El Toro de Barro

El Toro de Barro

martes, 24 de julio de 2012

"El abismo", Shamer Khair,







El abismo
(Traducción de  Carlos Morales y Javier Semprún)



Me agarré a él, por accidente, hace treinta años,
pero aún no nos hemos conocido.
Largo tiempo había pasado antes de que consiguiera liberarse
del denso manto de sus sueños,
sucio manto ya de tanto arrastrar
sus flecos por el camino.
Un día lo arrojó y caminó desnudo
hasta que el sol gravó en su piel mil cicatrices.
No podía creer que pudiera salvarse de la roca
ni del vaivén de esa enorme aleta que tanto anheló.
No quería hacer nada que ya hubiera hecho antes.
Sólo tenía que controlar su miedo,
dejar su cuerpo caer, como una manzana...
Cuando, asustado, quiso agarrarse al pegajoso borde
del abismo, se vio caer abajo y más abajo
hasta desaparecer
enterrado en una fosa del tamaño de su cuerpo.


Nadie regresó jamás del fondo del abismo.
Todos caen sin remedio en el abismo.
No es aconsejable quedarse colgado en el vacío,
como un agujero en la negra camisa del cielo.
En el abismo no hay tiempo para meditar
sobre el significado de la caída,
tan larga que no deja otra elección.
En el abismo el placer es sólo para aquellos
que se arrojan y no miran al fondo.
Un día decidí que usaría un paracaídas
pero no pude soportar la idea de abandonar a mis compañeros
en tiempos tan difíciles, sin una causa clara.
Tuve que rasgarlo, y abrazar una enorme roca y trepar
de nuevo hacia lo alto, allí donde ellos me esperaban.
Hoy en día disfruto tanto de esta costumbre
que, en el centro del abismo, ya no siento nada.









Del libro 
Coexistence 
El Toro de Barro
Tarancón de Cuenca 2002





"La Tormenta"__*__"Tarde o temprano"__*__"Pobre Laila"

"El abismo"__*__"El fuego de la tribu"__*__"Algún día"










Shamer Khair, enCarlos Morales COEXISTENCIA, Antología de la poesía isralí -árabe y hebrea- contemporánea.

2ª Edición.
PVP 10 euros
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
Libro recomendado

Cuando tocó mi mano con sus dedos,
cuando mordió mi mano
y dejó sus labios caer sobre mi boca
como una manzana, había nubes
cabalgando encima de la tierra,
y el fuego de su alma se agitaba
como el relámpago de una tormenta de verano.
No era un espejismo, no: la tierra era
un mar sediento y encrespado,
y cuando la abrazó la lluvia, mi corazón

se llenó de guitarras, y se atrevió a cantar.


Shamer Khair
































3 comentarios:

quantum dijo...

Caminar por el abismo, que para mí es ese exceso en el que perderse o salvarse.
Carlos, un privilegio conocerte. Voy, vengo leyendo dentro de cada una de tus casas.

azpeitia dijo...

Una grata sorpresa conocer un poeta de tu nivel...Magnífica tu poesía me ha gustado mucho...un abrazo desde Zuhaitz-Ondoan de azpeitia

Myriam dijo...

Cuánta profundidad en estos versos. Ha aprendido a pender de las fuerzas de sus manos y salir arriba, cuantas veces sea necesario, como algo que se debe a sí mismo y como algo que le debe a los demás. No estamos solos en esta trama que es la vida.