Mujer embarazada en Marraquesh
POESÍA AMOROSA TUAREG
Versión de Carlos Morales
La arena
Piensa en los millares de años que han sido necesarios para que la lluvia, el viento, los ríos y la mar hicieran de una roca esa capa de arena con la que estás jugando.
Piensa en los miles de seres que han sido necesarios para que tus labios estén cálidos bajo mis besos.
Como el peregrino se abluciona con arena, alzo en mis manos dos puñados de este polvo de oro con que tú juegas y cubro mis espaldas....
La batalla
Habíamos agotado las palabras de amor.
Callamos entonces, y al igual que el silencio que se establece entre dos ejércitos dispuestos para la batalla, hubo un silencio profundo entre nosotros.
Y libré la batalla de amor. El ruido de los sables estaba en nuestros besos. Los suspiros de los heridos en nuestros estertores. La algarabía de los carros de guerra estaba en las arterias...
Y te conservé, contra mí, como un estandarte destrozado.
La bailarina
Alta, delgada, se irguió, las manos en la nuca.
Cuando evoco esa belleza, se agita mi viejo corazón.
Había bailado algunos de los bailes de su tribu: la danza del Sol, que es una danza vertiginosa; la danza de la Luna, que es una danza mesurada; y la danza de la Muerte, que es una danza inmóvil. Pero aún no había bailado la danza del Amor...
El Sol, con su cortejo de alegrías; la Luna, con su cortejo de melancolía, y la Muerte, con su cortejo de dolor, habían bailado ante nosotros. Pero el Amor esperaba que arrojáramos las rosas sobre el tapiz de su celebrante...
De pronto, dos niños la despejaron de sus velos, y ella, con un gesto, despidió a los músicos.
Bailó primero con los ojos y con sus párpados, alados de pestañas. ¡Entre sus dos manos, su cabeza pesaba un mundo!
Por último, su rostro se iluminó, dió tres pasos, su cuerpo arqueado, las manos abiertas, en un gesto de resolución apasionada...
Y de repente, se enderezó y nos dedicó sus manos,
que habían aprisionado el perfume de las rosas...
El destino
(Canto de despedida)
El amor de una mujer es la sombra de una palma sobre la arena. El amor del hombre es el único simún que puede romper esa palma y fijar, así, su sombra...
¡Messauda! !En la noche de tu tumba recuerda el jardín solitario adonde te conduje un día!
Era un jardín engarzado entre murallas tan altas que las cimas de los árboles no las alcanzaban.
Era un jardín engarzado entre murallas blancas, como una esmeralda escondida en una flor de magnolia...
¡Messoudá, Messoudá! ¡Recuerda aquella mañana en que te doblegaste bajo mi amor, como una palma bajo el simún!
Pero a fuerza de soplar, el simún cubre ahora la rama que rompiera...
¡Oh, mi larga palma, que la arena sea ligera y no pese ya sobre tu tumba!...
La voluptuosa
Había bailado la danza más voluptuosa: la de los cuatro encantamientos.
La cabeza echada hacia atrás, los brazos horizontales, sus dedos agitados, había mimado, en su maravillosa desnudez, los últimos estremecimientos del amor.
Los tocadores de flautas, acurrucados detrás de ella, acababan de modular el himno nupcial de las doncellas de su país.
Sin esperar a que su compañera se echara sobre sus espaldas el velo amarillo de las vírgenes, se había dejado caer cerca de la fuente, donde nadaban las rosas, apoyando su frente afiebrada contra el mármol helado...
Antes de partir, al felicitarla, como le preguntara si amaba la voluptuosidad, me miró con sus grandes ojos, ¡asombrada!
Ignoraba lo que significaba esa palabra....
El sueño de los lebreles
A la sombra alargada de un ciprés, mis dos lebreles duermen, como yacen las flechas en la aljaba.
Cierra dúlcemente la puerta y ven a acariciarlos: tu mano hará que en sus años se levante la frescura de un arroyo del Líbano.
La serpiente
Se había sentado sobre mis rodillas...
