El Toro de Barro

El Toro de Barro

domingo, 12 de agosto de 2012

«Cierra los ojos» de Fernando Sarriá


CIERRA LOS OJOS, de Fernando Sarriá. Libro de Referencia: Mercedes Escolano, "Estelas" Col. La piedra que habla, Ed. El toro de Barro, Carlos Morales del Coso Ed. PVP: 10 euros Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Fotograma de Danzón
Fernando Sarriá
(España)
Cierra los ojos


Líbrame de este viaje por la oscuridad de Europa.
Tráeme cerca del Sena,
quiero volver a desembarcar de un tren del sur
y andar por las calles donde las hojas del otoño nos esperan.
Hay un alarde de viento que viene con la lluvia,
esa tormenta bajo la que somos un aguacero de dudas y preguntas.
La rue des Rossiers hierve en el vacío de tu nombre,
aquellos pasos nuestros retuvieron un eco de besos y caricias.
Arde todavía el verano,
la soledad se ha dejado media vida arrimada a la mía.
Sueño entregado a escuchar tu respiración recorriendo mi cuerpo.
Cada gota de sudor se hace de los dos,
se disuelve en la piel,
cubre de semillas cada poro del otro.
Ven de nuevo y que tus labios se pronuncien en amapolas,
me reconozco en tus uñas y en el sabio desafío de tu lucha…
Hoy, como todos los días,
mi ejército desperdigado y confuso ha sucumbido a tu boca.

Del poemario
Las Horas
(2012)




Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 Mercedes Escolano, "Estelas" Col. La piedra que habla, Ed. El toro de Barro, Carlos Morales del Coso Ed. PVP: 10 euros Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Mercedes Escolano, "Estelas"
Col. La piedra que habla, Ed. El toro de Barro, Carlos Morales del Coso Ed.
PVP: 10 euros Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Mercedes Escolano "Islas", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro dMercedes Escolano "Estelas", Col. La Piedra que habla, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2005e Barro, Tarancón de Cuenca 2000

 





























Psª del Holocausto. Ilse Weber, "La noche"





(En preparación, por Carlos Morales)

La noche



Por la noche, cuando volvemos del trabajo,
no hay ningún lugar que nos acoja, ninguna cálida luz.
Nos entretenemos titubeantes en los corredores
porque nos desespera la oscuridad de nuestro cuarto.

Ahora, y como pena, nos han quitado hasta la luz,
alguien habrá infringido alguna de las normas.
¿Cuál? Los del campo nunca lo sabremos.
Hace semanas que nos movemos en la oscuridad.

Así que nos demoramos bajo los soportales
y alzamos la mirada al firmamento.
Las noches ahora son duraderas y hermosas
por más que las voces retumben dentro del cuartel:

es como si hasta ahora no hubiéramos comprendido
cuánto maravilla el resplandor de los astros.
Bien mirado, más sabio sería arrojarnos al sueño
y no llorar y llorar, noche tras noche…



 

"Canción de cuna de Thersienstadt"   *   ”A casa"

"Adios, compañero"   *   "Wiegala, wiegala, weier"

"Camino por Theresienstadt"   *   "Cinco años"







Grandes Obras de
El Toro de Barro
PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz vijaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista




"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci














«La tumba del soldado», de Verónica Pedemonte







Verónica Pedemonte


 La tumba del soldado

A Clarisa Pinkola Estés


Hoy me he sentado a reírme del mundo.
Aquí, en París, en honor de mi padres,
que corrían bajo el aguacero en el 68.
Me he sentado a reírme con ganas
porque ya lloré sobre Santiago y cierra Chile,
los venerables ancianos van en silla de ruedas,
escupen en la tumba de Allende.
He tomado una hoja de hierba y un martini,
es una risa cool, elegante y pausada,
me dejé la aceituna sobre la tumba del soldado.
Me llamaban los héroes anónimos desde los mausoleos:
No des un paso más, dijeron. Observa las estrellas.
En aquella galaxia olvidada habitaban sus sueños,
sueños de amor, pasiones imposibles, vidas pequeñas
donde gigantes se calientan las manos...
Me he sentado a reírme del mundo.
Es una risa obscena, descarnada, maldita.
Es una risa pura, infantil, inocente.
Una risa torpe, de principiante, dispuesta
para la comedia humana y Melibea soy.
Y Verlaine y Gaugin levantaron la cabeza.
Y Jean Paul Sartre levantó la cabeza, y Rousseau,
muy consciente, sacó a sus hijos de la inclusa.
Cuánto me reí, al lado del retrato de Jeanne Hébuterne,
al final les venciste, dije, mientras un empleado
del museo sacaba brillo al mármol.
Y me senté a reírme en Montevideo,
al pie de la estatua de Artigas, con Juan Gelman y Mario Benedetti.
Los tres pensaron: ¿Dónde estaban las muchachas aquellas?
Alguien parecido a Borges bailaba un tango
con una joven de navaja en la liga
en algún callejón de Buenos Aires.
Sed felices, decía, tenéis el deber de la esperanza...,
pero ya no era ciego, ni siquiera miope.
Me he sentado a reírme cerca de Auschwitz y de Treblinca.
Los muertos tienen derecho a escuchar mi alegría.
Reí y reí, hasta que se me saltaron las lágrimas.
Entonces puse las manos y canté sobre los huesos.




De su libro
Cuando Europa era el mundo


Otros poemas de
Verónica Pedemonte
«Amanda»
«Muerde»
«Pumas»
 
 
 
Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 Amela Einat, "La cicatriz del humo”, Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancón de Cuenca, 2005. PVP 10 Euros, edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Amela Einat, "La cicatriz del humo” (Novela)
Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancón de Cuenca, 2005.
PVP 10 Euros
 


 















"El verdugo", de Federico Naredo




Caravaggio


Federico Naredo

El verdugo


Ese pequeño instante en que el verdugo parede coquetear con el arte abstracto.

Esos recuerdos de su prematuro encuentro con la muerte.
La hemorragia de su madre en simultáneo con su nacimiento y vocación.
Ese vientre desatado
esa marea de vida dispuesta a concretar condenas
sobrevive, indiferente los pesimistas cálculos clínicos.
Así nació el verdugo
y la circunstancia fortaleció el poder de sus músculos al tomar la empuñadura.
El profesionalismo y la voracidad del hacha desconoce de lapsus reflexivos.
Actúa.
Corta el aire, corta la piel, corta la médula.
Espeso y encefálico carnaval en la superficie del cadalso.
Gotas a estrenar
persistentes lamparones coagulados
significativos testimonios genético- medievales.
Este poema espera el rechinar de la conciencia de la mano ejecutora.
Mientras tanto describe el cromatismo violáceo de cierta furia social
comprimida en la caída de una filosa y catártica porción de hierro.