El Toro de Barro

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miércoles, 23 de febrero de 2011

(1976) "Ahogada Sirena, La" de Eugenia León: poemas escritos por su autora cuando tenía diez años



Turner



(1976)

Poemas escritos cuando la autora tenía 10 años de edad




VENECIA

Venecia es una ciudad rodeada de sirenas por todas partes.
Y de tristeza, soledad y charcos.



PALABRAS

Hay palabras que se encierran en un almario.
De tiempo en tiempo vamos a verlas.
Y cuando queremos decirlas, se han secado.



ESPEJO

El espejo me quiere imitar,
y como no lo consigue se vuelve de espaldas.



TAPIZ CON UN LORO

Cuando me olvide del tapiz, se irá el loro volando.



CHIMENEA

En la chimenea hay fuego,
pero un ciego sólo ve su tristeza.



TIEMPO

Un minuto es demasiado esfuerzo para alguien.



ALICATES

Dame unos alicates para reparar el olvido
y un pájaro para que sepa cómo es el sabor de la tarde.



JARRO DE CRISTAL

Cojo el jarro de cristal, miro dentro
y sólo veo mis dos manos que se juntan.



GATO

Me pongo a pensar en un gato
y sólo se me ocurre lo que un gato pensará de mí.




A CAMBIO

Enseño a un niño a hablar
y él me enseña a escuchar.
Yo gano en el trato.




TERRAZA

Me asomo a la terraza
y viene a acariciarme el invierno en los brazos.



MI MUÑECA

Mi muñeca tiene el traje
del recuerdo de mi niñez.




SIÉNTATE

Siéntate en mis rodillas [¿Siéntate a mis rodillas?]
y cuéntame aquello de que los ángeles no se podían posar porque llovía.



CABALLO GRIEGO

Descalzo y sin riendas
derrama como crines
un ramo de crisantemos.



MERCADO
                                               Vicente Aleixandre

Pero no es fácil reconocer el precio
cuando comercio con tu manera de imaginar las cosas.






De su libro 
Ahogada sirena, La
El Toro de Barro, 2001

Los poemas que escribió a los nueve años

Los poemas que escribió a los diez años

Los poemas que escribió entre los once y los doce años.

 



Eugenia León, "Ahogada Sirena, La," Ediciones El toro de Barro, Tarancón de Cuenca 2001
PVP 8 Euros
Pedidos a: edicioneseltorodebarro@yahoo.es



_________________________
©  Del prólgo,




 
 
 
 
 
 

















13 comentarios:

Myriam dijo...

Sorprendente refulgencia de una niña iluminada. Sus versos tienen la brillantez, la sabiduría y la sensibilidad de los ojos que, en medio de la inocencia, se elevan como aquellos ángeles que no quieren mojarse.

Mercedes Ridocci dijo...

El talento se dibuja en esta por entonces joven poeta.

Carlos Morales dijo...

Talento, y también genialidad, la genialidad que perdemos cuando, con el crecimiento, nuestras gafas de mirar se van nublando y perdemos esa otra perspectiva de las cosas que sólo da la niñez, tan ajena casi siempre a los principios con que los mayores solemos mirar para solo ver lo que queremos....

Mercedes Ridocci dijo...

Pienso que esa genialidad de la que hablas, si está, no se pierde tan facilmente, es intrínseca a la persona.

El Toro de Barro dijo...

El talento le venía, en buena medida, de sus antecedentes familiares -de los que hablará cuando deje el manojillo final de poemas de esta niña deslumbrante-, que, además, conformaron en torno suyo un muro protector de sensibilidad andaluza, elevadísima cultura y humana elegancia. Pero, ni los antecedentes ni su entorno familiar explican esa forma genuina de mirar las cosas, ni ese desinhibido desparpajo con que escribía lo que veía. En cierto modo, cuando los herederos del postismo español reivindicaban la imaginación como fuente de emociones literarias, lo que buscaban era volver a mirar "desde la niñez", y esa fue la razón por la que estudiaban con tanto interés la poesía de los niños. Pero esta claro, Mercedes, que esa capacidad es absolutamente limitada y que, por desgracia, esa potestad creadora que caracteriza a los niños se nos va diluyendo en la vida que pasa, salvo contadas excepciones. Y, al final, ese poder que tuvimos lo procuramos reverdecer mediante el trabajo o la constancia. Eso en el caso de la literatura, y me imagino que también en el de la danza. No dudo que en el modo que tú tienes de afrontar el movimiento y de darle plasticidad y capacidad evocadora está presente -y mucho- la inspiración inmediata, la nacida del instito; pero, observando tu trabajo, tengo para mí -y no sé si me equivoco- que nada en los gestos que imprimes a tu cuerpo cuando danzas está dejado completamente al azar, y que hay muchísimo trabajo detrás de lo que haces. También es cierto que, con la madurez, vamos ganando libertad expresiva en la medida en que alcanzamos un mayor dominio de lo "innecesario, que es el lenguaje" con el que trabajamos, tal y como decía el poeta Manuel San Martín, pero eso ya no es lo mismo que la libertad expresiva de un espíritu niño, que no ha sido amasado todavía por las normas sociales, ni aplastado por sus convenciones.