Yo había deslizado mi mano bajo su túnica, y con voz indiferente hablaba de los rebaños, de la agilidad de los perros, de la hierba que crece...
Sus piernas eran lisas y firmes. Al fín me pareció advertir que la acariciaba...
-!Hay una serpiente bajo mi vestido! -dijo entonces, riendo...
-Justamente -le contesté-, la estoy buscando...
El alfarero
Inclinado sobre el torno, como un amante se inclina sobre el tapiz donde reposa su bienamada, el alfarero contemplaba la arcilla y sus ojos se iluminaban.
Cerrando poco a poco su mano, acarición la masa, que se contrajo como un torso recorrido por un largo beso....
Un último toque, la arcilla se alargó en forma de huso, y admiré la urna que acababa de surgir, parecida a tu cuerpo cuando te yerges en nuestras alfombras, extática, y desnuda...
(Estos poemas han sido traducidos del francés por Carlos Morales, partiendo de la edición francesa de El Jardín de las caricias llevada a cabo por Franz Toussaint. La deliciosa fotografía del seno que emerge del maíz, es de Eva Reguera. La de la mano, de Luis González de Palma y Patricia de Oliveira. Hay dos momentos espectaculares de danza: la de la mujer que gira enfebrecida la cabeza hasta convertir sus cabellos en auténticas dagas que cortan el aire fue obtenida en el interesantísimo blog de Paola Jara: se trata del ZAR egipcio, una danza catártica prohibida por la Sharia, y que solo se ejecuta ante mujeres; la de la bailarina que abandona en su mano su hermosa cabeza, corresponde a un momento de danza representada por el Saada Tribal Group)
13 comentarios:
uuufffff
Silencio
Besos y amor
je
la traducción.....
je
Le tengo miedo a la ciencia de tus ojos.HERMANA
A perder la gloria que me enseña el Ser Supremo.
Soy nubes en el cielo.
Me deslizo como se desliza el viento,
http://amalialateano.blogspot.com
Feliz Año Nuevo, gracias por traerme.
¿Es su esposa en la primer fotografía?
Una belleza de poemas. Un placer leerte. Besos, cuidate.
Muy bellas y sensuales poesías mi estimado Carlos, me gustaron mucho, así como tbn las imágenes.
Agradezco además tu comentario sobre Quirarte, muy estimulante sin dudas.
Amigo mío, siempre es hermoso comprender los sentimientos de los poetas, por suerte ambos lo entendemos así.
Besos desde este Sur muy tórrido.
REM
Señor mío:
En nombre de todos esos momentos,todos éstos buenos años, paso a dejarle líneas entrañables, del día a día de sus palabras, entre miradas, celosa de compartir. . .orgullo. . .de tenerle en la rutina de un amanecer. . .en la copa compartida de vino al anochecer. . .Gracias, esposo mío, por ese regalo hecho poesía. . .
Aira
. . .y si, soy su esposa. . .
Aira
¿Hay biografía de carlos morales?
Aquí tienes la biografía de Carlos Morales. Se halla incluida en el Blog de los AUTORES DE EL TORO que aparece al comienzo de este espacio.
Un saludo
Vaya, me pierdo entre tanta buena poesía. Las traducciones tienen buen ritmo. Las imagenes muy sensuales, como la propia poesía.
¿Conoces a la bailarina Gigi Hayat?, la recordé al ver a estas mujeres.
http://www.youtube.com/watch?v=IZdt23_tHg4&feature=related
Mo sabía que El toro y Carlos Morales eran la misma persona. Había leído antes un buen relato tuyo,recomendación de Pedro Glup.
Tu selección de poemas me gusta. Tu estilo comentando y escribiendo también.
Saludos ( y gracias por tus visita)
Esta poesía destaca como cedro, ya dije, en medio de la vulgaridad imperante. (Con todas las propiedades de este árbol milenario). Cautiva su perfume. Da sentido de eternidad "atemporal", como una ensoñación de vidas pasadas y distantes en las que en espíritu hubimos participado.
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