El Toro de Barro

El Toro de Barro

viernes, 26 de octubre de 2012

"El viejo", de Carlos Morales


 El viejo


A Ángel Crespo



Cuando las cosas se van, cuando las cosas
recogen sus cosas del armario,
y dicen que se van,
y por última vez en la puerta se vuelven,
y sus ojos te dejan -llamándote- en los ojos,
y tú no les contestas
porque hay lluvia en el pecho,
porque una voz te llama
pasando su lengua por tu mano,
y ese viento
con su rabo feliz ahuyentando la vida,
y esa luz de pronto, esa luz airada
golpeando de pronto
la ventana con sus dientes -llamándote-,
luz que entra
y al llegar a la cama se detiene
y te observa en medio de lo oscuro
como águila al conejo que asustado bajo una zarza llora.
Es inútil levantar la mano. La mano no se mueve.
Inútil es también abrir la boca.
La boca no puede cantar, la boca no sabe cantar
cuando las cosas te miran
y no te reconocen y dicen que se van,
que nada queda ya que las retenga en la casa,
nada de todo cuanto hubo, nada que no sea
ese viejo austero y recostado como un bronce
que mirando al Sur bajo la salicaria duerme,
y en cuyos ojos fríos los pájaros vienen a morir,
y no lo saben.




 De
Valdepeñas, 2000






Grandes Obras de
El Toro de Barro
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín", Col. Cuadernos del Mediterráneo, El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000
Carlos Morales, "Un rostro en el jardín"
Col. Cuadernos del Mediterráneo.
Ed. El Toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2000.
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
 




















 

5 comentarios:

Myriam dijo...

Es una perfecta descripción de aquello que nos aguarda al final, ser tumba de aquello que morirá con nosotros, porque es lo único que se niega a dejarnos.

Lucía Angélica Folino dijo...

Es uno de los poemas más bellos que he leído.

Antonio Tello dijo...

Ah, este es un poema soberbio, tan lleno de fuerza agónica gracias a ese original cambio de perspectiva que hace que no sea el viejo quien se despide sino el mundo y las cosas del mundo que ya no tendrán sentido sin él. Impresionante, don Carlos.

Carmen Calvo dijo...


-ese viejo austero y recostado como un bronce
que mirando al Sur bajo la salicaria duerme,
y en cuyos ojos fríos los pájaros vienen a morir,
y no lo saben-

Y morirán todas las cosas que siempre o nunca le pertenecieron.
Despojarnos de todo antes de morir, ese es el secreto, el desapego a lo material y humano debiera ser una asignatura obligatoria en la vida, no sufriríamos tanto, estoy segura.

Me alegra haber pasado y conocer/te. Un abrazo

Mónica Mera dijo...

Este poema Carlos, es implacable. Pone a uno en frente de las cosas que deja tantas veces en la vida, cuando uno se queda mudo despidiendo las cosas de la casa sin poder sludar. Lo describes maravillosamente, a esa luvia del pecho, a ese vacío terrible que produce. Muy bien escrito, con mucha maestría en cada construcción. Una verdadera Joya.