El Toro de Barro

El Toro de Barro

martes, 22 de febrero de 2011

(1977) "Ahogada Sirena, La", de Eugenia León (poemas escritos cuando la autora tenía 12 años de edad)



Eugenia León, "Ahogada Sirena, La," Ediciones El toro dEugenia León, "Ahogada Sirena, La," Ediciones El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2001. Fotografía de  Sébastien Goupillote Barro, Tarancón de Cuenca 2001
© Sébastien Goupillot










JARDÍN

Veo caer lloviendo
todas las enredaderas.



ESTACIÓN

El adiós se va en los trenes.



LLAMA

Una llama apaga la oscuridad
y en la luz compruebo que sólo eras mi sombra.


LOS DÍAS

Cuando miro atrás
veo los recuerdos que se escapan de mis manos.



DE LA NOCHE

Salgo a buscar el margen de la noche
y sólo encuentro un ramo de glicinias.



LLUVIA

Salto la tapia de la lluvia
y al otro lado encuentro el silencio del agua.




BEETHOVEN

Cuando Beethoven tenía 57 años
guardaba en un jarro el olvido de sus aplausos.



LOS NIÑOS

Mientras pasa la mañana
los niños regalan al aire sus globos de colores.


PALABRAS

Las suelto en el aire hasta que se pierdan.



HA LLOVIDO

En un charco se moja el silencio.



PARA ÉL

Pero no me sé expresar.
Es como encerrarse en un rincón sin paredes.



ELTHON JOHN

Ser el mar
y poder ver la orilla toda la noche.



AYER

Recuerdo el día de ayer
y olvido los que tengo entre las manos.


MAMÁ

Da a cada corazón lo propio.
A cada vida sus labios.
A cada amor sus lágrimas.



PASADO

Si supiera lo que es el pasado
estaría siempre junto a mi niñez.




EN EL COLEGIO

Sonreír a la fuerza
y guardar en el bolsillo
un vuelo de pájaros.


                  
MI PADRE

Un libro de plantas para pasar sus hojas.


  
VAGABUNDO

Un hatillo de sueños colgado de una caña
y unas botas que crujen cuando llega a la puerta.



POEMA PARA UN AMIGO

Despertar es como desenrollar una cinta roja.


ESTUDIO

Mientras lloran los sauces
cogeré la rama de la certeza.



PARQUE

Deja a solas el silencio de la tarde
que pueda sentarse en un banco.



NUDOS

Tu vida y la mía se unen por el silencio de un mismo poema.




De su libro 
Ahogada sirena, La
El Toro de Barro, 2001





Los poemas que escribió a los nueve años

Los poemas que escribió a los diez años

Los poemas que escribió entre los once y los doce años.

 



Eugenia León, "Ahogada Sirena, La," Ediciones El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2001
PVP 8 Euros
Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es






_________________________
©  Del prólgo,




 
 
 
 
 
 

















lunes, 14 de febrero de 2011

"Hilos de Araña", de Juan Ramón Mansilla












Hilos de araña






Cariño, anoche soñé que la noche
me envolvía con hilos de araña,
invisibles, pegajosos, semejantes al encaje
de tu saliva en mi piel.
Demasiada labor para la noche.
Ahora estás atrapado,
susurraste, igual que una mosca.

Podrías haber cortado los hilos
pero dijiste que a lo largo
de la vida habría siempre
una mosca convulsa
y una araña que apresta el veneno.
Así de simple, ley de vida.

Anoche lo soñé cariño
y no puedo decir que fuera
terrible, que ni siquiera sudase,
más bien resultaba agradable estar así,
leve pero firmemente sujeto
por algo que era más que un destino
mientras tú me mirabas inmóvil.

Anoche, sí, anoche.
Un sueño que cortó la mañana.

Acabo de tomarme el café
y fumar el primer cigarrillo.
Es curioso cariño las vueltas
que dan las cosas:
hay una telaraña en el techo,
parece frágil (debió
de tejerse durante la noche),
y una mosca cautiva.

Estás atrapada,
le he dicho, igual que yo estuve.

