El Toro de Barro

El Toro de Barro

viernes, 22 de junio de 2007

José Corredor-Matheos, "Resplandor..."

Georges La Tour


RESPLANDOR

José Corredor-Matheos


Ya comienza a llover.
Llega, por mi ventana,
el secreto mensaje
de la lluvia.
Demasiadas promesas,
para morir ahora.


Qué maravilla
la de haber nacido.
Qué maravilla, sí:
haber nacido ciegos.




Podemos dar más vueltas

o podemos sentarnos,
para pensar, sin prisas,
en la muerte.
El tiempo, aquí, callado,
deja oír otras voces.
En el agua,
la piedra y el silencio.
¿quién calla, quién nos habla?


Escribir un poema
que nada signifique.
Salir a la terraza,
respirar en la noche,
no esperar que alguien vuelva,
no desear ya nada.
Abrir sólo las manos,
y que de entre los dedos
alcen el vuelo, mudas,
asombradas palabras.



Voy a marcharme
lejos.
Algo
ya ha madurado.
Voy a marcharme
lejos:
donde se cumplan
todas las promesas.




Todo está solo,
y todo no está solo.
Todo está muerto,
y todo no está muerto.
Todo está lejos,
todo, si lo toco.
Todo perdido,
todo, si lo encuentro.




En los tiempos antiguos
los pintores crearon
otra naturaleza
no vista aún por nadie.
La primavera crece
en medio del invierno.
Tú creas, sonriendo,
la bella obra inútil.




No hay ninguna razón
para estar triste.
No hay ninguna razón
para estar triste,
ni para estar alegre.
No hay razón para nada.
Y sé feliz así.




Por qué debes sufrir
si no tendrás más gloria
que el mismo sufrimiento?
¿Y por qué has de empeñarte
en ser feliz
si no será otro el premio
que el pobre, fugaz, vano
de la felicidad?
Quédate sin deseos,
y deja que el vacío
se asiente en el vacío.


                                                   En homenaje a José Manuel Blecua

Sentir la muerte lejos,
sentir la vida lejos.
Gozar sólo del viento,
de toda la fragancia
de tus pasos.
Si no quieres morir,
no te importe vivir.
Haz como si creyeras
en la vida,
más no cuentes a nadie
tu secreto.
Deja la mesa así,
sin comensal.
Observa, desde lejos,
marchitarse
las hojas en los árboles.
No atiendas al teléfono.
Deja que el viento vaya
Y que vuelva después.
No abrirás ya más cartas,
ni ojearás periódicos
ni libros.
Deja que tu automóvil
te abandone.
Deja que tu reloj
siga marcando
un tiempo que no es tuyo.
Deja que todo sea
cual si tú
nunca hubieras nacido.





Escribes porque ignoras,
porque aún tienes miedo.
Las palabras se olvidan,
los cristales se quiebran,
tus sentimientos mienten.
Todavía no escribes porque sí.
No has conseguido aún
que algunos versos
resulten necesarios
a los dioses.
Tu voz es sólo tuya:
no es de nadie.




Ilusión de ser hombre,
playa desierta, nube.
No sé por cuánto tiempo
este poema temblará
entre tus manos
si es tan sólo
rumor entre las hojas.





                                              A Shichiro Enjoji

Que escriba sola.
Deja volar la pluma
en el paisaje.




No te preguntes
quién eres tú en verdad
si en verdad eres Tú.




Dejar tan sólo el hueso,
hasta que brille
como puñal o luz
que ilumine la noche
a mediodía.
Cortar de mí el tronco,
luego cortar las ramas.
Del mar, cortar las manos:
que no pueda apretar
con fuerza la garganta.
De la vida, cortar
lo que más duele:
los días y las noches.
De la muerte, cortar
el esfuerzo incansable
con que incita
a vivir para siempre.




Dónde se oculta el sol?
¿Quién está amenazando
con su espada
lo que aún tiene vida
por morir?
¿Qué nueva luz
alumbra el horizonte?
¿Qué nueva soledad
nos ha cubierto
con su manto de hierro?
Nos queda por romper
una única rosa
de cristal.
Una única rosa.






Soy un poeta pobre,
calumniado por el emperador,
que vive en la provincia
desde un siglo remoto.
Tarde ya, como el té,
oigo crecer las rosas,
desprecio lo que leo
en los libros sagrados
y subo al monte
a sorprender el cielo.
Ex funcionario,
viejo estudiante
de mandarín frustrado,
saboreo ya a solas
el vino rancio y turbio
que manan mis axilas.
Esta tarde a las cinco
he de coger la barca,
allá en el río azul.
Cuando la luna salga
me encontrará remando
bajo la fina bruma.
Tú habrás preguntado
Mil veces por el sitio
de mis rotas sandalias.
Y se abrirán las flores
de los pinos.











