El Toro de Barro

El Toro de Barro

lunes, 11 de junio de 2018

«El viejo», de Anna Swirszczynska

Varsovia

(En preparación)

Anna Swirszczynska (Polonia, 1909 - 1984)
El viejo
(Traducción de Jonio González)



Un viejo
sale de su casa llevando libros.
Un soldado alemán se los quita
y los arroja al barro

El viejo recoge los libros,
el soldado lo golpea en la cara.
El viejo cae,
el soldado le da una patada y sigue su camino.

El viejo
yace en medio de lodo y sangre.
Bajo su cuerpo siente
los libros.



De su libro Talking to my Body
Washington, 1996.
Versión al inglés de Czeław Miłosz y Leonard Nathan
Versión al español de Jonio González



Otros poemas de Anna Swirszczynska


 Grandes Obras de 
EToro de Barro
 PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

llegar limpia de nombres
a tu nombre
sin gestos del pasado
ni voces que reclamen
como recién nacida
que viera por vez primera
a alguien
que no fuera su madre
sin ecos reconocibles
y poder nombrar nuestra mirada
con palabras nuevas
que contengan
la profundidad

del primer día sobre la tierra
Otros poemas de 
Neus Aguado



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci


 

   















domingo, 10 de junio de 2018

«Celebración 39 aniversario», de Daisy Zamora


Daisy Zamora
(Nicaragua, 1950)
Celebración
39 aniversario

(19 de Julio de 2018)



No hay nada que celebrar. 
El dictador y su mujer lo saben, 
pero han llegado a la plaza.
Suben a la tarima enflorada.
Debajo hay una montaña de cadáveres. 
Debajo hay heridos y lisiados.  
Debajo hay llanto.
Saben que no hay nada que celebrar 
más que la Muerte, 
que infiltra su hedor inconfundible 
entre las flores.




Nuestro agradecimiento a la revista mexicana La otra



Grandes Obras de 
EToro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo» 
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.

 






















domingo, 3 de junio de 2018

«Bulgaria», de Paulina Vinderman

Desconocemos el autor.


Paulina Vinderman
(Argentina, 1944)
Bulgaria




"We are such stuff as dreams are made of/

And our little life is rounded with a sleep."
"Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños/
Y nuestra pequeña vida está cercada por un sueño."
W. Shakespeare

Varna. Geog. Ciudad de Bulgaria, cap. del distrito de su nombre, en la costa del mar Negro. Escala de las líneas de navegación que se dirigen a Odessa, Constanza y Estambul. Centro industrial. Universidad. Emplazada en la antigua ciudad griega de Odesos.

Si el infierno fuera un color
ése sería el color de la piel de mi padre esta mañana.
Carver agregaría huevos revueltos en la sartén,
una hornalla carcomida, palabras pesadas como piedras,
piedras del color resinoso del suburbio.
Un perro amarillo olfatearía los restos,
y la enfermedad y el espionaje.
Pero no puede haber perros en el departamento de mi padre.
Hay un vaso irrompible de té a medio tomar
atrapando el sol
entre el reloj pulsera y una estación de tren
que emerge de la llanura más próspera de la tierra.
-Anoche soñé-quiero decirle-que sacaba un
pasaje para Bulgaria.
Pero es difícil hablar de sueños a un hombre como mi padre.
Ni sueños ni palabras. Escasas acciones (como
luces de linterna), salvatajes prolijos de rincón.
No entiende de plasticidad, no entiende de confianza,
él sabe de los bordes del mundo y de sus héroes
pero reduce su lírica a cenizas
y las guarda en su valija de cartón.
Aquellas estaciones de tren deciden su escenario,
el único que acepta
(por poco tiempo y esa es su tragedia:
el exilio, el no volver.)
Se diría que siempre lo espera
una partida de cartas sobre una mesa improvisada
con durmientes. El jefe de estación, el boticario,
el comisario del pueblo, a veces nadie.
A veces juega contra nadie, mi padre, en un vacío
que domina.
Un pacto de silencio con el destino.
Ni sueños ni palabras.
Ha roto con paciencia infinita, a lo largo de los años,
todas mis cartas
y conservó los alambres, cortaplumas, sacacorchos,
una agujereadora anaranjada y un cuadro
donde el mar está pintado con tan poca fe
que no sabe si quedarse cuando llegue la noche.
Ni sueños ni palabras.
Aprieta mi mano sin fuerza,
sus dedos se mueven buscando una oportunidad,
no una certeza:
mi presencia imposible en un muelle, una bodega,
con un perro de otro que husmea un viento de río
frente a un horizonte incendiado.
-Anoche soñé que sacaba un pasaje para Bulgaria-
quiero decirle.
Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un
mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.)
Inexplicablemente la ciudad está callada
y resuenan mis pasos sobre las calles.
Universidad, dice un cartel,
y otro me envía a las ruinas de un templo griego
que instala la armonía en mi ceguera.
Feliz y salvaje por haber escapado,
devoro una salchicha contra el portón de hierro
de una fábrica.
No me despertaré, me digo, no sabré nunca
que no estoy tan lejos como pensaba,
no me dolerá odiarte: como cien cuchillos,
como mil inviernos, como el anillo que estrecha
mi nombre y el tuyo,
como el lustre opaco que le dimos al encierro,
esta ausencia trabajada, padre, del color de tu piel.

De su libro Bulgaria  (1998)



Grandes Obras de

EToro de Barro
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín"
Col. Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
  





















jueves, 17 de mayo de 2018

«Encuentros», de Héctor Berenguer



Héctor Berenguer
(Argentina, 1948)
Encuentros


Los viejos retratos desatan sus nudos 
el que es un hombre se encuentra con el niño 
ambos se reconocen, se saludan, se perdonan. 
Somos imágenes pasajeras, dice el niño,
somos la suma de todos los que fuimos,
dice el hombre. 
Somos la pregunta, dice el niño, 
somos la respuesta, dice el hombre.
Hay una sola vida
que asoma con el niño
ríe y llora el hombre, 
Después algo nos asusta,
y la vida se esconde nuevamente en el retrato.
Nos dice adiós o hasta mañana.
Pero no volvemos a encontrarnos.


(Inédito)

Poemas escogidos de
Héctor Berenguer
«Niño viejo»

 Grandes Obras de 
EToro de Barro
 PVP 8 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

llegar limpia de nombres
a tu nombre
sin gestos del pasado
ni voces que reclamen
como recién nacida
que viera por vez primera
a alguien
que no fuera su madre
sin ecos reconocibles
y poder nombrar nuestra mirada
con palabras nuevas
que contengan
la profundidad

del primer día sobre la tierra
Otros poemas de 
Neus Aguado



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci


 

   














jueves, 3 de mayo de 2018

«Más allá de la muerte», de Francisco de Quevedo





Francisco de Quevedo
Más allá de la mueRte




Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.





 Grandes Obras de 
El Toro de Barro

Shamer Khair, enCarlos Morales COEXISTENCIA, Antología de la poesía isralí -árabe y hebrea- contemporánea.
2ª Edición.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

Cuando tocó mi mano con sus dedos,
cuando mordió mi mano
y dejó sus labios caer sobre mi boca
como una manzana, había nubes
cabalgando encima de la tierra,
y el fuego de su alma se agitaba
como el relámpago de una tormenta de verano.
No era un espejismo, no: la tierra era
un mar sediento y encrespado,
y cuando la abrazó la lluvia, mi corazón

se llenó de guitarras, y se atrevió a cantar.


Shamer Khair