El Toro de Barro

El Toro de Barro

domingo, 6 de octubre de 2013

Psª del Holocausto. «Químico», de Paul Celan

  
Aurora boreal en Islandia

Estudio, selección y notas de Carlos Morales.
(En preparación)  


 (1920-1970)
Químico
Versión de Pablo Oyarzum



Silencio, cocido como oro, en
manos
carbonizadas.

Grande, gris,
cercana como todo lo perdido,
figura de hermana:

Todos los nombres, todos los nombres
quemados
con ella. Tanta
ceniza que bendecir. Tanta
tierra ganada
sobre
los ligeros, tan ligeros
anillos
de almas.

Grande, gris, sin
escorias.

Tú, entonces,
tú con el pálido brote,
cascado por mordisco.
Tú en el torrente de vino.

(¿No es verdad, también a nosotros
nos despidió este reloj?
Bien,
bien como aquí murió, al pasar, tu palabra.)
Silencio, cocido como oro, en
manos carbonizadas,
carbonizadas.
Dedos, delgados como humo. Como coronas, coronas de aire,
alrededor de — —

Grande. Gris. Sin
rastro.
De
rey.

De su libro
La rosa de nadie  (1963)


Otros poemas de Paul Celan en torno al
 Holocausto

«Corona» (1952)    *    «Fuga de la Muerte» (1952)    *     «Tarde y profundo» (1952)    *    «Argumentum e silentio» (1955)    *    «Ante una vela» (1955)    *    «Nocturnamente enfadados» (1955)    *    «Tenebrae» (1959)    *    «Wolfsbohne» (1963)    *    «Cavaban» (1963)    *    «Salmo» (1963)    *    «Radix, Matrix» (1963)    *    «Químico» (1963)

 Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Eugenia León, "Ahogada sirena, La
Los poemas de una niña de 10 años de edad.
Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro.
PVP 10 euros.
Tarancón de Cuenca, 2002.
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es

 























miércoles, 2 de octubre de 2013

«Poema en Octubre», de Dylan Thomas



Dylan Thomas
 (1914-1953)
 
Poema en Octubre

Versión de José Luis Rivas




En mi trigésimo año camino del paraíso
fui despertado al oído desde el puerto y el bosque vecino
desde la playa con su banco de almejas
y su garza diciendo misa.
La mañana me hacía señas
Con el agua que reza y los responsos de la gaviota y la corneja
 y el cabeceo de los botes de vela contra el palmeado muro de redes
invitándome a levantarme
en ese instante
en el puerto aún dormido para ponerme en camino.

Mi agasajo empezó con aves de agua
 y pájaros de alados árboles llevando en vuelo mi nombre
sobre las granjas y los caballos blancos.
Me puse de pie
en medio de un lluvioso otoño
 y eché a andar bajo el chubasco de todos mis días.
Marea alta: la garza se zambulló cuando tomé la senda
de la ribera,
 y la ciudad,
al despertar, cerró sus puertas.

Toda una primavera de alondras en el rodar de una nube.
Los sotos bordeaban el sendero rebosante de mirlos jacareros
 y el sol de octubre
veraneaba
al hombro de la colina.
Entonces irrumpieron climas apasionados y dulces cantores,
esa mañana en que iba yo errante y solo,
escuchando la lluvia que se retorcía.
Frío soplaba el viento
en el lejano bosque a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido
y la iglesia mojada por el mar, diminuta como un caracol
con los cuernos envueltos en bruma;
y sobre el castillo pardo como búho,
pero todos los jardines
de primavera y de verano florecieron en los cuentos fantásticos
en la otra ribera, bajo una nube negra de alondras.
Allí pude admirarme
en mi cumpleaños,
pero el clima en la distancia dio un vuelco.

