El Toro de Barro

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martes, 25 de febrero de 2014

La mujer de lot, Amalia Bautista

 


La mujer de Lot




Nadie nos ha aclarado todavía
si la mujer de Lot fue convertida
en estatua de sal como castigo
a la curiosidad irrefrenable
y a la desobediencia solamente,
o si se dio la vuelta porque en medio
de todo aquel incendio pavoroso
ardía el corazón que más amaba.






Amalia Bautista






Grandes Obras de 
El Toro de Barro

PVP: 8 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es


Yo, que he sobrevivido a cien lanzas
y he hecho temblar el vientre
del desierto con uno solo de mis carros,
perdí ante tus ojos mi última batalla.
Ser cobarde en amor equivale a estar muerto.







Otros poemas de
 


"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci
El Buscador de Joyas
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

2 comentarios:

jordim dijo...

Buena pinta, buenos versos.

Administrador dijo...

Estas son las cosas que se le ocurren a Carlos. Un inventario de versos, desde distintas voces, que se juntan para decir lo mismo. Sin saberlo ni adivinarlo. Siempre me ha llamado la atención esa advertencia que sabe de antemano que ocurrirá lo descrito. ¿Por qué Yahveh habría de prohibirle a Lot que mirara hacia atrás? ¡Y por qué de hacerlo vendría semejante castigo? ¿No era suficiente tener que dejar la tierra que había habitado con Lot y sus hijas? ¿No merecía acaso ese lugar en vías de destrozo una última mirada de perplejidad o de amor?

Pero lo que importa no es eso. Es lo que estas tres maravillosas poetas establecen como razón para girar y contravenir la orden divina, a pesar del castigo. Todo menos curiosidad, aunque esa hubiese sido la tentación. Con Amalia digo que dio la vuelta porque en medio de todo aquel incendio pavoroso, ardía el corazón que más amaba.

Wislawa desgrana otras razones, con una honda seriedad que entrelaza a un fino humor. Dice: mire hacia atrás por soledad / por la vergüenza de huir a escondidas / por las ganas de gritar / de regresar / o porque justo entonces se soltó el viento / desató mi pelo y me levantó el vestido. ¿Cayó, tropezó, tal vez el hmaster, la piedra o la huida? Y al final dice Wislawa: es posible que haya tenido los ojos abiertos / que haya caído mirando hacia la ciudad.

Pero Ana Ajmatova tal vez es quien sintetiza mejor el sentido de esa mujer cuyo nombre ni siquiera se recuerda: Irit o Edith. ¿Quién penará por esta mujer? ¿No le resulta / de sobra insignificante a nuestra incumbencia? / Incluso así, nunca la negaré en mi corazón.

Algo o mucho de esa sal nos incumbe. Algo de esa historia nos retrata. Algo de esa rebeldía, de ese apego a lo que queda atrás, tiene que ver con nosotros, aunque el paso gire hacia adelante, convertido en polvo salobre.