El Toro de Barro

El Toro de Barro

jueves, 11 de octubre de 2012

"Resplandores en el bosque", de Antonio Tello





La ninfa durmiente, de Antonio Cánova






Resplandores  en el bosque





N o es el murmullo del agua
lo que oímos a orillas del río.

Ni el susurro de la brisa,
ni el rumor de los sauces.

No son las voces del bosque,
ni el paso de las estaciones.

Es desespero de ramas verdes.
Adioses en pos de la corriente.

El río es silencio que fluye. Lo que
oímos no es el rumor del agua.


El abrazo es el escudo de los amantes.



 A ntes de que la miel reboce y endulce el
tronco del árbol, la abeja ha libado la flor.

El panal es memoria asida a la piedra.
Voluntad y gozo que nutre la vida.

La miel que él rezuma es saliva y néctar.
Murmullo de la obrera, su dulzura.



T u cuerpo es la tierra donde nacen los ríos.
Tus dedos los que alivian el tronco del árbol.
Tu boca, la fuente que riega sus raíces.



Es quizás tu risa la que trae las lluvias?
Los amantes ríen. Se abrazan. Y en el abrazo
son. El fragor. La tormenta. El tumulto
de las nubes. El relámpago del verano.
Ajenos al dolor. Se entregan. Los amantes.
La caricia. El viento. El trueno entre las espigas.
Son. La gota que colma los campos. Sus cuerpos.
Desnudos. La espesura. De ellos nace,
con gemidos de nieve, la primavera.



 L a mano que ha conocido la caricia
restaña la sangre y cura las heridas
que en el árbol el hacha o el viento dejan.



L os amantes ríen. Se abrazan. Y en el abrazo
son. El fragor. La tormenta. El tumulto
de las nubes. El relámpago del verano.
Ajenos al dolor. Se entregan. Los amantes.
La caricia. El viento. El trueno entre las espigas.
Son. La gota que colma los campos. Sus cuerpos.
Desnudos. La espesura. De ellos nace,
con gemidos de nieve, la primavera.



 L os amantes! ¡Oh, los amantes!
¡Qué cerca están de lo que pierden!



L a fruta es la inicial de los amantes.
La última vocal del paraíso.




el fauno y la huérfana recuerdan
 el futuro recuerdan
 cuando las criaturas del bosque renazcan
 cuando vuelvan las estaciones
 y con las estaciones los sueños
 los dioses serán otros recuerdan
 otros los dioses que gobiernen el bosque.
 El jaguar y la ninfa recuerdan
 el futuro recuerdan
 Los dioses lo saben
 ráfagas de furia
 hieren el misterio de la fronda
 y vueltos los ojos al yermo
 caigo
 sin asidero
 incendiadas las ramas del árbol
 al abismo
 sin asidero tu nombre
 tu nombre
 en la boca muda del origen
 sin asidero sigo cayendo en el silencio
 o las estaciones




De su libro





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© De los poemas, Antonio Tello

En caso de reproducción, rogamos se cite su autoría.
 

























Página maquetada por Carlos Morales para El Toro de Barro



miércoles, 10 de octubre de 2012

"Arrancando belleza", de Isabel Mercadé








Arrancando belleza


Un poco de belleza
no resignarse
arrancarla
bajo los andamios
o sobre el ruido
danos un poco
                                     Dios
entre el miedo y la sombra
y la luz.
























lunes, 8 de octubre de 2012

Poesía Catalana: José María Micó, "Lapida de la noche triste"








 
José María Micó
Lápida de la noche triste




 

Sé que no está, pero he venido a verla.
Sé que de cualquier muerte tan lejana
solo suele quedar un breve asiento
en algún libro de registro.
Ahí estuviste tú, padre del padre,
llegado de tu tierra a la conquista
de una vida mejor en Cataluña.

Una vida menor,
cortada por la luz,
interrumpida sobre un surco ajeno,
y aquella noche triste,
con tu muerte sin sangre,
supimos que en el barro se quedaba
mucho oro perdido,
todo el botín de un héroe sin épica.
Después,
lo que no te robaron,
también diezmado y sucio,
cruzó sin alegría la frontera de Francia.

Yo cruzo sin tristeza el confín del olvido.
Sé que todas las muertes
acaban pareciendo naturales.






 


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© Del poema, José María Micó.
En caso de reproducción, rogamos se cite su autoría.























"Breve reflexión", de Jordi Virallonga










Breve reflexión



A veces sucede que se termina el año,
que hemos bebido mucho, queremos sexo
o charlar o que no se termine la noche
tan como la habíamos previsto,
porque van a venir las voces
a ocupar el lugar del sueño, o los ángeles
no permitirán que suceda nada malo
y un vacío simple nos ocupa la ternura
que habría que llenar urgentemente
con un cuerpo que nos cubra, un sudor a satisfecho.

Pero la decencia enseña
que hay que poner en juego la entereza,
la prestancia, el sentido del ridículo,
el orgullo, esa autosuficiencia
que nos lleva a la cama solos,
muy despiertos y pensando
lo jodidamente dignos que hemos sido.





De su plaquette








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© Del poema, Jordi Virallonga.
©  De Poemas de amor descortés, El Toro de Barro.
En caso de reproducción, rogamos se cite su autoría.