El Toro de Barro

El Toro de Barro

miércoles, 16 de diciembre de 2020

«L´albatros», de Alda Merini

 

Therese Duncan on the Acropolis,1  Athens, 1921, por Edward Steichen 

Alda Merini

(Italia, 1931-2009)

  L’albatros

Traducción de Carlos Vitale

En Via Sole blog.

 

 
Yo era un ave
de blanco vientre gentil,
alguien me cortó la garganta
para reírse,
no lo sé.
Yo era un albatros grande
y revoloteaba sobre los mares.
Alguien ha detenido mi viaje,
sin ninguna caridad de sonido.
Pero incluso tendida en el suelo
yo canto ahora para ti
mis canciones de amor.



Grandes Obras de 
EToro de Barro 


Amador Palacios
ESTANCIAS
Col. Cuadernos del Mediterráneo
El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca, 2005.

































«Es un canto», de Víctor Toledo

 


Víctor Toledo

(México, 1957)

  Es un canto

 

 

Hay un canto que si dejara salir
Rompería el cristal del universo
Es un canto que guarda todo lo que he querido amar
Y no he podido
Hay un canto que ha amarrado mi verdadera pasión
Tan poderosa que al sol derretiría
Desbordaría los océanos, terminaría el infinito.
Un canto que esconde todo lo que he querido solitariamente
Y que si hubiera tenido su otro igual correspondido
Aquél se hubiera transformado
En un lago, una estrella, otro planeta
Que hoy no existe.
Hay un canto que enlaza las más bellas y hondas canciones en el mundo
Pero que no se agota
Es un canto tan alto
Que hace brotar los hongos en la luna
El hades en el cielo
Y el paraíso en las palmas de tus manos.
Es un canto que es las almas de los muertos renacidos
Es el canto de todos los deseos incumplidos
Es el canto que nos levanta
Cada día para vivir
Y que sabia, humildemente se conforma con callar
Para no afectar el cuerpo que lo carga
Pues sería por todos destrozado como un loco.
Es el canto que cultiva mi jardín
Y hace aparecer sus flores
En otra constelación
Y en la galaxia perlada de tus senos.
Tan hermoso es este canto e inmortal
Que he decidido soltarlo poco a poco
Para que no se muera con mi cuerpo
Al que hace longevo y sin final
Para que cuando yo me vaya salve al mundo
Es un canto que todas las lenguas del orbe
Apenas contendrían
Que expresa todas las teorías que pudieran existir
Y el secreto más profundo de la vida.
Es el canto que he escrito para ti
Y que sólo por ti podría ser contenido y cuidado cuando salga.

 

De su libro Fin del tiempo, Argentina, 2016.

 

                                 Grandes Obras de 

EToro de Barro 
La cicatriz del humo
de Amela Einat

ISBN 84-95543-89-3.

Col. Biblioteca Internacional del Holocausto.
Editorial El Toro de Barro, 80 páginas.
El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2004.
PVP: 8 euros




































lunes, 14 de diciembre de 2020

«Nací», de Lucille Clifton

 


Lucille Clifton

(EEUU, 1936-2010)

  Nací

Traducción de Rosa Lentini y Susan Schreibman

 

 
 
nací con doce dedos
como mi madre y mi hija.
cada una de nosotras
nació llevando extraños guantes negros
bebés con dedos de más asomando por los bordes de las cunas y
bañándose en la leche.
temían que aprendiéramos hechicería
y nos cortaron los portentos
pero nunca comprendieron
la poderosa memoria de los fantasmas. ahora
cogemos lo que queremos
con dedos invisibles
y nos comunicamos
mi difunta madre mi hija que está viva y yo 

 a través de nuestras terribles y oscuras manos.




Del libro Siete poetas norteamericanas, Ed. Pamiela, 1991


Grandes Obras de

EToro de Barro

Arturo del Villar

LA POESÍA DE ERNESTINA DE CHAMPOURCIN
(Estética, Erótica y Mística)

Colección Ensayo
Ed. El toro de barro
Tarancón de Cuenca, 2002.
PVP: 12 euros











































«Palabras del zambullidor de Paestum», de Roberto Mussappi

 


Roberto Mussapi

(Italia, 1952)

  Palabras del zambullidor de Paestum

Traducción de Carlos Vitale

En Via Sole blog.


