Pura Salceda
Poemas
Rendición
Puta y princesa
que habita en palacios de hojarasca
tu voz me guía
lejos;
por adentros transeúntes del deseo.
Camino hacia tu abismo
en esta pasión sin predecibles
perra y guerrera en mil combates,
ante ti rendida,
lamiendo impúdica y orgullosa
los pies del amo.
De Versos de perra negra
Desnudé mis pies para tu boca.
En ella, mi danza se calza
con las notas de esta imperfecta partitura
porque mi nombre es Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que cabalga río arriba.
En este mundo que habito,
no hay más ley
que la frontera de las manos,
los cúmulos inquietos
de la oscuridad que colmas,
los ojos que permito.
Y me esperas,
siempre me esperas,
porque yo soy Astarté,
la que lucha,
la que vence,
la que galopa sobre el río de los cantos negros
cuando ejecutas el guión pactado
que mantiene la distancia precisa
entre el laurel y la paloma.
Y aunque sólo existes
porque así lo quise, soy yo
la que al fin se pierde en el vértigo de tus desapariciones.
Recoge el ángel el fruto caído
que sembraron olvidos
en las manos ingratas del hombre.
Ignora entonces la sombra que le cobija
y mueren sus alas
sobre las piedras tristes.
A veces el hombre teme al ángel,
teje corazas, inventa presagios,
ahoga toda súplica.
Entonces, un batir de alas incesante
germina brisas
y late de nuevo la inocencia del mundo.
Existen otros ángeles
de intensísima luz,
destello de bondad floreciendo.
Arropan el alma fría
y derraman sus dones sin moneda de cambio.
Cubren sus alas la ausencia
de los ángeles fugaces,
dulce es su bálsamo
y siempre fieles son sus manos grandes.
De Ángeles y presagios, inédito