El Toro de Barro

El Toro de Barro

domingo, 4 de diciembre de 2011

"La isla móvil", de Mercedes Escolano








La isla móvil



Cuándo el náufrago despertó
notó que la isla se movía.
Sus miembros estaban extenuados
por el duro luchar contra las olas
y apenas si podían mantenerse
sujetos a la aleta. La ballena
avanzó lenta y segura hacia el barco
y, de súbito, lo arrojó sobre cubierta.
Los marineros no daban crédito,
pero allí estaba el hombre, llorando,
y allí la ballena, alejándose.






De su libro
 









Abriendo esta ventana, encontrarás otros ; levantando estas cortinas, hallarás una amplia antología de su obra; y traspasando esta puerta, accederás a una seguramente incompleta bibliografía de esta Poeta de El Toro de Barro



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© El poema de, Mercedes Escolano
© Del libro, en su 2ª edición,  El Toro de Barro
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.




PVP: 3 euros más gastos de envío
Pedidos: edicioneseltorodebarro@yahoo.es





















jueves, 1 de diciembre de 2011

"Hibernia", de Iván Humanes

Iván Humanes
Hibernia


                                    Al paseante R. W.
           

Es la nieve un manto que espesa ideas
y marca la profundidad de la bota
(que es profundidad de la idea)
con precisión de medidor atómico.

Caminando sobre huellas
y no desear nada. Recordar: la Naturaleza
no debe esforzarse por ser importante
(lo es).

Preguntar por poesía. No escuchar más que las
sombras. Y alejarse a zancadas cuando llegan
niños que descubren el cadáver de botas
gruesas y levita
negra.


 

Grandes Obras de
El Toro de Barro
Ramón Andrés, "Canción de un hombre feliz", Col. Cuadernos del Mediterráneo, Ed. El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2005
Ramón Andrés, “Canción dc un hombre feliz",
Col Cuadernos del Mediterráneo,
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2005.

 



















jueves, 17 de noviembre de 2011

Jesús Aparicio González, "Para el viaje"..



JESÚS APARICIO GONZÁLEZ
Para el viaje


A León Felipe



Sale al camino, donde le pusieron,
con ignorado rumbo y sin brújula,
en zapatillas torpes, sin cordones.

Acepta el sol y sus caprichos.


Le impulsa el aire virgen que vendrá
cargado de raíces en vuelo, luminosas.
No le amarran ninguno de los siete barros.

El sabio abraza
su mochila vacía
y mira al cielo.


( Del libro inédito "Una luz sobre el almendro")

.



miércoles, 16 de noviembre de 2011

«Hemicránea», de Claudia Hernández del Valle Arizpe




Claudia Hernández
del Valle Arizpe
(1963)

Hemicránea 

I

Vieja y alta, espigada torre es la culpa
donde la ventana del domingo es la más terrible.
Con los ojos sobre una fuente que desmenuzas
ni la orquesta te tranquiliza.
Tu cabeza sigue allí y quiere que ardan
los bejucos de la casa materna.
¿Cuánto vale el cuadro que compraste?
¿Para qué sirve un aumento en la fábrica?
Los domingos en la calle no son peores
que los domingos en tu casa.
Oyes el trajín de las mujeres en la azotea;
puedes mirar la suela de madera de sus zapatos
mientras tienden la ropa. Es blanca toda,
blanca la voz de los niños que juegan
en el piso de arriba, sobre alfombras tan rojas
como el vino tinto que te prohibieron.
Blanco es, también, el dolor que parte tu cabeza.

Tapones de cera dorada contra el ruidoso
pecho del ascensor. Tapones de cera
para no escuchar el martilleo de tu corazón.

 

I

Se deshoja cada libro que leo. Lo rompen mis ojos.
Ayer la perra se comió Noche y día.
Una mañana para tres páginas, la tarde en blanco
y  luego el deseo de oscuridad en mi cabeza.
Marismas afuera y olmos al pie de la ventana
configuran las primeras sombras del dolor.
Digo taza y musculatura. Digo salmón, sangre, anzuelo.
Pienso un  bombardeo sobre las tejas
mientras la lluvia cae sobre el cemento
en su diario oficio de olvidar.
Mis manos tienen la estatura del cuerpo
y alargan sus raíces como las venas de la fronda.
En otoño desciende a mi cama su follaje
y logro pensar en la noche;
bastan cuatro punzadas en las sienes.
Bajo el hierro de un yelmo y de su frío,
las voces son eco y la luz ojal de ciego.
 

 

III

Sobre la tierra mojada se descomponen señales:
el temblor del agua,
las fauces del mango en mi bastón:
su marfil  traído de Africa
en un ir y venir de trenes imprecisos.

La oscuridad me devuelve el rostro de mi padre
cuando descifra los ruidos que llegan de un circo.
A mí nadie pudo retratarme bajo el tiempo
en que hablaba con los pájaros
en una lengua que no era suya ni mía.

La luz de la madrugada es como el cuerpo
de la enfermera. Me gusta tocarla con guantes.
Ninguna otra piel recubre mis dedos
al momento de hundirse en las vísceras
del pescado que desmenuzo para la cena.
En mis sienes y en la línea
que divide los hemisferios del cráneo
destilan veneno sus rosas espirales.
Podar con ungüento la carne, como se podan
las palabras en el arbusto del lenguaje.
 

Y sin embargo no hay remedio.
A su paso no queda rumor de las abejas
o de otras joyas en la tinta del corazón.
(Ninguna huella de aquel cúmulo de rosas).
Y así como no hay espejo
en la boca abierta del ciego
ni piedad en la sábila llena de luz,
cuando ella aparece
cierran sus ojos los árboles
y el viento decapita sus frondas.
 
 

De su libro
Hemicránea
(1998)



Otros poemas de
 Claudia Hernéndez del Valle Arizpe

«Solo»     *     «Bruselas»
"Deshielo"     *     "Otro cuento"
 
 
Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo". Col. La Piedra que Habla. Ed. El Toro de Barro, Tarancon de Cuenca, 2011. PVP 10 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo".
Col. La Piedra que Habla. Ed. El Toro de Barro,
Tarancon de Cuenca, 2011.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo". Col. La Piedra que Habla. Ed. El Toro de Barro, Tarancon de Cuenca, 2011. PVP 10 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es