 
Yo soy el alma de tu padre, el zambullidor:
te he seguido cada día, estoy a tu lado,
conozco como entonces tus zonas de sombra,
el lenguaje de los movimientos trazado por tu cara,
nada ha cambiado desde entonces, en este sentido.
Esto es lo primero que he descubierto,
lo primero que quería decirte: no cambia la percepción
de tus momentos, como no cambiaba
de noche, en el sueño, o por la distancia.
Sé que este soplo mío (desde el fondo del agua,
entre las anémonas)
será para ti como mis palabras de antaño:
que te infundían memoria y valor,
más que el vino o que una mujer que te mira.
Mi primer descubrimiento, la primera verdad es que nada
se rompe en el secreto del alma.
El resto es confuso, es pronto
para intentar contarte,
corales, anémonas, vidas que se dibujan con un movimiento
de agua y se disipan al instante.
No todo es luz, transparencia, silencio,
galerías de oscuridad, respiraciones contenidas, luego voces
que inhalan en mí como si hablase.
Me deslizo hacia un fondo cada vez más distante
y siento que una luz sumergida me llama desde oriente:
no sé dónde acaba, por ahora,
no sé qué es, pero sé qué amor
la mueve y determina su respiración.
De este viaje hablaré más adelante,
cuando la experiencia sea conocimiento,
puedo hablarte de cuanto he dejado,
sobre la superficie azul de las aguas,
entre las arenas blanquísimas, las palmeras,
la sombra de los olivos, el vino
vertido de las ánforas:
ama la tierra rosa en el ocaso,
sumérgete en el mar para jugar, como un tritón,
saborea la fruta, el pan, bebe y come,
escucha las risas de las muchachas,
busca su boca, ríe y desespérate,
agradece cada día tu país resplandeciente.
Yo no soy tu padre sino su alma,
no soy aquello que vivo sino recuerdo,
la ribera, la piscina, los colores que forman
el extraño dibujo de la vida mortal.
Vive en esa cerámica deslumbrante y espera
cuanto sabré decirte más adelante, al final del viaje.
Pero ahora que duermes como cuando en una cuna
parecías buscar los secretos del mundo,
ahora que tienes las espaldas más anchas y los cabellos más ralos,
escucha las palabras de mi alma
no sé mucho de ella, de mí misma,
(es pronto, hijo, no conozco bastante,
apenas he comenzado, estoy nadando),
no pienses en mi cuerpo (es tarde,
perlas, los que fueron mis ojos,
y mis labios reducidos a corales),
pero conozco su matrimonio,
cuando vivían al unísono en el mundo
y yo, el alma de tu padre, el zambullidor,
te entrego sólo esta experimentada certeza
(desde el fondo del abismo, en el escalofrío de la zambullida): 
 que también el hombre puede amar eternamente.



Grandes Obras de

EToro de Barro


Rosa Alice Branco
Caligrafía
Traducción de Mercedes Escolano
Colección Cuadernos del Mediterráneo
Ediciones El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca 2001
16 páginas
ISBN: 84-95543-14-1
















































sábado, 12 de diciembre de 2020

«El último parto», de Héctor Berenguer

 

Patricia Macbride por Paul Himel

Héctor Berenguer

(Argentina, 1948)

  El último parto

.

Ahora
que te ahoga el último parto,
no pierdas la fe.
No es menos terrible
este instante
que la vida entera.
Toma al niño que fuiste
el que te dio las palabras asombradas
en la luz estremecida
de tu carne .
Ve y apaga con él
las últimas estrellas.
Nadie
es valiente ante la muerte.
Frente ella,
todos tenemos miedos
o amores perdidos.
Ventoleras de adioses
sacuden la vida.
La luna se hace astillas
en las aguas y lava tus ojos         en la noche más honda.
Mañana
serás invisible

                para todos.



Grandes Obras de

EToro de Barro


Florentino Huerga
Pasos en la arena
Ediciones El Toro de Barro
Carboneras del Guadazaón, Cuenca 1972
ISBN: M-3765-1972

"Retrato de una mujer", de Reinaldo Uribe

 

Dina Vierny fue la última modelo de Maillol, un ideal de belleza mediterránea que posó para el artista entre los años 1934 y 1944. La fotografía es de 1938

Reinaldo Uribe

(Argentina, 1951 – 2013)

  Retrato de mujer


 
Los nombres de mujer
no se escriben con tinta
ni llanto ni sangre ni aerosol
ni sobre las piedras, los nombres de mujer
nunca se se graban.
Ni en las cortezas
de un árbol,
no sirven para encabezar poemas.
No quedan grabados en las sábanas,
no quedan en las secretas cartas que se borran.
No se ocultan ni en la luz ni en las tinieblas.
Ni sobre las huellas de nuestros propios pasos.
Los nombres de mujer no se pierden
ni quedan confinados a un conjunto de letras sin sentido.
Los nombres de mujer no se escriben
no se recuerdan ni se olvidan.
No son
sino la imagen de nuestro propio rostro en el espejo
que nos mira en silencio
y nos pregunta
¿Que hicimos para merecer su nombre ?

                    Grandes Obras de
EToro de Barro 

David Escobar Galindo
El despertar del viento
Ediciones El Toro de Barro
Carboneras del Guadazaón, Cuenca 1972
ISBN: M-27991-1972


















viernes, 11 de diciembre de 2020

«Es la voz de mi madre», de Mónica Mera

 


Mónica Mera
(Argentina, 1963)

  Es la voz de mi madre.

 

Es la voz de mi madre
la que me escucho
viniendo de lejos.
Me llama
Moni, Mono, Monito.
Son los pies de mi madre
diminutos los que caminan por el pasillo.
Cuidado mamá con mis rengueras
y mis golpes,
se desarma mi cuerpo bajo tus pisadas.
Estoy exhausta mamá,
préstame tu bastón
caminemos por la Rivadavia
hasta el bar Avenida
tomemos un cortadito
mientras papá
juega al ajedrez.
Es la risa de mi madre la que suena
y mueve la panza donde yo duermo.
No me despiertes mamá
quiero soñarte ahora que es verano
y tenemos que ir al mar.
No me despiertes
llévame al mar, mamá.


Grandes Obras de 
EToro de Barro
Viento fresco es, sin duda, el libro más atrevido del poeta Jesús MunárrizPublicado en el año 2000, le sirvió al director de la prestigiosa editorial HIPERIÓN para escenificar un gesto de complicidad de los primeros momentos de creación literaria con el movimiento postista, a cuyos líderes de su "segunda hora" -en especial Gabino-Alejandro Carriedo- le unió una estrecha amistad.