El Toro de Barro

El Toro de Barro

domingo, 9 de septiembre de 2007

Ángel Crespo, "Con el tiempo, contra el tiempo"










Con el tiempo, contra el tiempo





La poesía es como una aguja en un pajar. Cuando el poeta, por fin, la encuentra, la esconde otra vez entre la paja.

La poesía es como un cazador que sale al monte con eu gavilán, y lo caza.

La poesía es como un campo sembrado de trigo. Llega el dueño y pregunta: ¿Qué desalmado expulsó de aquí a las langostas?

El poeta es como un cazador que tiene un arco y un rifle: lanza las flechas al aire y las persigue a balazos.

Cuando el poeta encuentra el dracma, se siente más pobre que cuando la estaba buscando.

La poesía es como un niño que juega en la playa con un cubro y una pala. Un sabio que se pasea meditando repara en él y le dice: ¿Cómo pretendes, criatura, sacar toda el agua del mar con un cubo de juguete? ¿No ves, hijo, que es imposible? Y el niño le responde: Yo no pretendo sacar el mar, sino quitarle un poco de sed a la arena. La poesía es como ese sabio, si se hubiera puesto a echar arena al mar.

La poesía es como una piedra en medio del camino. El buen poeta tropieza con ella y cae. El mal poeta nos la tira a la cabeza.

Lo discursivo puede ser poético, siempre que el discurso pague los platos rotos.

Lo evidente no hay que escribirlo.

Para ser capaz de decir algo, hay que renunciar a decirlo todo.

Algunos poetas parecen ignorar a la décima musa: la que aconseja no escribir.

Quien no se admire de hablar y que le entiendan, no lea poesía.

No escribas para el presente ni para el futuro, sino para los capaces de entender.

Lo más absurdo que puede escribirse es la biografía de un héroe.

La poesía no es la palabra en el tiempo, sino el tiempo en la palabra.

Sólo quien es capaz de soledad puede convertir el agua en vino.

Quien no sabe estar solo es incapaz de compañía. ¿Cómo podría sufrir otra compañía quien es incapaz de tolerar la propia?

La frontera del solitario no es su propia piel, sino el universo de sus intuiciones.

Antes se castraba a la gente para que su voz sonase mejor; ahora, para que no suene.

Antes de escribir, hay que aprender a no hacerlo. Los fundadores se retiraban durante años al desierto, no para meditar, sino para cumplir este aprendizaje.

El poeta grande no evita necesariamente los lugares comunes porque sabe usarlos con magnanimidad.

El exceso de sinceridad en la poesía, como en el trato, es un egoísmo y, en último término, una falta de educación.

Es una inmoralidad confundir la poesía con la moral.

No sólo son reaccionarios quienes sólo piensan en el pasado: también lo son aquellos que no piensan más que en el futuro.

Todo discurso sin zonas de oscuridad es convencional y carece de inspiración. Pero oscuridad, en este caso, no quiere decir falta de lucidez.

La poesía está hecha de lo que se dice, pero también de lo que se calla. Por eso, quien lo dice todo no es poeta. Quien lo calle todo, tampoco, pero resulta menos molesto.

La poesía flor se marchita y fenece cuando pasan sobre ella las sombras de lo profundo, de las cuevas del hombre y de las cosas. La poesía estalactita es bella en las entrañas del mundo, y cuando se la expone al sol o penetra en sus antros una luz cualquiera, resplandece y muestra su permanencia.
La poesía flor responde a la lluvia con prisas y aprisiona dentro de sí las aguas exteriores. La poesía estalactita se sirve de esas mismas aguas -una vez interiorizadas- y las deja gotear y ausentarse para quedarse sola en su cuerpo continuo, apretado, improfanable.







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©  Herederos de Ángel Crespo.
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.
 








































miércoles, 5 de septiembre de 2007

Rui Pires Cabral, "Castillo"


Castillo
Rui Pires Cabral





¿Habrá un lugar para pasar la tarde
sin mayor quebranto? Extraña armonía
con la música… Aquí, donde la muralla se rompió
en los siglos y se sumergen las cosas
en sus simas: higueras esparcidas
en las huertas del llano, pavos, la cabeza de un viejo
como si estuviese envuelta en un dibujo.
Hallo un orden concreto en el contraste,
¿tú no? Asombra cómo tanto viene todavía
desde esa voz, en estas guitarras. ¿Es el desorden
lo que quieres apagar en mí, lo que tomas
por juventud? En el vagón, une tu pierna
a mi rodilla. Va casi vacío bajo esta luz blanca
e inerte. Nunca supe bien qué te hace reír
y tienes que aceptar que es una lástima.






(Traducción de Juan Ramón Mansilla)










Nervinson Machado, "La voz de hojarasca"

Nervinson Machado
La Voz de la Hojarasca o Historia del Libro


La voz con todo el silencio exhumado no bastará.
No bastará tampoco que hablemos de errante a errante. No bastará
Con esa mirada lastimosa a historia que tienes. No bastará
hablar de hojarasca a hojarasca
De una vez. Ya sé que no pediste ser un souvenir de efigie
Ni tampoco amanecer sin sombra, como nos dejaron
Convertidos en una palestra de humo.
Ya sé que no acostumbras a dejar flores en los altares
Para que no se enteren
De que estaban muertos.
Me guardo el silencio y las palabras
La muerte es empacable y desechable
Pero eso nada importa ahora,
Seguirás robándole enigmas a las manos
Y yo arrancándolos de tu mirada: Soy el espectador.

No nos atrevimos a levantar ningún templo
Por vergüenza a dioses, pero sí escaleras para alcanzar a los árboles de piedra voladores
Cuado los hombres pájaros dejaron de existir: que lo diga Dédalo
Y todos saltamos esperando el vacío, y sólo encontramos a la tierra baldía
Entonces fuiste grieta en el pantano
Como un zarpazo sumerio
En honor a la mentira o al poeta,
Pero a cambio
Volamos sobre todos los balcones
Tratando de que no se nos apartara de la memoria ni de los dioses
La incertidumbre del hombre. En eso nos parecemos.
Son demasiado colores a los que no se puede llegar en tan poco tiempo.

No bastará –repito— que le entregues cuentas a dioses o humanos
Si el escriba es el relojero sin tiempo
Volando sobre su papiro en llama y la pluma temblorosa
Conque escribes en el vientre de los sepultados.

Dime como entenderé la duda de quien tiene que crear y destruir
A la vez, sin que nos veamos entre los fragmentos y la ruina
Del hombre. Porque puedo asegurarlo:
Eres el momento preciso de lo impreciso de un tiempo pasado:
Apenas un viajero.

No arderá otra Alejandría, porque no habrá nada que quemar.
No habrá otro Gutenberg ni otro Voltaire
Ni otra pieza de soledad que quiera danzar con pasos ligeros
Porque estaremos ocupados viendo como el río cambia de dirección
Y esta vez la corriente arrastrará todo
menos a tus árboles voladores.






Poema extraído de El exumador de letras, de Nervinson Machado.
La fotografía es de Ryan Cardone



viernes, 31 de agosto de 2007

Patricia Damiano, "La concesión"


Patricia Damiano
La concesión


Lot

Peregrino
en tu hora
mi hora
la que fue
tu ahogo, mi presa
en la inocente
fronda

He de partir: todo ha sido
la hembra
cautiva
roja
que dijo sin decir
la sal


Travesía

se abrió el horizonte
y la noche cayó como un buey muerto
y entonces soy el buey
arañando las nubes de mercurio en brutal regreso a la mitad de mi norte
a su mitad expuesta a la carcoma

soy el buey
no el durazno
no el grito que expandía las galaxias

soy la aceptación de todos los designios
no la que fui en el primer sueñoso

y la que seré, buey muerto y piedra

acepto la caída
tras el muro
pero conmigo llevo tu horizonte de travesía griega



Europa

Escribir el sueño de Ahab, soy el blanco. Leer la carta, escondida en un recinto, fragmentada. Escuchar la canción cuando la noche me separa de lo obvio.
Ayax.
Héctor.
Aquiles, cuando la ira.
Las doradas grebas.
Helena, traidora. Prometeo perdonado y Eva exiliada.
Ifigenia, sola en la pira.
Sor Juana, cantando su carne.
El Cristo, ignorante, yo te saludo María.
Zeus, su mal gusto. Padre, pater, patricia.

Y Danae supo de mi fuga, de mis fugas, de la turbación.

Volví a Diógenes Laercio. No sé para qué. Nunca se sabe para qué, y vos que pensabas enamorarte de mí, tan renacentista yo, tan mísera.

Acá estoy, con un cesto de laurel en mis brazos y esta iniquidad.


animal


animal, a nuestros ojos
olor de madrugada, si era el cuchillo
pájaro que desnudó ser tu desorden
la has visto casta
y
con su túnica
ellas decían el silencio de la serpiente
si descalzas
esa noche, en la tierra, la sangre
vamos, hermanas sólo un pacto
esla bitácora
la sola claveque nunca sabrás
ni diré
no
diré
no
ya
la copa que consagramos
ofrenda salvaje
el pájaro que nos trina
la hez
dela hez
de la hez
de otra madrugada


Texto incesante

del color insomne
dije
no nos pertenece

hilo de oro, el tobillo blanco, la túnica que desconozco
tu ojiva
criatura
los leopardos que mueren en la llanura

has visto
cuando la hiedra se enamora del cielo
y queríamos el cielo
y la hiedra
dijo
que no existimos

tocame el pelo
y la cintura
enamorada del muro

los pájaros
que nos dicen
no
nunca
jamás nuestra mesa
el vino
la concesión
el texto incesante


(Estos poemas de la poeta argentina Patricia Damiano, que hemos ilustrado con una de las esculturas más inquietantes de Emily Young, forman parte de la amplia selección poética que la autora ha publicado en su propio blog, uno de los más coherentes que hemos conocido nunca. El lector puede encontrar aquí un retazo muy breve de la biografía de una de esas escritoras que saben dejar su cicatriz con la misma precisión de un bisturí de plata, y por la que El Toro de Barro no sabe -y no quiere- ocultar su devoción, consciente de estar frente a una joya)

miércoles, 22 de agosto de 2007

Carlos de la Rica, "La Casa"

Carlos de la Rica
El píccolo abattino


Cascada

Por el barrio de los cielos
llega corre la cuadriga
viene llega la palmera
trota viene y se detiene
suelta el agua la deidad
musgos nacen salen prenden
la escalera del estanque
fuente fuertes los caballos
grifos por el pico la custodian
abren paso -paso a la cascada
agua arco aire y aguas
tres palomas.


Pequeña oda al estropajo

En busca del jabón y de la arena,
el estropajo va arrullando al agua,
destellando baldosas, fregando los pucheros,
y los deja brillante y relimpios,
cual si la luna en ellos las noches se pasara.

Dios sonríe mirando al ternísimo estropajo,
cuando, cordiales, las manos de mi madre
con él se juntan, rumiándole los filos al cuchillo,
a la sartén diciéndole altísimos conceptos,
acariciando puertas con músicas de esparto,
u tal vez llenando de sudor los vidrios.

A Dios le agrada besar la frente al estropajo;
de pasmos las órbitas redondearle, avanzando a la ventana;
saludar sus sospechas con labios divertidos,
contestar al posible naufragio, ignorar sus pecados,
y Padre ser, y mucho, y gusta de hacernos llevaderas las sandalias.

Es estropajo es moneda diminuta con que se compra
aire, los minutos, los insectos o las hojas.
Las mismas manos que lo tocan
Repasarán después sus tres rosarios,
limpiarán el polvo de las sillas
y harán cantando aquella cama.

Y Dios se goza, ama al lánguido estropajo,
pues su hamaca es, y es su almohada,
por donde dedos cantan como pájaros
y la arena se supone encariñada
con el mate vago olor de los pucheros.

Hay algo que emociona con polvillo de azúcar
cuando escurren los platos cándidos en la pila,
luego que cuecen demasiado los garbanzos, y el soplillo,
dulcemente, las ascuas apagadas encandila;
y es que se enreda el estropajo con mi madre,
y a Dios le ruega, rezando desde abajo,
que santa sea, y sonría en el espejo,
pues tocando está el piano y nadie escucha.


A Ezra Pound

Ezra Pound Oh! Ma jolie consiste en dejar los ojos
como joyas,
no afectarme demasiado por los pisos y equipajes
-Comment allez vous?-
acelerar los pasos leyendo en los breviarios
o derivar mi frente hacia otras constelaciones.

