El Toro de Barro

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viernes, 2 de enero de 2015

«La luz», de Yannis Ritsos

Poema LA LUZ, de Yannis Ritsos; fotografía de Mario Spedicato. Libro de Referencia:Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Mario Spedicato


Yannis Ritsos
(Grecia, 1909–1990)
La luz
  Versión de Carlos Morales



                                     
Traviesos, reservados, tercos chiquillos que no sabíamos escuchar, oímos un día el silencio en plena noche y comenzamos a pronunciar extrañas palabras.
Conocimos así lo más valioso, lo que no se aprende en los pupitres sino en las radiantes escuelas de los árboles.
Si dijeras que no hicimos nada, que dejamos hundirse nuestro hogar, no tendrías razón.
Mira nuestro jardín y di.
¿Acaso no sabes que, si se desplomase, aun nos quedaría la luz para ayudarnos a levantar con un mejor plano nuestra nueva casa?
Mira, éstas son nuestras manos de plata, las que ayer trabajaron en un campo distinto. Distingue su resplandor en medio de las sombras, esas manos nuestras que nunca noche alguna podrá rendir jamás.




Otros poemas de
Yannis Ritsos




Grandes Obras de
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín"
Col. Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 




















 

jueves, 6 de febrero de 2014

«Qué alto conversan los pájaros cuando duermen», de Yannis Ritsos

Jean Francoise Millet


Yannis Ritsos
Los pájaros

Versión de Selma Ancira



Qué alto conversan los pájaros cuando duermen!
Se parecen a los niños que toda la noche repiten en sueños la tonadilla que recitarán en sus exámenes.
Nosotros no dormimos, escuchamos nuestras canciones que zumban como enjambres alrededor de las florecitas de manzanilla de los astros y alrededor de nuestro corazón.
Los adultos nos llaman flojos.
Pero nosotros conocemos el trabajo y permanecemos despiertos hasta el amanecer, laborando en el gran campo azulado para que no falte nunca el jardín del sol por encima de los jardines de los hombres.
Nosotros, aunque nos llamen perezosos, conocemos el trabajo arduo, sabemos qué significa arar, desde el principio, el más grande de los campos que día a día cubren las ortigas.
Nosotros sabemos cuánto se cansaron las doradas manitas de los rayos de luz para construir estas alegres ciudades de flores con abiertos balcones de rosas y altos campanarios de lirios.
Los demás únicamente ven los rayos y las flores.
No saben nada acerca de nuestra fatiga y de nuestras lágrimas.


 Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 PVP 10  euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

llegar limpia de nombres
a tu nombre
sin gestos del pasado
ni voces que reclamen
como recién nacida
que viera por vez primera
a alguien
que no fuera su madre
sin ecos reconocibles
y poder nombrar nuestra mirada
con palabras nuevas
que contengan
la profundidad

del primer día sobre la tierra
Otros poemas de 
Neus Aguado



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci