El Toro de Barro

El Toro de Barro

martes, 6 de marzo de 2012

"Paso del ecuador", de Mercedes Escolano







Paso del ecuador



amo a un mar de larga cabellera
CARLOS EDMUNDO DE ORY





Amo a un mar de larga cabellera
cosida con viento a mi popa
a pique nos vamos amante y yo
en medio de esta tormenta a sus trenzas
me prendo loco marinero
jinete a sus crines exhausto
la tajamar inclina su aguja aguija
el mar se duele pero place a los tirones
del peine entrometido engancho peino despeino gancho
mi ternura enhebra un hilo
de espuma sudor pez muerto
tiemblo jironado araño muerdo clavo
me empavesa la espalda inyecta olor a hembra
mi buque-hebra de acero enfila
rajando de este a oeste su melena
con la quilla el Ecuador
atraviesa traviesa viesa




 

De su libro


Abriendo esta ventana, encontrarás otros poemas de Felina calma y oleaje; levantando estas cortinas, hallarás una amplia antología de su obra; y traspasando esta puerta, accederás a una seguramente incompleta bibliografía de esta Poeta de El Toro de Barro



_________________________________________
© El poema de, Mercedes Escolano
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.





 
















domingo, 4 de marzo de 2012

«Padre mío...», de Vicente Aleixandre.

Fotografía "Desiderio Morales"; l. Ref: Carlos de la Rica,"Yad Vashem” Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancón de Cuenca, 2000. PVP 8 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es

Padre mío

 

 

Lejos estás, padre mío, allá en tu reino de las sombras.

Mira a tu hijo, oscuro en esta tiniebla huérfana,

lejos de la benévola luz de tus ojos continuos.

Allí nací, crecí; de aquella luz pura

tomé vida, y aquel fulgor sereno

se embebió en esta forma, que todavía despide,

como un eco apagado, tu luz resplandeciente.

 

Bajo la frente poderosa, mundo entero de vida,

mente completa que un humano alcanzara,

sentí la sombra que protegió mi infancia. Leve, leve,

resbaló así la niñez como alígero pie sobre una hierba noble,

y si besé a los pájaros, si pude posar mis labios

sobre tantas alas fugaces que una aurora empujara,

fue por ti, por tus benévolos ojos que presidieron mi nacimiento

y fueron como brazos que por encima de mi testa cernían

la luz, la luz tranquila, no heridora a mis ojos de niño.

 

Alto, padre, como una montaña que pudiera inclinarse,

que pudiera vencerse sobre mi propia frente descuidada

y besarme tan luminosamente, tan silenciosa y puramente

como la luz que pasa por las crestas radiantes

donde reina el azul de los cielos purísimos.

 

Por tu pecho bajaba una cascada luminosa de bondad, que tocaba

luego mi rostro y bañaba mi cuerpo aún infantil, que emergía

de tu fuerza tranquila como desnudo, reciente,

nacido cada día de ti, porque tú fuiste padre

diario, y cada día yo nací de tu pecho, exhalado

de tu amor, como acaso mensaje de tu seno purísimo.

Porque yo nací entero cada día, entero y tierno siempre,

y débil y gozoso cada día hollé naciendo

la hierba misma intacta: pisé leve, estrené brisas,

henchí también mi seno, y miré el mundo

y lo vi bueno. Bueno tú, padre mío, mundo mío, tú sólo.

 

Hasta la orilla del mar condujiste mi mano.

Benévolo y potente tú como un bosque en la orilla,

yo sentí mis espaldas guardadas contra el viento estrellado.

Pude sumergir mi cuerpo reciente cada aurora en la espuma,

y besar a la mar candorosa en el día,

siempre olvidada, siempre, de su noche de lutos.

 

Padre, tú me besaste con labios de azul sereno.

Limpios de nubes veía yo tus ojos,

aunque a veces un velo de tristeza eclipsaba a mi frente

esa luz que sin duda de los cielos tomabas.

Oh padre altísimo, oh tierno padre gigantesco

que así, en los brazos, desvalido, me hubiste.

 

Huérfano de ti, menudo como entonces, caído sobre una hierba triste,

heme hoy aquí, padre, sobre el mundo en tu ausencia,

mientras pienso en tu forma sagrada, habitadora acaso de un sombra amorosa,

por la que nunca, nunca tu corazón me olvida.

 

Oh padre mío, seguro estoy que en la tiniebla fuerte

tú vives y me amas. Que un vigor poderoso,

un latir, aún revienta en la tierra.

Y que unas ondas de pronto, desde un fondo, sacuden

a la tierra y la ondulan, y a mis pies se estremece.

 

Pero yo soy de carne todavía. Y mi vida

es de carne, padre, padre mío. Y aquí estoy,

solo, sobre la tierra quieta, menudo como entonces, sin verte,

derribado sobre los inmensos brazos que horriblemente te imitan.





Otros poemas de Vicente Aleixandre

«Padre mío...»



Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Carlos de la Rica,"Yad Vashem” Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancón de Cuenca, 2000. PVP 8 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Carlos de la Rica,"Yad Vashem”
Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancón de Cuenca, 2000.
PVP 8 Euros.
Carlos de la Rica,"Yad Vashem” Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto» Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed. Tarancón de Cuenca, 2000. PVP 8 Euros. edicioneseltorodebarro@yahoo.es








 
























sábado, 3 de marzo de 2012

"Cesaria", de Mariel Manrique





Cesaria Evora


CesaRia



los zapatos son muros, ataúdes, casas.
en el pie está la lengua de todos los órganos. 
mi madre pujó. roté. 
alisté la cabeza para salir. 
la cabeza de mi madre está deshecha 
como una cama. 
lo último que se retira,
el desguarnecido,
es el pie. 




 

 Grandes Obras de 
El Toro de Barro

PVP: 8 euros
Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Puedes entrar. He dejado la puerta
abierta, la luz, la calefacción
encendidas. Hay un poco de vino
en la alacena, el café está reciente
por si me demoro y te vence el sueño.
Acaso estés aquí cuando regrese,
arropada en el sofá con mi manta
de viaje, reconfortada, quizá
complacida del mundo en su belleza,
sabiendo que hay una técnica pura
en esta maravilla de estar vivo.
Y si no estás, bendito sea el tiempo
en que estuviste. Sólo he de abrir
los postigos para que fluya el agua
llovida en la memoria. La luz, pronto,
dejará en las paredes una sombra
que llamará en sus labios con tu nombre,
contenta de estar en casa de nuevo.
 
  Otros poemas de
 Juan Ramón Mansilla



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci