarancón de Cuenca, 2005, PVP 10 euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”
Col. «La piedra que habla»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2005
PVP 10 euros.
Neus Aguado, "Intimidad de la fiebre”, Col. «La piedra que habla», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed., Tarancón de Cuenca, 2005, PVP 10 euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es






 












 








 

miércoles, 4 de abril de 2012

«Estocolmo», de Mónica Nepote

Monica Nepote
(1970)
Estocolmo


Mi rostro tiene la huella de tu puño cerrado,
un sello cardenal.
Es perfecta la armonía,
el sollozo contenido,
corazones rabiosos.
Nos pienso así:
divinos, enlutados,
atrincherados en nuestras propias bombas
de tiempo.
La sumisión,
los cerrojos.
Ciega soy, estatua rota.
Si un dios decadente nos filmara
hasta el fin del mundo,
aquí estaría
roja y liada
ante mi hermoso verdugo.




Otros poemas de Mónica Nepote 

«Timbuctú»

 

Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.

Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.