El Toro de Barro

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lunes, 17 de noviembre de 2014

«Séptima elegía», de Jirî Orten

 Poema SÉPTIMA ELEGÍA, de Jirí Orten, traducción de Clara Janés: Libro de Referencia: Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo". Col. La Piedra que Habla. Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancon de Cuenca, 2011. PVP 10 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Autor desconocido

Jirî Orten

(Checoslovaquia, 1919-1941)

Séptima elegía 

Traducción de Clara Janés

 

 

Le escribo, Karina, y no sé si está viva,
si no está usted ya donde no existe el deseo,
si mientras tanto ha llegado a su fin su aún crítica edad.
¿Está muerta? Pida, pues, a su losa
que se haga leve. Pida a las rosas, señora,
que vuelvan a cerrarse. Pida al disgregarse
que le lea el informe de mi disgregación.
La muerte calla a la vista de los versos
en los que voy a usted
tan cruelmente joven y ya maduro,
que en mi juventud me parezco a un rey
de un reino perdido. Pero usted sabe
cuántas alas nos faltan para echar a volar en el vuelo de un ángel,
cómo reímos con la sangre y con la sangre lloramos.
Encontré mi caída y quiero decirle dónde sucedió.
Una vez en el cielo (esto de Dios lo escribo)
la transparencia se hirió de rojo celeste
y sangraba. Luego partió. Era el crepúsculo.
Tal vez fue sólo un sueño en el que soñaba
madre y padre, la casa, mis dos hermanos;
tal vez fue sólo un sueño en el que un hombre
se descubre a sí mismo bajo los círculos de agua del estanque;
tal vez fue sólo un sueño, espejo de la luna,
mas no debí soñarlo, si no me hubiera despertado luego,
no debía dejarme en las llamas que daban frío.
¡La caída de Dios! ¡qué caída! Luego está el niño solo,
sin la fuerza de la gracia que sabe
disminuir las dificultades, acortar la lejanía,
cerrar el infierno con el perfume y la violeta.
Y luego el niño está solo y se despierta y va
hacia una realidad de males. Piensa que no llegará.
El tiempo si no quiere no cura. El tiempo es un charlatán.
Una vez a una mujer, llena de encantos,
la caída parecía un no-caer: estoy hablando de Narcisa.
Todo era leve. E inexpresablemente próximo
nos habló? el gozo. Fueron palabras
que nunca podrá disolver el viento,
era una lengua, la amada lengua materna
de labios, manos, ojos, cuerpos y del vientre amado,
donde la espléndida seguridad sobre un lecho se inclina;
era esa lengua que sin lengua habla.
¿Qué quería Narcisa, cuando ante sus espejos
se quedaba y las cosas de en torno al tocarlas rápidamente se helaban?
Como Narciso, su sombra, ella nada, no quería otra cosa
que contemplarse a sí misma sin alma, sin cuerpo,
en el transparente espejo, hallaba sólo palabras de belleza,
de dureza, más dura que el diamante,
anhelaba de sí misma saber en sueños ajenos.
No era como una fuente, sino que en fuentes se ahogaba.
Ah, ¿dónde brota aquello en cuyo seno fluimos?
¿De quién las noches insomnes tanto se han posado en mí
y se han dilatado tanto que ya no me queda espacio?
He encontrado mi caída. ¿Sobre qué? ¡Sobre el llanto!
Caían mis lágrimas. Caían sobre la ciénaga;
caían por un reino vivo de miseria y de lamento;
caían sin pudor, Karina, a usted le escribo,
pida a su losa, que con la lluvia lavo,
me siento como lluvia que llueve sobre su tumba,
me siento como un llanto, sin forma ni tiempo,
le escribo, Karina, y no sé si está viva,
si no está usted ya donde no existe el deseo,
si mientras tanto ha llegado a su fin su aún crítica edad.
Conozco a una niña. Es como un beso
todavía escondido en la boca, no se le permite más,
se despereza solamente al sol, que es tenue,
no quema, apaga la sed: adormece en el seno.
Es joven como la tierra, leve como el aliento,
como las hojas tiernas, como el alba y la felicidad.
También yo conozco hermosos días. ¿Mas donde me llevarán?
¿Lo sabía usted ya? ¿Y sabe usted, Karina?
Conozco también la grandeza de las mujeres: la espera de la madre,
tal vez regrese a ella un triste hijo.
Y conozco mi tierra, alegría sin causa,
y la fidelidad. Sí, pero ignoro dónde se encuentra ahora.
Conozco el despertar súbito de amarguras y desesperanzas,
mas conocer es muy poco, y muy poco es querer,
poco es saber la traición si el perdón es imposible.
La muerte calla en presencia de los versos, verá, lo sueño aún.
¿Ante qué tempestad calla? ¿Ante qué horror?
¿Qué entenderemos allí? ¿Qué nos disgrega?
¿Qué muere también allí? ¿Qué cae allí eternamente?
¿Los amores?
No quería, no quería callar,
perdonad a Narcisa, perdonad el pecado y al mundo,
encended una vela y rogad por la tierra,
que diciembre con su hielo no la postre demasiado,
que se le dé en abril lo que se les da a las flores,
que sea para ella la noche bandera en una torre,
que ondee hacia la luz, a la hora de los astros,
que los amantes la alaben por el dolor. Tan cruelmente joven y ya maduro,
me río hasta sangrar y lloro lágrimas de sangre
y abandonado de Dios y a Dios abandonado,
le escribo, Karina, y no sé si estoy vivo...
 

