El Toro de Barro

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miércoles, 22 de agosto de 2007

Carlos de la Rica, "La Casa"

Carlos de la Rica
El píccolo abattino


Cascada

Por el barrio de los cielos
llega corre la cuadriga
viene llega la palmera
trota viene y se detiene
suelta el agua la deidad
musgos nacen salen prenden
la escalera del estanque
fuente fuertes los caballos
grifos por el pico la custodian
abren paso -paso a la cascada
agua arco aire y aguas
tres palomas.


Pequeña oda al estropajo

En busca del jabón y de la arena,
el estropajo va arrullando al agua,
destellando baldosas, fregando los pucheros,
y los deja brillante y relimpios,
cual si la luna en ellos las noches se pasara.

Dios sonríe mirando al ternísimo estropajo,
cuando, cordiales, las manos de mi madre
con él se juntan, rumiándole los filos al cuchillo,
a la sartén diciéndole altísimos conceptos,
acariciando puertas con músicas de esparto,
u tal vez llenando de sudor los vidrios.

A Dios le agrada besar la frente al estropajo;
de pasmos las órbitas redondearle, avanzando a la ventana;
saludar sus sospechas con labios divertidos,
contestar al posible naufragio, ignorar sus pecados,
y Padre ser, y mucho, y gusta de hacernos llevaderas las sandalias.

Es estropajo es moneda diminuta con que se compra
aire, los minutos, los insectos o las hojas.
Las mismas manos que lo tocan
Repasarán después sus tres rosarios,
limpiarán el polvo de las sillas
y harán cantando aquella cama.

Y Dios se goza, ama al lánguido estropajo,
pues su hamaca es, y es su almohada,
por donde dedos cantan como pájaros
y la arena se supone encariñada
con el mate vago olor de los pucheros.

Hay algo que emociona con polvillo de azúcar
cuando escurren los platos cándidos en la pila,
luego que cuecen demasiado los garbanzos, y el soplillo,
dulcemente, las ascuas apagadas encandila;
y es que se enreda el estropajo con mi madre,
y a Dios le ruega, rezando desde abajo,
que santa sea, y sonría en el espejo,
pues tocando está el piano y nadie escucha.


A Ezra Pound

Ezra Pound Oh! Ma jolie consiste en dejar los ojos
como joyas,
no afectarme demasiado por los pisos y equipajes
-Comment allez vous?-
acelerar los pasos leyendo en los breviarios
o derivar mi frente hacia otras constelaciones.

Soy yo –piccolo abattino encuadernado en Cuenca-
quien de lejos te habla un tanto con sabor de mueca
sin ningún mal deseo que emocione la tregua
tal un poste

Lentamente me sucedo con las piernas a un lado

Se iluminan los trenes –Savez vous l’heure qu’i1 est?-
-bueno es que la luna dé consejos-
-quizá los pasaportes tropiecen con el frío-

Debussy me surca. Las cosas van mal en Alemania
los clásicos se leen copo a copo por las tardes
y en los bares lienzos pregonan lo mismo que los dioses

Ezra Pound, ¡oh! Las flores completan el paisaje
la yedra trepa al lado, tú te pudres
porque una noche tuviste por la mano
algo peor que un mal pensamiento
As tu vu mon cousin?-

Por eso siembro alondras por las calles
para decirte que Picasso es de Málaga y pinta
"Still life wiht saucepan", en el 45
y últimamente alumbra vasos que patinan

Agonizan ternuras, Ezra Pound, las que mis ojos sueñan
las que mis manos tocan con prudencia

En Londres Winston Churchill anuncia por radio su programa
en Palestina las muchedumbres rezan a Cristo o al profeta
en cambio por Francia el presidente espera (1)

Créeme, Ezra Pound, las cosas bellas van cambiando
ya no existen los héroes que tendió la marea
y la palabra camina igual que la mentira

Ignoras, por ejemplo, que el Rey sigue en Yerbas Buenas
se alzan esos techos, paviméntanse los astros
se empadronan los vientos, úrdense picos de paloma
que en España los dólares se pesan y toreros

"Demain c’est aujourd’hui"
así cerramos los cerrojos por pánico a las bombas
preparamos con recelo las medidas del Gobierno
o nos enfadamos un tanto al conocer que
girasoles extraños crecen en Baviera

No hagas caso Ezra Pound recluido como loco
pues locos andamos los que habitan el planeta
y la Prensa y los cantantes del Leicester

Es inútil que Dulles apremie a Europa
tú bien sabes lo terca que es por vieja

Cette troupe-oi de bons acteurs
Ezra Pound; oh qué inútiles son los palcos,
pero más tonto es el mundo que contempla.




(El primero de estos poemas, "Casdada", es una composición postista que, aunque publicada a comienzos de los noventa en Ciudadela, fue escrito en 1954, cuando el poeta era todavía "un seminarista rubio con un tridente clavado en las axilas"; los dos siguientes, publicados en La Casa (1960), son testigos de la vinculación de Carlos de la Rica con el "Realismo mágico" y de la génesis de ese "realismo mitológico" que convirtió a este cura de Cuenca en el antecedente humanista más temprano del culturalismo español de los años setenta)



martes, 21 de agosto de 2007

Carlos de la Rica, "Oficio de Alquimista"


Carlos de la Rica
Oficio de Alquimista



Pedro Mercedes

Barro
que la forma espera:
hácese el mundo
cocido –hecho ahora-.

Tal el varón
a su mujer conoce
y pone –entre ambos senos-
cientos de pájaros.



Luis Cernuda

En la orilla
el candor de un labio
el cuerpo estremece.
Así, entre musgos
y espuma, todo el amor
de un viento renace
cuyo nombre y gemido
alza el contorno
de su bulto distante.
El azar del aire
obstinado insiste
y apoyo
al transeúnte pide.
¿Qué
firmes alas conseguirán
a la aurora llegar primero?
A tu altivo lamento,
¿acaso conseguirás su cabello?
Cuando al tierno vigor
su túnica despliegues,
alejada y muy próxima,
a tu lado, infinita,
¿seguirá inmisericorde
la Soledad siempre?


Georges Rouault

¨Sangre de Cristo, embriágame,
Pierrot de Cristo. sonríeme,
Piedad dulcísima, condúceme...)
En tu vitral
fíjame.

Bola de fuego

(traspásame
hiéreme
grábame
atrápame...)

Y déjame ir a Ti
turgente y negro.







(Estos poemas del fundador de El Toro de Barro, Carlos de la Rica, fueron editados en

Oficio de Alquimista)

Carlos de la Rica. "El joven de los lirios"

Carlos de la Rica
El joven de los lirios

Fuese a mediodía pretendía
inmiscuirse en el alma esclavizarla
poner la faz en confusión muy íntima;
inclinó el ceñidor y daba vueltas
al ojo de perfil y tan hermoso.

Luego, el denso del cabello
separado por el vapor del agua: una duda
imperceptible obliga a su siniestra sostener
algo. Intentaba en la cabeza
colocar sin fatiga la cola de un ave, de un
avestruz o eran plumas los dedos
de un dios que se burla con morbo
de este glorioso célibe. Intenté colarme
de rondón en aquella atmósfera diversa,
atropellar al demiurgo invisible
que perversamente idealizaba al ser aquel,
al joven flotando de los lirios.

Pero un golpe de silencio puso lágrimas
en los ojos nuestros.





(Este porma del fundador de El Toro de Barro, Carlos de la Rica, fue editado en sus Juegos del mediterráneo)