El Toro de Barro

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jueves, 20 de septiembre de 2012

"El libro", de Carlos de la Rica






El libro






A veces sé de un libro que no lo dice todo
Pues hay palabras que malógranse luego.
Una página miniada tiene el libro 
por los pacientes dedos como enanos
y otra muy tersa para sepulcro del viento.

Entre su público de líneas hispnotizadas corren
bicicletas, bicicletas sin farolillo rojo
y ente las hojas vense una carrera de cinta
y aristas de los pensamientos vense deletreándose.

Pululan las aes por la cómoda del libro
y se les saca multa al cruzar las calles.
Al pasar de las hojas la marea destílase
y hay que soñar un poco descabezando un sueño.

Reposa el libro –tímido y dulzón- en estriado estante.
Y yo le hablo como a un pez de agua capturado,
con el tridente puesto en las axilas:
 "Espera un poco que se encienda el semáforo",
y el libro asiente con los humos rotos (*)






*.- Publicado en la revista Doña Endrina, 5, 1953. También en La Casa (1960)
 
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© Fundación Carlos de la Rica.
En caso de reproducción, rogamos se cite la autoría.

 

























 

1 comentario:

Myriam dijo...

Un libro nunca termina de decirlo todo, quizás esa sea la verdadera razón de ser de las bibliotecas. Es por eso que luego de leerlo, lo guardamos para tener la posibilidad de volverlo a leer o a hojear y siempre nos estará diciendo algo nuevo, jamás enmudece, jamás está terminado, siempre está en vía, en complicidad con cada lector. Es su riqueza y su "eternidad". Cuando no estemos, nos sobrevivirán los libros.