 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro

 Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo". Col. La Piedra que Habla. Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancon de Cuenca, 2011. PVP 10 euros edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo".
Col. La Piedra que Habla. 
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed.
Tarancon de Cuenca, 2011.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

 











 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 


 

 

miércoles, 25 de junio de 2014

Psª del Holocausto: «Pequeña elegía», de Jirí Orten

Poema PEQUEÑA ELEGÍA, DE jIRI Orten. In nomine Aushcwitz, POESÍA DEL HOLOCAUSTO.Lb. Referencia: Clara Janés, "Huellas sobre una corteza". Col «Cuadernos del Mediterráneo»,. Carlos Morales Ed. Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2004.

"Los amigos partieron, y fuera hay una gran oscuridad, oh Dios cruel que tanto nos quitaste" (Jirí Orten)


Estudio, selección y notas de Carlos Morales.
(En preparación) 


Jirí Orten
(Checoslovaquia, 1919-1941)


Pequeña elegía 
Traducción de Clara Janés



16 de septiembre de 1939

Los amigos partieron. Mi amada duerme en la lejanía.
Y fuera hay una gran oscuridad.
Me digo palabras, son blancas por la lámpara,
y ya casi dormido
recuerdo a mi madre. El recuerdo otoñal.
En verdad, como el frío, como si yo supiera
todo lo que ahora sin duda hace mamá.
Está en casa, en su habitación. La estufa de mi infancia,
hacia la cual el caballito de balancín siempre conmigo trotará,
la estufa de mi infancia, que hace ya tiempo no se enciende.
Le da calor. A mamá. Mi mamá. Está silenciosa,
junta las manos, piensa en mi padre
que ya murió.
Y luego pela fruta para mí.
Estoy a su lado. Con ella. Sin duda nos verás,
Dios, cruel, que tanto nos quitaste.
¡Qué oscuridad hay fuera! ¿Qué es lo que decía?
Ah, ya sé, quería decir
por todas las horas, en las que dormí tranquilamente
y por todos los seres queridos que descansan,
que ahora, cuando llega el otoño
y todo, hasta los días, se acorta,
no sé estar solo, sólo con la lámpara que ilumina,
y que a pesar de haber sembrado la tierra
no viviré ya.


Del libro
Solo al atardecer
Prólogo, traducción y notas de Clara Janés
 Pre-textos, Valencia, 1996.



 Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Clara Janés, "Huellas sobre una corteza". Col «Cuadernos del Mediterráneo»,. Carlos Morales Ed. Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2004.
 Clara Janés, "Huellas sobre una corteza".
Col «Cuadernos del Mediterráneo»,
Carlos Morales Ed., Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca 2004.
 Clara Janés, "Huellas sobre una corteza". Col Cuadernos del Mediterráneo. Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2004.

 

 
 

 




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 








 
 
 
 

 

sábado, 30 de marzo de 2013

Psª del Holocuasto. Ilse Weber: "Libertad pequeña"



(En preparación, por Carlos Morales)

Libertad pequeña


Allí donde el vigía monta la guardia,
ante el espacio verde de los prados
en los que se dibuja el camino hacia Bauschowitz,
termina el gueto.
Allí se cierra el pétreo cerco de los murallones
y se abre el camino hacia los humanos.
!Uno querría tanto estar con ellos,
y compartir su respiración, y su esperanzas!
Pero el cerco nos rodea, y el vigía
permanece erguido y silencioso sobre el puente.
Nosotros, como mendigos pobres y quebrantados,
sólo suplicamos con los ojos un poco de pan.
No tenemos dudas: de aquel mundo
nada forma parte ya de nuestra vida.
Sólo nos ceden generosamente
un campo lejano cubierto de hierbajos.
Allí estaremos a salvo, libres,
no necesitaremos hogares ni riquezas.
Y no habrá un guarda que nos cierre el paso
cuando en él, sombríos, nos den la sepultura.




Grandes Obras de
El Toro de Barro
PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

  En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz vijaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista




"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci














martes, 19 de febrero de 2013

Psª del Holocausto. "Cinco años", de Ilse Weber





(En preparación, por Carlos Morales)

Cinco años




A veces, cuando camino por la calle
Intentando escapar del bullicio del cuartel,
me encuentro de pronto con los niños, y recuerdo:
también tú tienes niños, perdidos en la lejanía.

La limpia mirada de una muchacha desconocida
dolorida y dulce reaviva mi memoria.
Cómo se parece al mío aquel niño que juega,
detengo entonces mis pasos y vuelvo la vista atrás.

Hace cinco años que se fueron, para vivir
con gentes extrañas  en un extraño país.
Nosotros seguimos aquí, despojados de nuestra dicha
seguimos aquí, arrojados al dolor, y miserables.

Cinco años ya, me cuesta concebirlo.
Su ausencia me ha rendido y pintado de blanco mis cabellos.
El niño ya será un mozuelo, y la que fue una niña
se habrá abierto como una muchacha en flor.

¿Volveré a verlos algún día?
Mi vida ya no es sino una larga espera
y, mientras tanto, acumulo tristezas y fatigas
¿Quién me compensará los años que perdí?





Grandes Obras de
El Toro de Barro
PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es

En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz vijaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista




"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci