El Toro de Barro

El Toro de Barro

miércoles, 20 de julio de 2011

"Ite misa est", de Gabino Alejandro Carriedo



Gabino Alejandro
 Carriedo
Ite misa est





Becerro herido
la sangre del Agnus Dei
qui tollis pecata mundi.

Sus blandos ojos musitan
plegarias
miserere nobis.

Sus manos blancos se asemejan
al ruido de las lianas
miserere nobis.

su linda boca tierna informe
recuerda el parto
miserere nobis.

Su alegre piel peluda
se parece al almendro floreciente
Ome nobis pacem.

Noble becerro herido
vientre desventrado
tonto cordero defenestrado.

Oh, el Agunus Dei pecata
qui tollis mundi,
plegaria o ruido de lianas

El Agnus pecata Dei
mundi en el parto
tuerce tu boca informe.

El mundi qui tollis Agnus
como piel de almendro
miserere pacem.

Y ahora nobis afonía
del malherido animal
que algún día lloraremos...






Otros

"Ite misa est"

"Otra tarde de domingo"

"Premonición"


PVP 10 Euros
Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 
_______________________________________
© De El libro de las premoniciones,
 En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.

Poeta de 
El toro de barro

























17 comentarios:

María dijo...

Impresionante poema nos trae usted, Don Carlos.
"Tremendo juego de significados"...
Es un placer entrar en su casa aún cuando el alma se encoja, con estos versos.
Un abrazo.

Débora.

Antonio Tello dijo...

¡Soberbio, Carlos!

Santiago González Carriedo dijo...

Muchas gracias, mi querido Freddy, por dar a la luz este sobrecogedor poema de Gabino-Alejandro Carriedo Alonso, mi tío. Me emociona el que debieras de haberlo conocido el día de su muerte. Si sólo hubiera habido en esos momentos alguien con él ...

Yolanda Aldón dijo...

Sobrecogedor

Carlos Morales dijo...

lo que más me aturde de este poema es cómo pone boca abajo la simbología cristiana y el lenguaje mismo, hasta construir una absoluta y alucinante. Delirio Puro. Es de los últimos poemas que escribió el poeta, Yolanda

Luis Alejandro Contreras dijo...

Tienes razón, Carlos. Pero me vuelve otra vez la imagen que me asaltó al leerlo. No anda en el texto, pero me lo sugiere; es algo que sentí o presentí al leerlo. Que todos somos (o podríamos ser) el escudero que acompaña al caballero que lucha denodadamente con la muerte, en El Séptimo Sello, de Bergman. Aquel que se bebe la vida con delectación,hasta los últimos segundos de su existencia.
Y ahora viene Borges de repente, una frase que había dejado en el desván:
"Hay que apurar la vida hasta las heces y luego desengañarse de ella."
Por lo demás, decir sólo que el poema es incontestable.

Santiado González Carriedo dijo...

Muchas gracias, Freddy, amigo, por haber compartido este poema. Hoy en día es poca la gente que se interesa por la poesía de mi tío. Cuando alguien me pregunta, siempre les digo que empiecen por ese maravilloso bestiario "Los animales vivos", publicado en El Toro de Barro, cómo no, que hunde sus raíces en la poesía medieval y en los orígenes de nuestra lengua común. Para mí es un honor saber que conocías su obra y que ibas a conocerlo. ¡Cuánto lloró mi madre, su hermana, esa noche! A ella le dedicó su poema "El gato". Un fuerte abrazo y de nuevo, estimado Freddy, mis más sinceras gracias por tu sensibilidad, cortesía y sabiduría.

Carlos Morales dijo...

Es verdad, Santiago. El día en que iba a conocerlo, Carlos de la Rica me recogió en la estación de tren de Tarancón. Y ya sentado los dos en el asiento, empezó a llorar. El viejo poeta empezó a dibujar su libro Cartas Astrales, que había encuadernado en piel días atrás para Gabino, pero que a partir de ese día fue para mí. En una de sus anotaciones personales en forma de carta, le decía a Gabino que algún día "este joven muchacho se hará cargo del Toro". Una premonición que su cumpliría muchos años más tarde. Recuerdo bien aquél día, los hermanos Orozco deambulando por el tanatorio, y la bellísima Andrea, su esposa, con los ojos rojos y vestida de gris saludando con una débil sonrisa a los que habíamos ido a despedirnos de su esposo. Nunca dejó de sentirse culpable de la muerte de su esposa. Todo eso está en carne viva, como una cicatriz en mi corazón. Un abrazo, Santiago.