(Esta selección ha sido obtenida de la antología Deja volar la pluma en el paisaje, de José Corredor-Matheos. En la red, hay otras de enorme calidad, y cuyos enlaces están en caracteres más oscuros. Destaca por su buen criterio la que Jaime Parra publicó en la revista Barcelonareview. También nos parecen bastante seductoras las amplísimas recopilaciones editadas en las revistas A media voz (elegantísima) y PoesiasPoemas. Cualquiera de ellas, y todas ellas en su conjunto, puede llevarnos de la mano en una travesía por la obra del gran poeta manchego que será recordada e inolvidable)










12 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo sigo viendo a Corredor-Matheos un poeta nihilista. Esta carencia de reflexión sobre la realidad nuestra -la europea, la española- lo hace un poeta ajeno, que no puede o no quiere resolver nuestras preguntas. He leído las entrevistas que le han hecho, pero sigo pensando que no hay que eximir a la poesía de su condición de arma para conseguir un mundo más justo. Pero, a pesar de ello, lo que hace no deja de ser hermosísimo.

Alfonso de la Ossa
(Madrid)

quantum dijo...

"demasiadas promesas para morir ahora". Sí. Y la gloriosa inutilidad de lo bello, lo no sirve para nada y lo es todo.

Seguimos en esto, Carlos.
Mi abrazo.

Anónimo dijo...

el arte del hai kú y del hai kai es extremadamente delicado, y no es fácilmente ejercitable por los que han sido educados en el modo de vivir occidental. En ambos casos, esas pequeñas estrofas que recogen momentos únicos e irrepetibles, son expresiones naturales del espíritu oriental, que no aspira a un placer futuro en la otra vida, sino a llenar la de ahora de pequeños placeres. Por eso, sorprende mucho que un occidental como Corredor-Matheos haya logrado una capacidad semejante para percibir y disfrutar de las tonalidades de los pequeños momentos de la existencia. Por eso, lo saludo juntado los dedos en señal de complicidad.
Hanako Uehara, desde Tokio.

Anónimo dijo...

Demasiadas promesas para morir ahora...Mantener esa esperanza vital es maravilloso, pero no todos somos como este poeta, al que acabo de conocer. A todos nos pesa el ego demasiado...
Andrea Saiz (Barcelona)

Anónimo dijo...

He leído las entrevistas que se han realizado a este poeta, y pocas veces he oído a alguien hablar con tanta coherencia de criterio y tanta humildad. Me han parecido especialmente pertinentes sus reflexiones sobre la "eternidad" en el arte, sobre todo ahora en que los poetas de hoy parecen escribir sólo para este tiempo y con los materiales que aporta este tiempo. Estos no llegaran al futuro. En cuanto a su poesía, he de decir que me sobrecoye su sencillez y sus vibraciones espirituales, tan pacificadoras.
Ni qué decir tiene que he adquirido la antología en mi librería, dos ejemplares, uno para mi y otra para mi novia. Era el mejor regalo que podía hacerle para su cumpleaños.

Amos R. Irons
(New York)

Anónimo dijo...

Ni que decir tiene que me he hecho con un volumen de Deja volar la pluma en el paisaje en una librería de Jerusalén especializada en poesía española nada más llegar aquí. Estoy realmente conmovido. Nunca con tan poco se podía decir tanto. Su interiorización de la filosofía oriental es aplastante, total. Aquí, el protagonismo está en el instante, sólo en el instante. También he leído las entrevistas, que explican muchas elecciones de este espíritu insólito. Quiero felicitarle por haber tenido la fortuna de editarlo, y agradecerle mucho que nos haya dado a algunos la oportunidad de conocerlo. Es un poeta conmovedor...

Nathán Benarroch
(Tel-Aviv)

Anónimo dijo...

Todo lo bello es inútil...qué gran verdad...
Por cierto, mi librero me dice que la antología está ya agotada. ¿Cómo podría conseguir un ejemplar?

Isabelle Royal
(París)

Anónimo dijo...

Después de haber leído los versos de Paul Celan que ha recogido en su blog, estos poemas son "como una lluvia fina que nos limpia por dentro", y utilizo para ello unas palabras -muy hermosas- de Neus Aguado que también Ud ha recogido aquí. No sé a qué se refiere con lo de los "tiempos difíciles", pero creo que debiera sentirse muy orgulloso de lo que ha hecho y de los poetas de los que ha sabido acompañarse. El Toro es un lujo que yo desconocía. Y estos poemas de Corredor, ahhhhhh,...también existe la bondad, también, tambien...

Albert Comadira
Girona

9 de julio de 2007 9:59

Anónimo dijo...

Qué maravilla haber nacido ciegos...
Querido don José: desde que me hice con su libro acá en Osorno, rara es la noche en que no lo leo. Me está ayudando a sobrellevar mis últimos días con dignidad. Pienso que el cielo, de existir, tiene que estar lleno de palabras como las suyas...
Gracias, don José, gracias....

12 de julio de 2007 9:27

Anónimo dijo...

Estimado Sr:
En mi librería de Tokio se han agotado todos los ejemplares de Deja volar la pluma. ¿Me puede enviar diez más a mi dirección particular?

Hanako Uehara
(Tokio)

Myriam dijo...

En un estilo de soliloquio el autor nos conduce por un laberinto oscuro y muy íntimo, el hilo conductor, para mí, es su sello de melancolía, melancolía por lo inevitablemente perdido y por una especie de premonitoria cercanía de la muerte.
Esa oscuridad le confiere una belleza indescriptible. Nos deja a la espera del resplandor.

José Antonio Fernández dijo...

José Corredor es un gran poeta, y su poesía consigue abrir otras realidades que están ahí, a la vista de cualquiera, pero que somos incapaces de verlas, sino es por medio de su poesía.

Un saludo.