El Toro de Barro

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sábado, 5 de diciembre de 2020

«Retrato de Luis II de Baviera», de Carmen Rubio

 

Ludwig, de Luchino Visconti, 1973

Carmen Rubio

(España, Andalucía 1948)

 

  Retrato de Luis II de Baviera

 
 
En un balcón de luna te ensimismas de noche,
en languidez y viento te desmayas.
Tus ojos -casi niños-
la ternura del labio,
se prenden al hechizo que Venus te encendiera
en el río de la sangre.
¡Qué llama te mantiene en el silencio,
qué espina reconoce tu herida intercostal
y qué nube ha velado
el mar de tu mirada aunque no llueva!
Pesa en los cortinajes,
la vertical delgada de tus dedos,
tu tacto -armiño o agua-
sobre la piel dormida del piano
o el plumón de ese cisne
que arrastra su lisura por tu frente.
Y vas loco de torre; loco de torre y gestas
que otros héroes no alcanzan,
por mantener bruñida la espada de Sigfrido,
por transmutar en carne
trémula de doncellas,
rocas de sangre y darte la vuelta al corazón.
Ni siquiera el destino
logró cerrarte el sueño,
bajo el sorbo de azules que se bebió tu mal.
Náufrago
-o sólo bulto-
quedaste en un sudario
de soledad, que asume un lago entre la niebla.
 

 

De su libro Galería para cobijarse de la lluvia

 


Grandes Obras de

El Toro de Barro


Sabas Martín
La jauría
Col. Cuadernos del Mediterráneo
Ediciones El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca 2000
16 páginas
ISBN









viernes, 30 de diciembre de 2011

"La casa", de Carmen Rubio.




Fotografía de Osselin
           
   

Carmen Rubio

  LA CASA




Nos muestra su fachada con residuos de cal.
Desde sus ojos ciegos,
cela la intimidad de su vacío.
En el cerrado espacio de la sala en penumbra,
se ha instalado un gran bosque
de sombras y raíces.

La casa, en su apatía,
se deja acariciar por las voces del agua,
del surtidor que trae noticias del jardín.
Es vieja. Ya no puede
relatarnos su historia antigua como el aire;
su historia,
mas oculta que el fuego de la tierra.

En la primera grada que da paso al jardín,
se le ha dormido el tiempo.
Despierta, como el búho
que se alumbra en la noche,
recorre las estancias con su traje de novia,
y corre las cortinas para que ningún rayo
irrumpa en su silencio
y así quedarse sola como un bulto
a quien nadie interesa.

Parece que esta casa,
como superviviente de un naufragio,
viviese recluida en su mudez,
tendida como noche en los aleros
para contar estrellas.


Fotografía de Osselin





Las fotografías -tan particularísimas como todo lo que sale de sus ojos silenciosos- son de Osselin, uno de los merodeadores más acerados de la decadencia de las cosas, y un artista realmente admirable.