El Toro de Barro

El Toro de Barro

martes, 23 de octubre de 2012

"Lecciones de Kamasutra", de Mahmud Darwish






Lecciones del kamasutra





Con la copa engastada de lapislázuli
la espero,
junto al estanque, el agua de colonia y la tarde
la espero,
con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña
la espero,
con la elegancia del príncipe refinado y bello
la espero,
con siete almohadas rellenas de nubes ligeras
la espero,
con el fuego del penetrante incienso femenino
la espero,
con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos
la espero.
No te impacientes. Si llega tarde
espérala
y si llega antes de tiempo
espérala,
y no asustes al pájaro posado en sus trenzas.
Espérala,
para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración.
Espérala
para que respire este aire extraño en su corazón.
Espérala
para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube.
Espérala
y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche.
Espérala
y ofrécele el agua antes que el vino, no
mires el par de perdices dormidas en su pecho.
Espérala
y roza suavemente su mano cuando
poses la copa en el mármol,
como si le quitaras el peso del rocío.
Espérala
y habla con ella como la flauta
con la temerosa cuerda del violín,
como si fuérais dos testigos de lo que os reserva el mañana.
Espérala
y pule su noche anillo a anillo.
Espérala
hasta que la noche te diga:
no quedáis más que vosotros dos en el mundo.
Entonces llévala con dulzura a tu muerte deseada
y espérala...




Poemas extraído de
El lecho de una extraña (1999)


 

"El último tren se ha parado"

Quién soy sin exilio

Una nube en Sodoma



Shamer Khair, enCarlos Morales COEXISTENCIA, Antología de la poesía isralí -árabe y hebrea- contemporánea.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Libro recomendado 
Cuando tocó mi mano con sus dedos,
cuando mordió mi mano
y dejó sus labios caer sobre mi boca
como una manzana, había nubes
cabalgando encima de la tierra,
y el fuego de su alma se agitaba
como el relámpago de una tormenta de verano.
No era un espejismo, no: la tierra era
un mar sediento y encrespado,
y cuando la abrazó la lluvia, mi corazón

se llenó de guitarras, y se atrevió a cantar.
 
Shamer Khair













3 comentarios:

Titina Blanco Otero dijo...

Hermoso, insinuante, subliminal... el amor de a dos! Comparto con tu permiso!

Mery Sananes dijo...

Las estadístcas determinan las preferencias, pero estos maravillosos de poemas de amor que has juntado, Carlos, en tus alucinantes alacenas de palabras, son tan maravillosos, sorprendentes, que los guindaría todos en un mismo lienzo para que nos recordaran cómo el amor alcanza cualquier hondura, el timbre de notas aún inéditas, los rumores de todas las aguas, y en particular cómo ese sentimiento evidencia la más alta esencia de la que estamos hechos. Un verdadero deleite, inagotable por demás.

Carlos Morales dijo...

as veces tanta ternura en un canto de amor. Pocas veces mayor predisposición a la humilde aceptación y conocimiento del otro. Leyendo poemas de autores árabes como éste, me pregunto que tiene dentro esa civilización que hace a sus gentes capaces de dar a luz semejantes maravillas que tienen como centro a la mujer y, casi al mismo tiempo, permanecer incólumes ante abominaciones semejantes como la ablación o las lapidaciones...no lo puedo entender. Me es imposible.