El Toro de Barro

El Toro de Barro

martes, 1 de diciembre de 2015

«Aún así», de Blaga Dimitrova

Blaga Dimitrova
(1922 – 2003)
Aún así
Traducción de Zhivka Baltadzhieva



M
e hago una pregunta
de elevada dificultad:

 – qué pudiera cambiar
en este inconstante mundo,
cuando sin parar me cambio a mí
sin cambiar en nada?
Y mire, dicen sobre las constantes transformaciones:
Se vistió Elías con lo de todos los días...

Pero aquel día repentino,
cuando en mi ventana
cayó el álamo cercenado,
amputada columna del cielo,
y la bóveda del firmamento consigo arrastró,
sin que yo lograra, ni por un instante,
anular este crimen,
emplazar, pregonar,
estar al lado y gritar: -¡Si talas, tálame a mí!-
el árbol me sopló
una idea:

-¡Mientras todavía respiramos,
cambiemos este aire!

Solos, sin ayuda
y sin órdenes, sin parcartas ni cartel.
Por lo menos por aquí, al lado, a un paso,
a ramita, ala, brote,
en la sombra propia de uno,
en el espacio de la sonrisa,
a quemarropa contra el viento,
a voces, a susurro, a silencio,
a arrebato, a impulso,
a fresco y a verde, a altura,
a un tan sólo aliento...

Parece improbable:
respirar hedores y veneno
y exhalar oxígeno.
Aún así el árbol
lo practica.


         De su libro
Espacios.
 Ed. La Poesía, señor hidalgo, 2006.



     
Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo" Col. La piedra que habla Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed. Tarancón de Cuenca, 2011. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo"
Col. La piedra que habla
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2011.
PVP: 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 




















sábado, 7 de noviembre de 2015

«Poeta», de José Ángel Leyva


José Ángel Leyva
(México, 1958)
                                                 
Nagual 10:
Poeta
       


Al final uno se convierte en lo que escribe
o no con mano propia
Quién habrá de creer en tu nagual
si no olfatea el temblor de la imagen aterida
muerta de miedo ante los ojos que la observan
Chorro de sombras sin control
en busca de lo nuevo
La desmemoria pone al corazón en una trampa
No volamos ni anduvimos con las branquias puestas
En el papel desierto
uno recuerda la forma de cazar la liebre
de hacer sandalias con piel de los reptiles
de mudar por dentro antes del alba
Levantas la tapa y ves tu propia muerte
Bulle el gusanero de letras debajo de un título y de
otro
Parecen luces de neón cubiertas de ceniza
Tu máscara y tu nombre ocupan el lugar
de esa persona que no llegaste a ser
Un día cualquiera la ahogaste con la almohada
Algo de ti quedó en su testamento
Acabas de nacer
Alguien te lee



De su libro Agujas



Grandes Obras de 
EToro de Barro
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo" Col. La piedra que habla Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed. Tarancón de Cuenca, 2011. edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Juan Ramón Mansilla, "Una habitación en rojo"
Col. La piedra que habla
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2011.
PVP: 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
  




























«El esperma del cielo» de Carlos Morales

Poema: La espuma del cielo, de Carlos Morales; Libr. de Referencia: Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.

Carlos Morales
(España, 1959)
El esperma del cielo


(Inédito, 9 de abril de 1998)




En la naturaleza todo está de pie.
 Y cada uno piensa que los otros son el suelo.
 Para sentirse vivo hay que pisar una desolación,
 algo que ya no tiene nada que decir.”
Fabio Morábito.

A Marco Antonio Gonzales 






S
é de un perro que me mira, silencioso e inmóvil,
en esa hora imprecisa de las apariciones.
Tiene el perro eso que los perros tienen
cuando en la noche descienden –saciados– de los cerros
y en los dientes les cuelgan unas alas perdidas
entre blancas y rojas, como un mechón de sangre.
Ahí está ahora, anudado y conciso a la que fue mi cama.
Ahí estoy yo, atrapado en sus ojos que la noche enrojece.
A mi lado respira, en la boca me cose su caliente vaho
y en la nuca la oscura espuma del cielo.


Nadie sabe lo que en lo oscuro pasa
cuando al perro los ojos se le encienden
y abandona mansísimo la colcha de su amo

para hundirse radiante en los pozos del atardecer,
oculto en el temblor de las campanas.
Cuando las sombras pastan sobre el mundo,

yo entorno las áridas ventanas de la casa
y en la rendija veo al perro perderse monte arriba
entre las ojos abiertos de las rosas.  

Y si al tejado subo un poco en pos de mí
izando lo contemplo su cuerpo contra el aire
hasta atrapar las nubes con sus uñas
y al pájaro infelice que ayer mismo cantaba.
Yo le espero entonces acodado en el muro
de mi corazón, y con el lomo herido
y asustado el perro se me acerca
y su pezuña escarba en lo que fue mi pecho
y sus ojos turbados me miran así,

como si yo estuviera,
como si yo no fuera el hombre del retrato.

Oh, nadie sabe en verdad lo que en las noches cunde

cuando el perro cesa su alegre cacería
y en la mano me deja un pájaro dormido,
en mi boca sellada el rojo esperma del cielo...




Otros poemas inéditos de Carlos Morales

«Josué»     *     «El viento del desierto»
«El perro»      *     «Cerezos» 


Grandes Obras de 
El Toro de Barro 
Carlos Morales, "Salmo”, Col. «Cuadernos del Mediterráneo», Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca, 2005.
Carlos Morales, "Salmo
Col. «Cuadernos del Mediterráneo»
Ed. El Toro de Barro,
Tarancón de Cuenca, 2005.

 

























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