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| Arthur Rothstein |
Rafeal Saravia
(1978)
Alcances
No
hubo dolor en la pobreza.
El amor, con su hinchada hegemonía,
fue tan grande como puede ser el amor en la
pobreza.
Yo no conocí el hambre,
mis huesos crecieron con crujidos pretéritos.
No conocí el hambre ni los platos dorados que
mitigan la gula.
Fui presencia en el olvido,
un margen agraciado en el asalto que el día
ofrece al que no tiene,
al que conserva el dulzor de la nieve durante
todo el año.
No hubo dolor en mi pobreza,
el lomo de mi madre resistió abundante y
frondoso,
doce horas al día su curvatura se apoderaba de
mi escasez
y el carbón nos hacía feligreses del calor ajeno
y sudado.
Era sagrada nuestra ausencia de bienes
y el olor a lluvia y gotera compensaba la
tristeza del sollozo.
Mi pobreza fue constante y suave,
rellena de manjares abundantes que suplían a
telas y platas
en medio de un candor soluble,
como el café en la escarcha de la ventana
o los sueños repletos de espartos
amados profundamente por la viuda más amada de
mi historia.
Yo no conocí el hambre y sí la fiebre.
Los sudores y la piel ajada me acompañaron en la
infancia.
Las mezquitas del amor se me ocultaron
y tan sólo el terrazo frío me aleccionaba en el
hogar.
Yo no conocí el hambre,
hubiese dado días de deseo por aliviar el peso
de mi madre,
pero mi estrechez fue colosal y su vida tan
enorme
como toda la que habita en los pliegues de mis
ganas.
De su libro
Llorar lo alegre
Otros poemas de
Rafael Saravia
Grandes Obras de
El Toro de Barro
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Salomón, "El Cantar de los Cantares”
Versión de Carlos Morales
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2003.
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