Sus sacudidas iniciarán pronto
la secuencia: la araña asoma
por un ángulo, se acerca
con calma, observa, hay tiempo
hay tiempo y aún falta
lo más complicado:
inocular la ponzoña,
envolver a su presa.
Una función de un solo acto,
ser el comensal o la vianda.
Una vez y otra
hasta que la historia concluye
y alguien aplaude
y vuelve a su casa.
Así de simple.

Podría romper la tela,
burlar a la parca,
dejar sin cliente al barquero;
pero como dijiste, cariño,
a través de la vida
siempre habrá otros hilos,
otra araña y una mosca.




De su libro


(Biografía del poeta, Comentarios y reseñas de su obra literaria yTítulos del autor editados por El Toro de Barro..




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© El poema, de Juan Ramón Mansilla.
© Del libro, El Toro de Barro.
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.




PVP 8 Euros
Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Poeta de 
El toro de barro

















martes, 4 de enero de 2011

Juan Ramón Mansilla, frontera entre generaciones...





Barcelona celebra con 
Juan Ramón Mansilla 
"una poesía en la frontera de las generaciones"

José Ángel Cilleruelo
(Publicado en El Balcón de enfrente)
 

Juan R. Mansillla lee  Una habitación en rojo.  en la Sala de Escritores del Ateneo. Barcelona no es una ciudad fácil para los actos de poesía, pero las dos primeras filas sin huecos y algunos solitarios dispersos por la sala proporcionan el calor suficiente para que un acto de poesía arda. Le presenta Carlos Morales, editor del Toro de Barro y, claro, de este volumen. Con su tono casi agónico, que hace temer al oyente que la siguiente palabra no llegará nunca a ser pronunciada y que sin embargo construye a la perfección oraciones de virtuosa complejidad sintáctica y reflexiva, Morales dijo de Mansilla que era un poeta que no había corrido a cobijarse bajo ningún paraguas (en verdad dijo cielo) protector de ninguna corriente, aunque había extraído enseñanzas de todas ellas. Mansilla nació en el 64 y no fue un escritor precoz (y aunque él luzca como emblema esta palabra, tampoco lo es «fugaz»). Su obra está en la frontera de generaciones, y ha buscado siempre respirar en ese engarce tan incómodo. Es posible que empezara a hacerse una idea de la escritura literaria en el cauce de la poesía de la experiencia, pero muy pronto se dio cuenta de que eso le condenaba a un estado epigonal antes incluso de empezar a escribir. No era tan joven, no obstante, como para incorporar tradiciones lejanas e irracionalismos con la naturalidad con que lo hizo la generación siguiente. Así, es cierto que en la tiniebla fue buscando su propio sendero, y este La habitación en rojo cuyos poemas ha leído en Barcelona es ya un fruto maduro de esta búsqueda.



Carlos Morales y Juan Ramón Mansilla

Mansilla, aunque es profesor, habla de la poesía con tono confesional. Como nos hablaría un amigo para consolarnos de una desgracia. En las inflexiones de la voz, cuyo amplio repertorio domina y explota, busca la complicidad, la proximidad, casi la intimidad. Así presentó sus poemas, y así también los leyó. No era un poeta quien declamaba, era un amigo el que nos abría las puertas de su corazón. El límite de esta actitud en un acto es peligroso, pero creo que cuajó bien porque el público, que venía con ganas de que el poeta le gustara, le arropó lo suficiente para que su tono confesional quedara justificado: allí todos parecíamos amigos contándonos la vida. Explicó sus poemas, aunque se lamentó de hacerlo, y tampoco está mal que lo hiciera. El germen autobiográfico de su escritura es evidente, y aunque no resulte necesario para la lectura, sí le añade un contexto a los versos que contribuye a intensificar la emoción poética. Con esa intención lo hizo Mansilla, y cumplió su objetivo.
Se dijo que sus poemas eran narrativos. Lo mencionó el presentador y algunos asistentes lo repitieron cuando se abrió el coloquio que enseguida derivó en tertulia. No creo que Mansilla sea, en este libro, un autor de poemas narrativos. Es cierto que toma muchos elementos de la poesía narrativa (como el que empieza “Esta es la historia de un poema...”), pero en otros el inicio es el de una conversación íntima (“Cariño...”) o cualquier otro motivo reconocible. Sí le gusta que el lector reconozca iconos de la poesía narrativa, al inicio, para que tenga la impresión de que se le va a contar una historia. Pero a medias porque huye de este modelo convencional en la poesía de la experiencia, y a medias porque la razón autobiográfica impone un tratamiento elíptico incompatible con la narración, el caso es que sus poemas tienden más al collage de discursos que al dominio de un único tono. Tras un inicio narrativo, el poema se desentiende de aportar los elementos necesarios para el desarrollo de una acción; tras una frase claramente coloquial, el poema emprende un lenguaje simbólico elaborado y complejo; tras un verso confesional, el poema cambia de registro y realiza una descripción behaviorista. Esta multitonalidad es sin duda lo que caracteriza mejor la escritura poética de Mansilla. Y en esta pluralidad o collage de tonos le es más fácil engastar pequeñas sentencias, que el presentador calificó como puñetazos al lector (de hecho no sé si llegó a pronunciar la palabra, pero dijo que son como... como... cerró el puño y lo lanzó hacia delante, sin pronunciar la palabra a los asistentes les quedó claro lo que Morales quería decir). Estas frases con rotundidad gnómica suelen contener el clímax del poema, y también un giro en su deriva semántica, lo que aumenta la sensación de violencia lectora, tanto por su carácter inmediato y directo —propio de las sentencias— como por su aparición imprevista.


