camino con los niños que cruzan
el sembrado cuando la escuela al sol. Si viera el campesino cómo buscan
perdices y engañan al reclamo, verdes más que la hierba.
Vuelo con la bandada vertical y silvestre. Es una tela fina
rescatando la luz, jugueteando al ánimo…agita un aire corto y la impaciencia de
esas ramas que alocan brotes de febrero.
Y dejo secos bulbos de niebla resistida que a ras de suelo
rueda para que los amantes se sientan melancólicos en sus mesas de té.
Alguien que me ama lejos no duerme porque me ama; lo leo en
mi semblante del espejo, sonríe como el autorretrato de Latour; lo leo en las
macetas de margaritas nuevas, se vuelven a mirar, el infierno no existe.
Y soy de lo dorado: me rescata la luz, me imploran las
perdices, me repite febrero, la abeja soñolienta que, inexperta, se huele, se
quita el hielo y vuela.
Y viajo con mi amor aunque nunca conozca a quien me amaba.
De su libro
A las damas
*El título corresponde a un verso de Dante.
Aquí,
otros poemas
de María Antonia Ricas
"Mostrasi sì piacente a chi la mira"
"Rita Haywort juega a las damas chinas"
"Fantasmas en la villa"
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© Del
poema, María
Antonia Ricas



