El Toro de Barro

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lunes, 14 de julio de 2014

«La neblina», de Hermann Hesse


Poema de Hermann Hesse, LA NEBLINA Lb. Ref: Carlos Morales, "Un rostro en el jardín”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2000.
Hermann Hesse
(Alemania, 1877 – Suiza, 1962)
En la neblina
Versión de Carlos Morales.




Qué extraño es vagar en la niebla,
entre la soledad de las piedras y de los arbustos.
Ningún árbol ve los otros árboles:
Cada uno está solo.

Colmado estaba el mundo de mis amigos
cuando mi vida era aún resplandeciente.
Ahora que la niebla cae
los ha borrado a todos.

En verdad, no hay sabiduría
en quien no conoce las tinieblas
que fatal y silenciosamente
de todo nos separa.

Qué extraño es vagar entre la niebla!
Vivir es siempre soledad.
Ningún hombre conoce al otro.
Cada uno está solo.



***


Im Nebel
                            
Seltsam, im Nebel zu wandern!
Einsam ist jeder Busch und Stein,
Kein Baum sieht den anderen,
Jeder ist allein.

Voll von Freunden war mir die Welt,
Als noch mein Leben licht war,
Nun, da der Nebel faellt,
Ist keiner mehr sichtbar.

Wahrlich, keiner ist weise,
Der nicht das Dunkel kennt,
Das unentrinnbar und leise
Von allen ihn trennt.

Seltsam, im Nebel zu wandern!
Leben ist einsam sein.
Kein Mensch kennt den anderen,
Jeder ist allein.



Nuestro agradecimiento al 




Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2000.
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2000.
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2000.


























 





5 comentarios:

Contracorriente dijo...

Como buen venezolano (y creo, Carlos, que te consta), corroboro lo expresado en la nota, agradezco el poema y, por sobre todo, doy gracias infinitas por el regalo de poder escuchar poema suyo en su voz. Soy de los conterráneos que admiran a Hesse, no exclusivamente por su prosa narrativa, sino por su iluminadora prosa ensayadora y su desatendida poesía, tan llena de luz y de sencillo, humano lirismo, el que -por ausente- tantos estragos ha causado en la comuna.
Gracias Carlos, una vez más...

Josefina Montes dijo...

La soledad va consumiendo la vida, de ahí la añoranza de los días compartidos y felices "ninguno es visible", nos dice el poeta. Un lirismo acentuado en este poema desgarrado de Hermann Hesse. Gracias Carlos Morales del Coso. Un abrazo.

Carmen F. Bernal dijo...

Bellisimo.
No lo conocis. Gracias...

Héctor Berenguer. dijo...

Qué extraño es vagar entre la niebla!
Vivir es siempre soledad.
Ningún hombre conoce al otro.
Cada uno está solo.

Estos versos de Hermann Hesse son una verdad irrefutable

Mery Sananes dijo...

Ay, mi querido Carlos, colocas un poema que de alguna manera todos hemos vivido en la plenitud de las ausencias. Pero la vida nos enseña que es sólo en los contrastes donde constatamos la reverberación de lo vivo.

Y cuando la niebla cae, limpia, con su densidad de agua que aún no es lluvia, nos entrega los parajes de las compañías que nunca fueron nuestras. Y Hesse lo sabe y lo dice: no hay sabiduría en quien no conoce las tinieblas. Y la sabiduría mayor que nos otorga –si los sabrás tú, Carlos- es que vivir en soledad, en medio de la historia de un mundo fragmentado, donde no es posible que un hombre conozca a otro, es el único territorio donde el vivir muestra las alas que no ha podido utilizar, la alegría que nunca se conquistó, la plenitud que se silencia en el corazón del follaje.

Y allí en ese silencio, única pertenencia verdadera que aún tenemos, es que sentimos fraguar la vida que llevamos con nosotros, respiración o latido, abrazo que no alcanza al otro, pero que se entrega con la belleza de un pájaro liberado.

Pero no he dicho nada que Hesse no nos hubiera sugerido en este poema, tan hermosamente traducido por ti, Carlos. Ni algo que tú no hubieses descubierto en medio de tus noches estrelladas. Gracias, por sacudirnos.