Juan Ramón Mansilla

El activista cultural, antiguo poeta y renovado novelista Albert Tugues, entre el público, le preguntó por qué hablaba de la muerte en estos términos: “has perdido y a otra cosa”. Morales, poco antes, le había censurado que en un poema hiciera crujir un insecto al pisarlo. Mansilla explicó entonces que trataba de apartarse de lo sublime. La idea cuajó entre los asistentes y todos asentimos. Es cierto que Mansilla desliza gestos expresionistas con frecuencia. Nos dijo que su poesía quería ser sencilla, ser lo que era y nada más, y que huía de todo retoricismo. Como su obra está en la antípoda de la poesía naïf, no hemos de tomar demasiado en serio sus afirmaciones. Coloquialismos chocantes, a veces un poco violentos, aparecen en su poesía, también alguna que otra cucaracha que conviene pisar. No es una poesía de lo sublime, nadie lo afirmaría de modo tajante, pero sí destila una clara aspiración a lo sublime. El poema “Migraciones” es un claro ejemplo. Digámoslo así: el poeta escribe sobre cuanto le rodea, palabra y acciones, sin que lo sublime le acote lo que va a decir, pero una vez dicho, su aspiración, su utopía es superar el estadio del poema por una realidad de calidad suprema (sea la propia utopía del poema, presente en muchos textos, sea en la superación de las vicisitudes de la vida que están en el germen de algunos textos o sea en la culminación de la aventura del vivir, que es el amor, o mejor, una relación amorosa concreta y vivida). No es un poeta que retrate lo sublime, es cierto, pero tampoco es un autor que renuncie a lo sublime como aspiración biográfica y estética.
Como Mansilla fue discreto en la elección del número de poemas leídos, los asistentes acordaron pedirle que leyera otros textos que recordaban y el poeta no había leído. Y el público le pidió media docena de poemas que evocaban su propia lectura personal. Estas propuestas de los oyentes resultaron al cabo una lectura diferente del libro. Mansilla había preferido leer un tipo concreto de poemas, aquellos que tenían una ambición y una complejidad temática mayor, como el que abre el libro por ejemplo, pensando tal vez que interesarían más al público de Barcelona, acaso más exigente que en otras plazas; pero su público de Barcelona se había interesado sobre todo por los poemas más personales, más íntimos, con una presencia más abultado del sentim
iento que por más que se reitere jamás conseguirán que en sí mismo se convierta en un tópico, el amor. Ocurre en ocasiones este leve desplazamiento entre poeta y público. Felizmente, en la lectura de Mansilla, el público hizo rectificar al poeta.




Este texto ha sido editado en el blog El Balcón de enfrente, que dirige y amasa el poeta José Ángel Cilleruelo 

El lector puede disfrutar aquí, de una 
breve antología de Una Habitación en rojo.