El Toro de Barro

El Toro de Barro

domingo, 2 de marzo de 2014

«Silencio», de Ernesto Lumbreras



Ernesto Lumbreras
(1966)


Silencio


(el furor)


 Pasé la noche sin decirte nada.
 Bueno, te dije: niebla en el jardín,
 queriéndote decir: aquí las nubes
 pesan mucho, mejor pedir un toro
 en un campo de trébol. 
                                                           Sí, mejor
             prender fuego a tu casa cuando vuelvo
                           de la resurrección o del otoño.




(campo de trébol)


Un dolor incandescente cae en tu arroyo zarco. La herida es también un pensamiento. Duele así tu escritura: sol sobre la hierba donde una flor asoma. Quien se mira en tu sangre es el otoño. Yo deseo la luz muerta de una herradura bajo el agua.




(el misterio)


Yo no tenía palabras que ofrecerte.
Tenía sí, un jarrón chino con rosas,
la alegría de un bosque sin senderos,
mucho sol en los ojos y un deseo
como de pisar lumbre.
Me pesaba
                     tu hablar sin santo, sórdido, con pájaros
                     saqueando un granero de cebada,
                     día y noche, hasta su última semilla.
                     Me faltaban vocales para verte
                     correr tras el invierno.



De su libro
El encaminador de almas
(1999)


Grandes Obras de 
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”
Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
Tarancón de Cuenca, 2002.
PVP 10 euros.
Carlos Morales, "Coexistencia (Antología de poesía israelí –árabe y hebrea– contemporánea”, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales ed.
























 

2 comentarios:

Contracorriente dijo...

Gracias Carlos, aunque ande atrasado en mis participaciones. Voz decantada la de Lumbreras. Sus versos huelen a naturaleza...
LA

(luis.contreras.loynaz@gmail.com)

Myriam dijo...

Me ha gustado mucho, es un bello lenguaje poético, un poco entreverado, cae como cascada, como velo que oculta algún misterio.