Soy yo –piccolo abattino encuadernado en Cuenca-
quien de lejos te habla un tanto con sabor de mueca
sin ningún mal deseo que emocione la tregua
tal un poste

Lentamente me sucedo con las piernas a un lado

Se iluminan los trenes –Savez vous l’heure qu’i1 est?-
-bueno es que la luna dé consejos-
-quizá los pasaportes tropiecen con el frío-

Debussy me surca. Las cosas van mal en Alemania
los clásicos se leen copo a copo por las tardes
y en los bares lienzos pregonan lo mismo que los dioses

Ezra Pound, ¡oh! Las flores completan el paisaje
la yedra trepa al lado, tú te pudres
porque una noche tuviste por la mano
algo peor que un mal pensamiento
As tu vu mon cousin?-

Por eso siembro alondras por las calles
para decirte que Picasso es de Málaga y pinta
"Still life wiht saucepan", en el 45
y últimamente alumbra vasos que patinan

Agonizan ternuras, Ezra Pound, las que mis ojos sueñan
las que mis manos tocan con prudencia

En Londres Winston Churchill anuncia por radio su programa
en Palestina las muchedumbres rezan a Cristo o al profeta
en cambio por Francia el presidente espera (1)

Créeme, Ezra Pound, las cosas bellas van cambiando
ya no existen los héroes que tendió la marea
y la palabra camina igual que la mentira

Ignoras, por ejemplo, que el Rey sigue en Yerbas Buenas
se alzan esos techos, paviméntanse los astros
se empadronan los vientos, úrdense picos de paloma
que en España los dólares se pesan y toreros

"Demain c’est aujourd’hui"
así cerramos los cerrojos por pánico a las bombas
preparamos con recelo las medidas del Gobierno
o nos enfadamos un tanto al conocer que
girasoles extraños crecen en Baviera

No hagas caso Ezra Pound recluido como loco
pues locos andamos los que habitan el planeta
y la Prensa y los cantantes del Leicester

Es inútil que Dulles apremie a Europa
tú bien sabes lo terca que es por vieja

Cette troupe-oi de bons acteurs
Ezra Pound; oh qué inútiles son los palcos,
pero más tonto es el mundo que contempla.




(El primero de estos poemas, "Casdada", es una composición postista que, aunque publicada a comienzos de los noventa en Ciudadela, fue escrito en 1954, cuando el poeta era todavía "un seminarista rubio con un tridente clavado en las axilas"; los dos siguientes, publicados en La Casa (1960), son testigos de la vinculación de Carlos de la Rica con el "Realismo mágico" y de la génesis de ese "realismo mitológico" que convirtió a este cura de Cuenca en el antecedente humanista más temprano del culturalismo español de los años setenta)



«El rapto de Europa», de Carlos de la Rica

Poema "El Rapto de Europa", de Carlos de la Rica; L. Referencia:  Amela Einat, "La cicatriz del humo”, Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancón de Cuenca, 2005. PVP 10 Euros, edicioneseltorodebarro@yahoo.es



Carlos de la Rica
(España, 1929 – 1997)
El rapto de Europa


I

Largo el camino de los pastores,
que los pastores de las montañas de Europa,
ahora cuando cuarenta años hace que los pastores
temblaron de la Europa. El ojo de los Alpes,
el gran ojo de los Alpes y los ojos de las
cúpulas y de los templos vieron,
vieron al sinuoso Ares caminar; hisopo de sangre en la mano tenía,

con rojo hisopo color daba a todas las carreteras
y ferrocarriles; caminos y llanuras, carreteras
y ferrocarriles brillan terribles;
presto levantan, levantan presto las barricadas.
Allá donde el bosque, donde la ola pura,
donde la ola pura alza su beso, en los ribazos
y en otros lugares más, Ares coloca la silla;
al cielo escrutan los tejados, el cielo divisan
de aeroplanos: Cuarenta veces en el recuerdo de los
pastores miles de hombres los ríos atraviesan y ciudades.

II

Apenas Lodz o Varsovia, apenas han despertado
han despertado los polacos, apenas dicho «buenos días»,
los cincuenta mil el número de monstruos sobrepasa,
a los bellos caballos en las fronteras han atado,
los demonios y monstruos han llegado,
tanques y cañones, hampa de fisgones;
la curva de los ríos y los caminos
insultada, cercada por los diablos follones.
Se lucha por las calles, por las calles y desde los balcones.
Polonia con las carnes heridas, con el pico partido,
soldados en los figones.