Verónica Pedemonte dijo...

Los leí en otra ocasión. Encuentro muy natural que una niña sensible e inteligente, hija de dos poetas reconocidos tenga esta visión del mundo. Son preciosos sus versos.

Myriam Iturra dijo...

Es mucho más madura que cualquier niño de su edad, pero los genes, la formación y su entorno, lo hacen todo. Tiene razón Verónica

Félix Trull dijo...

Lo que alivia pensar es que, para desarrollar un talento poético precoz (caso de Eugenia), no fue preciso someterla a ningún tipo de violencia educativa, como sí ocurre en cualquier otra arte o destreza deportiva.

María López Greciano dijo...

Estoy completamente de acuerdo contigo Carlos. Esta niña es un prodigio de sensibilidad e imaginación, que pienso es patrimonio de la mayoría de los niños...es su forma de contemplar el mundo que aparece deslumbrante ante unos ojos sin contaminar. Pero el modelo exige que el niño vaya renunciando a las grandes posibilidades con las que nace, y lo va haciendo para ser aceptado. Después y, como apuntas, quizás algo de todo aquello asome en las tendencias de cada uno, pero ya sin la brillantez original. Es necesario un gran cambio a nivel individual, que redundará en todos los aspectos sociales.

Myriam Iturra dijo...

Tienes razón Carlos, la infancia es potencia, está cargada de posibilidades y a veces somos culpables de sofocarlas antes de que emergan en todo su esplendor.

Mercedes Ridocci dijo...

Evidentemente el ambiente favorece el desarrollo del talento o de la genialidad, pero como muy bien dice Carlos Morales del Coso, “su entorno familiar no explicaba totalmente esa genuina manera de mirar las cosas”. No dudo que en ello contribuiría la imaginación innata en los niños (es gracias a ella que el niño resuelve y madura), pero también es cierto que la imaginación no se pierde con la edad, sencillamente se transforma y evoluciona.
Debido a mi labor educativa (no solo con adultos) he leído a Vigotsky (psicólogo ruso de origen judío, un gran estudioso de la psicología del desarrollo) Os dejo este enlace por si os interesa su teoría sobre la imaginación
http://www.vigotsky.org/la_imaginacion_y_el_arte_en_la_infancia_capitulo4.asp
Con todos mis respetos pienso que un adulto nunca podrá volver a mirar desde la niñez, otra cosa bien diferente es que esa mirada le sirva de inspiración, pero siempre desde la elaboración psíquica del adulto.
En cuanto a lo que dices de mi actividad no te equivocas al decir que hay mucha técnica detrás, y eso es precisamente lo que me permite tener recursos para liberar el gesto. “El gesto hecho al azar no es el más espontáneo. Liberemos el gesto para hallar la espontaneidad primera”, decía Sonia Sanoja.
Y por último, no necesariamente la expresión infantil es la única libre y auténtica; si a ese niño no se le reprime y se le permite encauzar su creatividad, no dudo de que se refinará aún más en la vida adulta. (Tu mismo dices que ganamos libertad expresiva)

Anabel Albert dijo...

"Me pongo a pensar en un gato
y sólo se me ocurre lo que un gato pensará de mí."
Eugenia León
La profundidad de pensamiento y el modo en que plasma su sensibilidad a través de los versos que escribió, provienen de la pureza de un alma de niña que conjuga su inocencia y sabiduría con absoluta belleza. Increíble tanta espontánea creatividad.

Dante Bertini dijo...

También Aitana Alberti escribió de niña poemas asombrosos.
Siempre me pregunté si no habría alguna ayuda exterior inconsciente, no por las ideas sino por la calidad de la construcción.