Antonio Medinilla dijo...

no tan delirante, querido. El borde de la muerte y la melopea mediúmnica cristiana provoca, acertadamente, un estado alterado del lenguaje. Instrumentos acordes al objetivo. Realmente hermoso y purísimo.

Carlos Morales dijo...

Gracias Antonio por tu comentario, que esperaba porque por tu conciencia conozco que tú mismo has experimentado más de una vez estos estados alterados de conciencia y de lenguaje, que tan duros parecen. No sé en qué estado acabo Carriedo cuando concluyó el poema. Pero yo me quedé paralizado cuando lo leí por primera vez. De hecho, fue el poema el que me encendió la luz en la cabeza, haciéndome decidir cuál sería el primera libro que iba a editar en el nuevo El Toro de Barro tras la muerte de su fundador: EL LIBRO DE LAS PREMONICIONES, de Gabino Alejandro Carriedo, que contendría este poema y otros aparecidos en el despacho en que vivía, al lado de su cuerpo quieto.

Santiago González Carriedo dijo...


Es esa poesía que sale de lo más atávico de nosotros, de la capacidad de expresar el inconsciente que se hace consciente, del miedo y del deseo a la muerte. Como mi tío, yo sufrí un infarto estando solo, pude llegar al hospital, me operaron a corazón abierto y cuando me desperté me sorprendió que ni médicos ni enfermeras me entendieran: estaba hablando en francés, mi otra lengua.
Hasta cierto punto, este poema de Carriedo me recuerda al que don Pablo Neruda dedicara al Macchu Picchu, esa letanía de plegaria que nos conduce hacia la seguridad, hacia las ganas de vivir eternamente. Es la onomatepeya del lenguaje que crea la poesía. Es la premonición de la muerte eterna. No hay nada más.

Antonio Medinilla dijo...

hay algo que sí me gustaría precisar: estos poemas, este lenguaje tan "particular" no es -en las más sinceras de sus expresiones- fruto de ningún delirio, caos o abandono, sino de un exhaustivo proceso de inmersión en lo real, en el ser decible, desde el esfuerzo, la investigación, la búsqueda, "el orden puntilloso" si me apuran. Subyacen obviedades tales como no confundir lo real con lo racional, y entender que la sintaxis es un instrumento idóneo para la expresión de contenidos lógicos discursivos, y poco más, que tampoco es poco. El primer ídolo vulnerado de la modernidad no podía ser otro que el lenguaje, y esto se dio con precisión,sistema, orden, miras y búsquedas de instrumentos. Un abrazo a ambos, fue y es un post y un poeta impresionantes.

Carlos Morles dijo...

