El Toro de Barro

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lunes, 21 de enero de 2013

"Cámara oscura", de Joaqum, Amat-Piniella


 mara oscura




He olvidado qué hay tras los muros que me cercan.
No sé por qué el tiempo se desentiende de este dolor.
El mundo es silencio.
La vida es espera.
Soledad la muerte.
¿No ha venido nadie en esta noche de ceguera?
Nadie que trajera el mandato de los poderosos,
nadie que levantase la voz de los caudillos.
¿Por qué habláis, soldados, si nadie os comprende?
¿Por qué calláis, poetas, si en cada puerta ponéis la luz?
Y yo entre estos muros,
entre cortinas de sangre infecunda...
Yo que espero cosechas generosas,
y amores prolíficos,
y universos de paz.
Oh, el miedo del no ver, del no saber, del no sentir:
heridas las manos de andar a tientas,
encendido el pensamiento de preguntar sin respuesta,
sordos los oídos de esta martilleante mudez.
¿Quién querrá rescatarme de esta cámara oscura?
¡Venid, caballeros dorados de los días de sol!
Que los campos devastados no son estériles
y yo, que callo entre silencios, hablaré...




K. L. Mauthausen,
Noviembre de 1944





 
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© Del poema, herederos de Joaquín Amat-Piniella
© De la traducción, Carlos Morales 
 En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.


 






























 
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martes, 30 de octubre de 2012

"Los girasoles", de Joaquím Amat-Piniella






Los girasoles




Todo es frío en el entorno del jardín,
frío amarillo que sube de la tierra,
frío azul que cae de entre las nubes,
frío rojo que viene de los coágulos de la sangre.
Los girasoles han temblado de tanto silencio
y han abierto sus ojos gigantes
cuando el alba repleta de niebla
ha conducido a unos hombres a la muerte.
Ahora buscan en vano la piedad del aire
para borrar del todo el eco del fusilamiento...
La mañana será larga porque el sol se esconde
y el frío fija la angustia de la inmovilidad.
El resabio del crimen se alza del bosque vecino
y vibran las alambradas como un nervio herido
hasta donde el aire se reblandece y huye.
Y los girasoles tiemblan todavía más
ahora que el camino se hiela a la sombra de los muertos.
¿Quién ha convertido el mundo en un cascarón vacío?
¿Por qué el espacio está ausente sobre las losas grises?
No hay nadie para llorar.
No hay nadie para odiar.
¡Unos hombres han sido asesinados!
En el resplandor de la carne sacrificada
los girasoles han reencontrado la fuerza
para girar lentamente sobre sus tallos.
Los ojos gigantes miran, lloran, odian...





K. L. Mauthausen, 1944












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© Del poema, herederos de Joaquín Amat-Piniella
© De la traducción, Carlos Morales 
 En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.


 























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miércoles, 11 de enero de 2012

"Canción de octurbre", de Joaquín Amat-Piniella



 Canción de octubre 






    Ce bruit mystérieux sonne comme un départ
         "Chant d’automne", BAUDELAIRE



Por qué las nubes no se detienen en su vuelo
si su moverse es tiempo que se escabulle
y este tiempo es silencio y tristeza para mí?

¿Por qué los días no agotan su sucesión
si cada alba da vida a un presagio de tinieblas,
y cada crepúsculo, arcos voltaicos a mis ojos enfermos?

¡Reir o llorar, qué más da, si es abrir el corazón!

Sentir sobre los pulsos la pesadez, la debilidad,
el satén de los odios, las agujas de la afección;
ágiles los pies sobre las calles soleadas,
vacías las manos ya que es fortuna la fe,
encendida la mirada en busca de los azules de cobalto...
¿Quién ha puesto a mi paso la sordina de la decepción?

¡Oh, Dios, que rodeaste de prodigios mi ilusión,
pon el universo sobre un eje que rehaga los dibujos añorados
monta guardia de fuego en los caminos por donde huye el tiempo!

Y que las palabras tengan de nuevo el sentido único de su música
– pájaros que buscan los rumbos por los remolinos del aire –
que los gestos marquen solamente el ritmo de las danzas vírgenes
– árboles sufrientes en el huracán de las fuerzas invictas –
que las pasiones sean simples como el hambre o la sed
– frutas que irradian la voluptuosidad de su frescor –
que los gustos lleven el apremio de la codicia
– torrentes que en aluvión arrastran tesoros frustrados –.

¡Ah, la aridez de los vientos, de las aguas, de las tierras... de las almas!


Si ya no puedo ser yo, ¿por qué esperar el invierno?




K. L. Mauthausen,
octubre de 1944










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© Del poema, herederos de Joaquín Amat-Piniella

© De la traducción, Carlos Morales 
 En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.

 
 




















 








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