III

El portador es mensajero del mal día. Y el mal día adviene,
las estatuas heladas de los parques, el mal día adviene.
A los transeúntes por Europa pregunto:
el mal día llega.
Los obstáculos de las colinas y de las fronteras
removidos temblaron, pues el mal día llegó.
Los almendros y las arenas de Dunkerque a pólvora,
a pólvora huelen y a destrucción. En el pie del cielo
hay heridos y enfermeras,
enfermeras y heridos, presurosos los camilleros,
pues el mal día estaba allí.
El portador es mensajero
de la partida cuya barca,
cuya barca en las aguas del Canal se desliza,
se desliza,
pues el mal día
era aquel.

IV

Detrás del Canal, los tejados: un pueblo detrás del Canal
que no en balde el largo camino ha recorrido.
Su jefe habla en la tribuna y en la radio previene
que salvar la libertad
entregarse es a la sangre.
Trae a los ciudadanos de la gran barca un enorme cerrojo
y con él cierra la puerta. Pero la ruta de Albión
aún no ha sido abierta.

V

No puedes cerrar la catedral de Reims, ni el bosque, no puede
morir la catedral de Reims
ni la Loira o la Sena;
más allá de los traidores y de las montañas, de los viñedos
y de las olas, más allá de los frutales, marca el sol,
el sol marca el regreso. Dentro, esparcidos y silentes
pronuncian, pronuncia el maquís su carrera, y deja
deja en los oídos y en los labios esa santa consigna:
Libertad.

VI

Cubría el continente una noche
de camisas y corbatas. Nuestra
primera infancia engañada. Una sola
era la bota que a Europa
humillaba. Los españoles,
no del todo remotos, escuchábamos
los clarines y las palabras borrachas
de triunfo. Atada sobre el lomo
a Europa en el toro veíamos;
sobre los trenes y los tanques,
hacia otras constelaciones ignotas,
sin cedros, ni pinos, ni aves,
ni viento, ni semilla. Un Orden
Nuevo vino, decían, y todas las campanas
doblaron desde las cúpulas.
Soldados y ciudadanos levantaban
el brazo en desafío al pueblo.
Crujían las trincheras. Pasaban los aviones
sobre la hierba y los tejados. Bajo la cruz
gamada caen los nombres: Atenas
con su peplo de plata, con sus plintos
y doseles, con sus calles milenarias.
París embarrada, barrios de muertos;
el cuerpo abierto, Brujas o Amberes;
Coventry como un papel manchada
por la tinta y el tintero.
Atada, en el lomo del toro, Europa.

VII

Aquel pozo de agua de lluvia
se ha colmado. Miles de soldados y naciones
hubieron pronunciado palabras hermosas de victoria.
El final está cerca,
decían, el final está próximo; en Cipris,
en Cipris peina sus trenzas Afrodita. El camino
con los pies y los hijos en las manos, con el olivo,
con el claro resplandor de los cristales. Los demonios
hacia el infierno parten,
caminan hacia el infierno profundo las miríadas de camisas,
de las camisas negras.
Oh Dios de Nôtre Dame,
de Roma y del infinito, contesta
con una lluvia de rosas. Cabalga sobre el campo limpio
de Europa, de esta única patria
rescatada, libre bajo los astros, con la hermosura
de otro, este nuestro tiempo.

De su libro
Yad Vashem
El Toro de Barro 2000.


 

Otros poemas de Carlos de la Rica

(«Realismo mitológico»)

 

«A Ezra Pound» (1977)

«Yo amo una raza hermosa que vivió en América» (1977)

«La marcha de los negros» (1977)

«Ícaro» (1977)

«Saludo desde Z a Yuri Gagarin» (1977)

«Yad Vashem» (1977-2000)

«El rapto de Europa» (1977-2000)

 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro
 Amela Einat, "La cicatriz del humo”, Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto», Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancón de Cuenca, 2005. PVP 10 Euros, edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Amela Einat, "La cicatriz del humo” (Novela)
Col. «Biblioteca Internacional del Holocausto»
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancón de Cuenca, 2005.
PVP 10 Euros