Lo que dices es verdad, Antonio. Gabino llevaba haciendo esto voluntariamente desde el principio de su carrera literaria. Pero este poema concreto se sale de esa trayectoria, para completarla por completo y definitivamente desde el punto de vista de su propia humanidad.
En este caso concreto, te puedo decir que el poema fue escrito en los últimos días de su vida, en los que parece claro que el poeta experimentó -sus hijos, y su última esposa así me lo contaron- un estado alterado y muy visible de conciencia que pudo tener su origen –eso no se sabrá nunca– en la premonición de su propia muerte: esa es la primera conclusión a la que uno llega cuando lee los poemas que escribió en aquellos momentos, editados todos en EL LIBRO DE LAS PREMONICIONES. En todos ellos, Gabino pareció aceptar con naturalidad lo inevitable; en todos, menos en ITE MISA EST. En él, la locura -¿o no? - parece enseñorearse del “yo” que escribe, y lo hace de dos maneras: la desrealización masiva del lenguaje y la de los grandes mitos vinculados a la mística cristiana de la salvación y la muerte.
La primera de esas maneras fue habitual en él desde que se vinculó al movimiento postista de los años cuarenta, y no dejó de serlo jamás en su búsqueda obsesiva de un lenguaje nuevo capaz de describir la realidad que se ve y la que no se ve envolviendo la existencia humana; en ese sentido, el poema es la continuación de esa rebelión constante y absoluta contra la poesía de sus contemporáneos, cuyo realismo amputaba los lados más oscuros y mágicos de la realidad.
La segunda de las maneras, la que supone las desrealización de los grandes mitos del cristianismo, era algo novedoso en él. Su demoledora opción anticlerical y su público ateísmo nunca le habían llevado hasta entonces a poner en duda ningún tipo de experiencia mística, ni mucho menos las que podían caracterizar las experimentadas en la civilización cristiana. Aquí lo hace hasta el escándalo más lacerante, llegando incluso a afirmar que es el pecado el que limpia al cordero de Dios. “Jugando” con las palabras acaba haciéndolo también con los grandes símbolos de la escatología cristiana. Uno está tentado a afirmar que, con ITE MISA EST, el poeta palentino consuma definitivamente su rebelión vital incluso en los territorios más secretos e inaccesibles del Espíritu. Y lo que le quedó de esa salvaje rebelión última, en el que de algún modo abjuro de las certezas religiosas que tan gratas son a quienes se saben a punto de morir, no fue otra cosa distinta que la más implacable “solitud”. La misma con la que afrontó su muerte.
Tal vez sean están las razones porque este poema realmente gigantesco ha conmovido tanto incluso a los miles de ateos que se han pasado por él, y que curiosamente han sido los que mejor han percibido, a través de sus versos, la angustiosa percepción de la orfandad final del hombre ante la muerte: la del hombre; la de todos los hombres. ¿Quién no ha vivido momentos así?

Mirtha Durand dijo...

"...creo que el ateísmo, per se, no está divorciado de la mística. No creer en un dios tal o cual no es algo que implique divorcio del espíritu, ni de las experiencias de la mística..." De acuerdo Luis, de ello me convencí leyendo un estupendo libro: "The Gospel according to zen: beyond the death of god", varios autores: A. Watts, E. Fromm, Krishnamurti. D.T. Suzuki...

Luis Alejandro Contreras dijo...

Alan Watts, un hombre muy querido, muy respetado. Iluminadoras sus palabras. Aunque muchos le hayan confundido (y entre ellos, gente que aprecio) con literatura de autoayuda. Mi hijo se carteaba con Mark Watts hasta hace poco....

Carlos Morales dijo...

El poema fue escrito en los últimos días de su vida; en algunos de los que dejó en la mesa de su despacho, parece claro que estos días estuvieron marcados por una premonición de la propia muerte. A diferencia de lo que se conocen como experiencias cercanas a la muerte, las visiones que se suceden en estos momentos -en los que no median lesiones físicas aparentemente inevitables- no encuentran acomodo expresión en nada distinto de la cultura en que se vivó; en este sentido, Carriedo pudo haber hecho un poema bien distinto, más acorde con la lectura habitual de los grandes símbolos habituales del cristianismo. No lo hizo: hasta el último momento vivió su vida como una rebelión, como un desplante en toda regla a todo el aparataje que conlleva la muerte -y la vida- en la civilizazación que le vio nacer. Su experiencia es mística en el sentido en que decís, pero su conclusión -la del poema- es otra muy distinta de la que suelen deparar este tipo de experiencias: la orfandad absoluta, que está dicha en los últimos versos del poema. La destrucción del lenguaje que se opera en él tiene el mismo sentido que el desafío a los grandes mitos de la pasión y muerte de Jesús el Nazareno: la solitud absouta. Por eso este poema ha sido leído por miles de ateos, quienes curiosamente han sabido captar mejor que los creyentes la orfandad absoluta del hombre ante la muerte: la del hombre. La de todos los hombres.

Luis Alejandro Contreras dijo...

Tienes razón, Carlos. Pero me vuelve otra vez la imagen que me asaltó al leerlo. No anda en el texto, pero me lo sugiere; es algo que sentí o presentí al leerlo. Que todos somos (o podríamos ser) el escudero que acompaña al caballero que lucha denodadamente con la muerte, en El Séptimo Sello, de Bergman. Aquel que se bebe la vida con delectación,hasta los últimos segundos de su existencia.
Y ahora viene Borges de repente, una frase que había dejado en el desván:
"Hay que apurar la vida hasta las heces y luego desengañarse de ella."