Del país de la dicha se volvió,
 y en una atmósfera distinta, bajo un cielo de otro azul,
hizo brotar de nuevo un prodigio de verano
con manzanas
peras y rojas grosellas.
Y en la mudanza vi pasar, muy nítidas
las olvidadas mañanas de un niño cuando caminaba con su madre
Entre las parábolas
de la luz solar
y las leyendas de las capillas verdes.
Y oí también, dos veces recitados, los campos de mi infancia
que abrasaron mi mejilla con sus lágrimas y cuyo corazón latió en el mío.
Esos fueron los bosques, el río y el mar
son de un niño
en el absorto
verano de los muertos que susurró la verdad de su alegría
a los árboles, a las piedras y al pez de la marea.
Y el misterio cantó
todavía vivo
con el agua y el silbo de los pájaros.

Allí pude admirarme en mi cumpleaños,
pero el clima en la distancia dio otro vuelco. Y el gozo puro
del niño muerto hace mucho, cantó llameante
en el sol.
En mi año trigésimo
camino del paraíso, enhiesto en pleno mediodía de verano,
aunque el puerto yaciera a mis pies, con la sangre de octubre
¡Ojalá pueda yo cantar de nuevo
la verdad de mi corazón
desde lo alto de esta colina, a la vuelta de un año!

 




Otros poemas de Dylan Thomas

 



«Y la muerte no impondrá su reino»

«Poema en Octubre»






  Grandes Obras de 
El Toro de Barro



PVP: 8 euros
Pedidos a:

edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Puedes entrar. He dejado la puerta
abierta, la luz, la calefacción

encendidas. Hay un poco de vino

en la alacena, el café está reciente

por si me demoro y te vence el sueño.

Acaso estés aquí cuando regrese,

arropada en el sofá con mi manta

de viaje, reconfortada, quizá

complacida del mundo en su belleza,

sabiendo que hay una técnica pura

en esta maravilla de estar vivo.

Y si no estás, bendito sea el tiempo

en que estuviste. Sólo he de abrir

los postigos para que fluya el agua

llovida en la memoria. La luz, pronto,

dejará en las paredes una sombra

que llamará en sus labios con tu nombre,

contenta de estar en casa de nuevo.
 


  Otros poemas de
 Juan Ramón Mansilla



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci





 
 
 
 


 

martes, 1 de octubre de 2013

«Epitafio a una ciudadana de Amherst», de Ramón Andrés

Ramón Andrés  (España, 1955)  Epitafio a una ciudadana de Amherst , L. Ref. Eugenia León, "Ahogada sirena, La” Los poemas de una niña de 10 años de edad. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. PVP 10 euros. Tarancón de Cuenca, 2002. edicioneseltorodebarro@yahoo.es 
Campanario de Cafayate

Ramón Andrés
(España, 1955)
Epitafio a una ciudadana de Amherst



Cómo dormir más bajo que las brumas,
saber que, a poco que vivamos,
nadie está a salvo de una vida entera,
contar cuántas brazadas
va hundiéndose la sombra por las torres
hasta que el sol no sea de las cosas
y la noche respire en sus nidadas.
Cómo dormir más bajo que las brumas
y ver flotar la espalda de los pueblos,
su cuerpo a la deriva hasta encallarse
en las cruces que esperan las llegadas.
Pensar, al construir un muro,
qué dejo fuera y qué confino dentro,
los granjeros de Frost, una campana
que ateza el cuello a la cigüeña
y le impide un instante cercar a su parásito;
esa campana que hace vibrar el contrafuerte
en donde se empobrece el día
que estuvo en los mercados,
y ahora escapa sin mirar a nadie,
con los pies astillados tras la helada
y sus venas marcadas en la sien
cuando la nada nos levanta a pulso.



Canción de un hombre feliz
Cuadernos del Mediterráneo
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005



Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Eugenia León, "Ahogada sirena, La
Los poemas de una niña de 10 años de edad.
Col. «Mayor»,
Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro.
PVP 10 euros.
Tarancón de Cuenca, 2002.
Eugenia León, "Ahogada sirena, La”. Los poemas de una niña de 10 años. Col. «Mayor», Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro. Tarancón de Cuenca, 2002. PVP 10 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es