El Toro de Barro

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martes, 14 de junio de 2022

«Los pájaros que no vemos», de Teo Serna

 

Teo Serna

(España, La Mancha, Manzanares, 1954)

Los Pájaros que no vemos

 

(I)
Los pájaros que no vemos,
aquellos que vuelan con sus alas escondidas,
con la carga precisa de huida y de impulso;
aquellos que arrojan su sombra
en las aguas de un río, en los charcos,
mientras escriben una estela de silencio muy
larga.
 
(II)
Pájaros que dibujan fronteras frágiles,
líneas de reactor a chorro,
jardines de rosas
taciturnas.
 
(III)
Tienen en sus alas esos pájaros
pequeños lastres de plomo,
senderos que nadie pisa de tan sutiles,
navajas perfectas para recortar
la luna.
 
(IV)
Los pájaros que nunca vemos, son,
sin darnos cuenta.
Hay rayos que los incendian,
los hacen cometas, círculos de fuego.
Hay relámpagos que espantan a estos pájaros,
resumen del vuelo y de la
llama.
 
(V)
Acuden a mí, ahora, pájaros que no veo.
Pero sé de sus trinos ocultos,
sé de una trayectoria invisible a mis ojos.
Sé que están ahí, aquí. 
Dentro.


De El azogue y la plata
(Inédito)


                         Carlos Morales, In nomine Auschwitz,
 (Antología de la poesía del Holocausto)
Con Introducción y prólogo de Fernando Navarro y Rafael Narbona
                       Última Línea, Málaga, 2022  PVP 20,85 euros.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.













jueves, 12 de noviembre de 2020

«La tristeza», de Teo Serna

 


Teo Serna

(España, La Mancha, 1954)

La tristeza

 

 


La mañana es un pájaro sin alas
en esta inmensidad de niebla gris;
es el aire ceniza de un país
que aparece en los mapas sin escalas.
 
Al aire detenido le regalas
una duda ondulante como un kris;
se esfuma el horizonte en claro anís
y exhala un humo tenue de bengalas.
 
“Es el otoño –dices-. De su mano
me llega la tristeza, la memoria
de esta luz, levantándose temprano”.
 
Queda una flor ajada: triste escoria,
como el temblor pequeño de un sonido,
de lo que fue belleza y es olvido.

 


Grandes Obras de
El Toro de Barro 
        Teo Serna,  "El labernto de los dioses”
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
carlosmorales59@gmail.com


























viernes, 17 de julio de 2020

«Ángel Crespo habla con la madre de Juan Alcaide en su funeral», de Teo Serna

Miguel Ángel


Teo Serna
(España, La Mancha, 1954)
 Ángel Crespo habla con la madre de Juan Alcaide en su funeral


Un poco de agua
para olvidar la muerte,
un poco de agua solamente:
para mojar los labios apenas,
para sentir que aún queda algo vivo
aquí,
que no todo ha muerto.
Un poco de agua para la sed
enorme de la muerte,
para llenar vasos de cristal,
bocas esmeriladas de cristal,
labios que ya no besarán más a Juan.
Un poco de agua para esa flor,
para esa flor que dormirá en el mármol,
mañana,
cuando ya nadie mire la cara
de tu hijo




Grandes Obras de
El Toro de Barro 
        Teo Serna,  "El labernto de los dioses”
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
carlosmorales59@gmail.com































martes, 16 de junio de 2020

"Envejecer", de Teo Serna





Teo Serna
(La Mancha, España, 1954)  
 Envejecer



Ver de otro modo la luz, el objeto,
las cartas que escribimos hace tanto;
ver en los vasos cercos, desencanto;
mirar fijo a la muerte con respeto.

Saber que ignoro todo, que aboceto,
oscuros, los dibujos que mi llanto
traza, como una ruta en el amianto
de un lenguaje larvado y muy secreto.

Sentir el peso leve de la piedra
que arrojaste a las aguas de aquel río
o el rastro vertical de alguna yedra.

Escribir lo que vi y no es baldío.
Y soñar que el azul de aquella tarde
es este mismo azul que quema y arde.

                                                         
Grandes Obras de
El Toro de Barro 

        Teo Serna,  "El labernto de los dioses”
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.
carlosmorales59@gmail.com


























viernes, 8 de junio de 2012

"6 momentos de luna", de Teo Serna

      



Teo Serna 
SEIS MOMENTOS DE LUNA





El poeta evoca a la amada que se manchó de luna

¡La Luna era un saurio blanco
tan redondo!
Inofensivo aparentemente
entre tus cejas,
inventaba amores de mercurio
como fugitivas esferas
en los dedos.

Se espantó su fósil
por mis manos
como Gioconda de azúcar
que perdiera su sonrisa en una taza.

Fue entonces un molino de colores
y de tiza
volando libre por tus ojos.



La luna con peineta baila una pavana

Grave es la pavana de la Luna.
(Sutil, el meriñaque
conjura a la espineta
con la rareza del beso disecado,
con el gesto extraño de la porcelana,
con un resquebrajado amor de laca china).

Blanca es la pavana de la Luna.
(Transparente, la mano
que pulsó la tecla dura,
roza la caracola quimérica de nube
que sabe a encaje de mar viejo,
amarillo y desgastado).

Lenta es la pavana de la Luna.
(Liviana, la peineta nacarada
extraña la música oscura
que huele a rosa asesina
de pétalos azabache.

Y quiere buscar un ciprés
para jugar a las tumbas).



La luna enseña su cara oculta al arcángel 
con alas de filigrana

Leve cuerpo, hermoso y glauco
arcángel que fosforeces
bajo mi pálido reino,
como insecto tremendo de santidad.
Transparentes las alas imprecisas
—apenas plumas que imagino—,
batientes como incienso evaporado.
Cabellera en el vacío de estrellas
más absoluto,
revuelto alboroto de galaxias.

Y tu sexo, en perpetuo desconcierto
de la sombra,
asombrado acecho del ojo inquieto
y la mano impura,
recortando siempre dudas verdinegras.

Mi rostro es ya secreto tuyo,
y tu pubis,
florecida escarcha de mi mano.



La luna afila su navaja azul

Para abrir la herida
en un enorme surco negro,
afilaré mi filo azul;
para encontrar el llanto
—que no es perdido sino
en tus mejillas—,
hallaré los pedernales
duros de la noche;
para acabar, sencillamente,
mi pequeño resplandor
buscará tu vientre
y dormirá allí,
como el eterno niño
que nunca nace.



  
Luna en paisaje con gramola

Se asomaba la Luna
como a una rendija circense.
La música sonaba,
lejana en la gramola de la noche
redonda,
como una promesa de epicéntrico
grafito.

Y aquel piano revolucionado
quería subirse a lo blanco
como un globo de papel
sube a la torre.



La luna derrama su vino sobre los poetas 
y los amantes

Y este vino maldito
que se aloja en mi copa
como un poso de oscura estrella
derramada;
este vino que trasmuta los conos
de cristal;
este vino que quizá desde siempre
me esperaba,
justamente escanciado,
sobre el mármol siempreblanco
y duro;
este vino-recordatorio,
como estampa de primera comunión;
este vino que no es sino extraña mariposa
circuncisa que aletea y resbala
una vez y
otra.



Enlaces con otros poemas de Teo Serna


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