viernes 27 de julio de 2007

Carlos Morales, "La danza del Burka"


Carlos Morales

LA DANZA DEL BURKA
(Madrid, 11 de marzo)

A Joelle Anidjar y a Mónica Uribe de Tomblai

La fosa cavad en el cielo las rosas bordad
los muertos del aire
clavad en los muertos la luna gamada
la mancha sajada in nómine dei
dejad dormida en los trenes
y alzad los tambores las reses que yacen alzad
las palas las flautas las dulces campanas
las puertas cerradas de hierro en el cielo pintad
la bosta en la cama común un burka en la fosa
que pájaros dancen
que suenen las ruedas del aire las arpas de rojo
las flautas más hondo en las cruces colgad
la sangre que luce
las flautas que sopla el silencio del alba
las puertas cerradas los trenes abrid un lecho en la noche
abrid una noche el cielo a canal
tallad sobre el cielo las cruces los muertos del aire
los cielos cavad en los ojos más hondo
los muertos pintad en el aire la noche más triste
las bestias cubrid las testas dormidas volad
con velos rasgados los trenes partidos que arden
alzad en el alba las rosas felices de marzo
que brille en la noche la luz del carnero
y dance la sharia
que baile la pala que bala in nomine Auschwitz
que baile la sharia gamada in nómine dei un burka en la fosa


(Del libro Salmo
)


La fotografía es de Derrick Santini

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo que se pueda expresar mejor el asombro ante la barbarie islámica. Imágenes arrolladoras, lenguaje roto, visiones enloquecedoras, todo ello hecho desde dentro, desde la piel del mismo criminal.
Un poema fantástico, que me recuerda por momentos el Todesfuge de Paul Celan....
Y hacer ésto al mismo tiempo que versionar el Cantar de los Cantares es, cuando menos, sorprendente, y digno de un poeta verdadero como Carlos Morales, al que desconocía...

Paul Schroeder
(Colonia)

Nervinson Machado dijo...

Intentar conciliar la tristeza y la belleza con la fidelidad del hombre herido, nos entrega una delicadeza que, no bastando con un grito desesperado, nos da un poema de distintas nacionalidades. Una de ellas es la mía. Por supuesto no la venezolana, sino mi verdadera patria, la utopía. Este poema, entonces, es mi patria.

Su lenguaje como péndulo nos hace balancear entre los verbos “imperativos”, ya casi sin uso, por lo menos en esta parte del mundo (Latinoamérica), para indicarnos que ellos siempre hablan en presente, como ese voz actual que se atrevió a decir: los muertos del aire/ clavad en los muertos la luna gamada. Por otro lado cuando el péndulo sigue su camino sabe de antemano que ha partido desde “algo” que ya se le pede llamar pasado, y que ahora al llegar al otro límite, a donde dicten su fuerza newtoniana, nos regresará en su viaje a Auschwitz, como un pasado palpable; al cruel pasado que se atrevió a colocar en una puerta: el trabajo te hará libre, mientras 4500 cadáveres diarios eran sacado por la otra puerta, la trasera. El poema se vuelve actual jugando con la memoria, con el cruel recuerdo que no tiene nada que envidiarle al presente, y la voz en Latín lo ratifica. No hay poema actual y visionario que quede exento de mojar su pluma en la oscura tinta de la historia. En eso, tal vez por caprichoso, me hace recordar a mi bien querido León Felipe; poeta que tanto admiro. No con esto trato de hacer una comparación, tan odiosas y prestas en muchas ocasiones a restar más que a sumar, valor a las obras.

Quedo ahora pensando si el poema de Carlos Morales (La Danza del Burka) me tiene que dejar o desterrar de mi patria (la utopía), o si simplemente cierro los ojos y dejo las palabras seguir su curso natural dentro de mi cabeza, y me dejo guiar por esa pasión tan fuerte y aunarme al dolor de la pérdida de una persona querida, como es su caso actual. Tal vez deba dejar que el péndulo siga oscilando, pero sólo entre el silencio que otorga el poema y el apretón de pecho que me queda ahora.

Nervinson Machado.

quantum dijo...

Llueve el dolor en cada verso. Y hay una energía santa que hace esta lluvia fecunda.
Mi abrazo, Carlos.

JuanBM dijo...

El poema me enmudece, llevándome como a una noche sin escapatoria. Esa noche en la que algunos hombres esconden su sanguinaria faz detrás de la máscara de lo pretendidamente sacro, algo que también sucedió antes y no hace mucho en el mismo corazón de Europa. Ya Freud descubrió detrás del super-yo la voz de la muerte susurrando. Voz de muerte con rostro de Dios pidiéndo en un tabernáculo la muerte, el sacrificio de su obra imperfecta.


Lamento la pérdida tan sentida.

Un abrazo